El Montañés que Me Sigue (Los Hombres de la Montaña de Linesworth nº 7) Capítulo 9
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Capítulo 9

CAPÍTULO NUEVE

Benji

Vuelvo a casa en bici, furioso. Con Tillie por haberme echado y conmigo mismo por haberle gritado.

No se cree mis intenciones y me odio porque eso es culpa mía. Quizá he llevado ese juego de insinuaciones en Chatter demasiado lejos. Qué demonios, sé que lo he hecho si eso significa que he herido a Matilda.

Y cuando he dicho que la quería, lo decía de verdad. Lo sigo diciendo en serio.

Solo necesito que entienda que no soy un farsante.

Cuando llego a mi cabaña, suspiro con alivio al ver que el aire humeante del dichoso fuego de la cocina se ha disipado. Me ducho rápido y luego le escribo a Wyatt para preguntarle si está libre.

Conduzco mi camioneta hasta el gimnasio de CrossFit del que es dueño y me obliga a unirme a él en un entrenamiento agotador. Hago las planchas y las sentadillas, las dichosas cuerdas y el peso muerto, y para cuando terminamos, estoy reventado.

—¿Y bien? ¿Quieres contarme por qué necesitabas soltar adrenalina de esa puta manera? —pregunta Wyatt mientras cogemos unas toallas después del entrenamiento.

—Es Matilda. Me he enamorado de ella, joder. Hasta las trancas. Y cree que solo le estoy vendiendo humo.

—¿Es así? —pregunta él.

Niego con la cabeza. —¿Quieres saber la verdad? Hace años que no estoy con nadie. Puede que en Chatter proyecte ese rollo de mujeriego, pero ¿cuándo fue la última vez que me viste salir con alguien?

Wyatt frunce el ceño. —Joder, ¿en serio? Siempre pensé que venías solo porque no querías darle a ninguna chica la impresión de que ibas en serio. Nunca se me ocurrió que pudiera ser porque no estabas saliendo con nadie en absoluto.

—No lo he hecho. No desde que llegué a Linesworth.

—¿Así que todo es puro teatro?

Me encojo de hombros. —Una estúpida técnica de marketing.

Wyatt se ríe. —Y aun así, funciona.

—¿Y le has contado todo esto a Tillie? —pregunta Wyatt.

En ese momento, su prometida, Windsor, se acerca y nos entrega a cada uno un zumo verde recién preparado de su bar de batidos. —¿Por qué estáis hablando de Tillie? —pregunta, mirándome con los ojos entrecerrados.

Wyatt la atrae hacia él. —Cree que la quiere.

—¿La quieres? —pregunta ella—. Porque llevo toda la mañana mensajeándome con ella y, según dice, no eres más que un mujeriego que la ve como otra conquista más.

—Eso no es verdad.

—Bueno, vas a tener que demostrárselo.

—Cuéntale la verdad, que en realidad no te estás acostando con medio mundo —dice Wyatt.

—Claro, lo haré, pero necesito hacer algo más grande para demostrarle que ella es la única para mí.

A Windsor se le iluminan los ojos. —Quizá podrías decirles a tus seguidores de Chatter que vayan a comprarle un café. Para darle algo de negocio.

Asiento lentamente. —No es mala idea. Pero creo que se me ocurre algo mejor.

Decido cerrar mi food truck y llevarlo al taller.

Le pregunto al mecánico si puede rehacer la instalación eléctrica para que funcione un equipo nuevo.

Luego hago un pedido grande por internet, comprando todo el equipo que necesito.

Después de eso, llamo a un antiguo amigo de la universidad y le pido que me haga unos trabajos de diseño.

Envío mensajes a lo largo del día a mis seguidores, mencionando que hay una gran sorpresa en camino. Tentándolos con 280 caracteres o menos.

Aparte de ocuparme de mi food truck, tomo una decisión audaz y le pregunto a Wyatt si puedo volver a dormir en su sofá.

—A Windsor no le va a hacer mucha gracia —dice él, pero cuando le explico el motivo por el que necesito estar fuera de mi cabaña, accede—. Tienes que luchar por lo que quieres.

Tras contratar a una decoradora de interiores, le explico exactamente cómo tiene que quedar mi casa, hasta el más mínimo detalle. Qué demonios, hasta me abro una cuenta en Pinterest para poder enseñarle el tipo de cosas que tienen que ir en mi casa.

Al principio, la diseñadora se queda confundida con mi petición, teniendo en cuenta que soy un hombre corpulento, pero no me discute. Al fin y al cabo, soy yo quien suelta la pasta.

Al final de la semana, veo que me llega un mensaje directo de Tillie y, por un momento, espero que me pregunte qué estoy tramando. Pero en lugar de eso, es solo una notificación de Chatter avisándome de que ha dejado de seguirme.

Es un golpe bajo, desde luego. Pero para cuando pasa otra semana, estoy listo para dejarle bien claro a Tillie que no soy solo palabras; puedo demostrar que apuesto por esta relación.

Ella dice que tiene que poner orden en su vida antes de poder lidiar conmigo.

Bien. Entonces voy a ayudarla con eso. No más excusas.

La llamo y le pregunto si puede quedar conmigo en mi cabaña. —Sé que has dejado de seguirme, pero ¿puedes venir a mi casa? Necesito hablar.

—¿Por qué? Ya te lo dije, no voy a salir con un mujeriego.

—Mejor. Porque no soy un mujeriego y no quiero salir contigo.

—¿Estás intentando herir mis sentimientos? —pregunta ella.

Suelto un gruñido, dándome cuenta de que mis palabras han sonado mal. —No quiero salir contigo... quiero estar contigo.

—Igual que con todas las demás mujeres del pueblo.

—Por favor, ven.

—Vale, pero me llevo a Kensie y a Windsor.

—Bien, deberías hacerlo.

—¿Ah, sí? —suena sorprendida.

—Sí, quiero decir, ya he invitado a Kodiak, a Wyatt y a tus padres.

Ella resopla. —¿De qué estás hablando?

—Solo ven a mi cabaña esta tarde, Matilda. Déjame mostrarte qué clase de hombre soy.

Cuelgo y miro a mi alrededor, a mi propiedad. Esperando de todo corazón no haber cometido un error garrafal.