El monstruo y su última presa Capítulo 34
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Capítulo 34

P lac. Plac. Plac. Bip. Bip. Bip.

¿Qué era ese sonido? Reyna aspiró con dificultad, pero el aire le hizo estallar la cabeza. Todo le dolía.

Dejó caer la cabeza sobre una almohada. Lentamente, obligó a sus ojos a abrirse. Sentía como si hubieran pasado apenas unos segundos desde la última vez que despertó en un lugar desconocido, pero estaba segura de que nunca había estado aquí. Cualquiera que fuese este lugar.

Era una habitación blanca que le recordaba al hospital de Visage en el que había entrado al principio de esta pesadilla. La ansiedad aceleró su pulso y el pitido incrementó el ritmo. Se sentía como un hospital: el bip era su corazón y el plac …

Volteó a un costado y se dio cuenta de que tenía una vía intravenosa conectada al brazo.

Al menos se lo habían puesto mientras dormía.

Sintió arcadas al verla y, estremeciéndose, giró la cara.

Ni siquiera después de tantas mordidas se le había pasado el miedo a las agujas.

Se obligó a mirar la vía otra vez y trató de arrancársela, pero se dobló sobre sí misma al ver la aguja. Era demasiado.

¿Dónde estaba? ¿Quién la había traído? ¿Cuándo volvería a ver a Beckham? Tenía mil preguntas y ninguna respuesta.

El sonido de la perilla girando la sacó de sus pensamientos oscuros. La persona que entró en la habitación la sobresaltó. Jamás lo habría imaginado.

—¿Señor Harrington?

Quería sentirse tranquila en su presencia, pero recordaba bien ese destello malicioso en su mirada: el hambre de poder, la necesidad de controlarlo todo. Era un hombre con el que no se podía jugar, y ella no tenía idea de por qué había atraído su atención.

—Hola, querida.

—¿Qué estoy haciendo aquí? Por favor, déjeme ir —balbuceó.

—No lo creo. Me temo que tienes algo que me pertenece.

Estaba demasiado atónita, por lo que se limitó a responder:

—No tengo nada.

—Ambos sabemos que eso no es cierto, ¿verdad?

Cruzó la habitación con pasos calculados, con su cuerpo delgado moviéndose como si flotara, y se sentó junto a su cama.

—No tengo idea de qué habla, señor —dijo Reyna, con total sinceridad.

Harrington sonrió con malicia.

—Hicimos algunas pruebas después de que Everett reportara cierta actividad sospechosa cuando perdiste el conocimiento en su departamento.

Un joven notable, debo decir. Más tarde nos comentó que le parecía extraño que el señor Anderson jamás bebiera tu sangre, a pesar de que eran compatibles.

Y aún más extraño fue que, una vez que lo hizo, no pudiera detenerse.

Si algo define a Beckham es su autocontrol.

Reyna estaba temblando. ¿A dónde quiere llegar con esto? Ella sabía que era raro, pero nunca creyó que fuera importante.

—Y, al parecer, ya tenemos nuestra respuesta. Tu tipo de sangre se registró de forma incorrecta en el hospital.

—¿Qué? —preguntó, confundida.

—No eres O negativo. Eres algo mucho mucho más raro, mi dulce Reyna: eres Rh nulo… y eres compatible conmigo.

Continuará...