CAPÍTULO 2 — Sombras sobre el Catastro
BLOQUE 1
Adrien llamó a Gabriel esa misma mañana, apenas terminó de leer el correo de Xoán Freire por segunda vez, con la fotografía de la abertura todavía abierta en otra pestaña del navegador.
---Tenés que ver esto ---dijo, sin ningún preámbulo, apenas Gabriel atendió el teléfono desde su despacho en la universidad---.
Un guarda forestal de O Cebreiro encontró una cavidad en la ladera que no figura en ningún registro catastral, junto con un documento del siglo XVI que menciona un monasterio "que la niebla se llevó".
Media legua al poniente del hospital de peregrinos, la misma ubicación exacta.
Gabriel sintió que se le aceleraba el pulso de inmediato, la misma sensación que había aprendido a reconocer, después de dos investigaciones completas, como la señal inequívoca de que algo importante acababa de empezar.
---¿Ya verificaste lo del catastro?
---Todavía no con acceso oficial, pero hice una consulta preliminar por internet, con las herramientas públicas que cualquiera puede usar.
La parcela que coincide con esas coordenadas aparece clasificada simplemente como "monte, sin edificación", sin ningún historial de propiedad anterior registrado, lo cual ya de por sí es bastante inusual en un país donde hasta el terreno más remoto suele tener algún tipo de titularidad documentada,
aunque sea comunal.
Lucía, que había llegado al despacho de Gabriel minutos antes para revisar unos documentos pendientes del archivo de Compostela, se acercó al escuchar la conversación, reconociendo de inmediato el tono de urgencia en la voz de Adrien incluso a través del altavoz del teléfono.
---¿Vamos para allá? ---preguntó, ya calculando mentalmente cuánto tardarían en llegar desde Santiago hasta O Cebreiro, apenas un par de horas de carretera de montaña.
---Vamos ---confirmó Gabriel---. Pero antes necesitamos entender qué significa exactamente que una parcela no tenga historial de propiedad. Eso no ocurre por accidente en un sistema catastral tan meticuloso como el español.
BLOQUE 2
Consultaron a un antiguo compañero de estudios de Adrien que trabajaba desde hacía años en el Registro de la Propiedad de Lugo, un hombre llamado Xesús Pardo que accedió a recibirlos esa misma tarde, intrigado por una consulta que, según admitió apenas se sentaron en su despacho,
no encajaba con nada de lo que solía manejar en su rutina habitual.
---Lo que ustedes describen tiene un nombre técnico, aunque no es algo que se vea todos los días ---explicó Pardo, revisando en su ordenador la parcela que le habían indicado---.
Se llama "finca sin inmatricular". Existen en toda España, sobre todo en zonas rurales de montaña, terrenos que nunca llegaron a incorporarse formalmente al Registro de la Propiedad porque, en su momento, nadie reclamó su titularidad de manera oficial, o porque quien debía hacerlo,
por la razón que fuera, decidió deliberadamente no hacerlo.
---¿Es posible saber quién tuvo la oportunidad de inscribirla y no lo hizo? ---preguntó Adrien.
---En teoría, sí, revisando los archivos históricos del propio registro, que en Lugo se remontan, con lagunas importantes, hasta mediados del siglo XIX, cuando se organizó el sistema catastral moderno tal como lo conocemos hoy.
Pero antes de esa fecha, dependemos completamente de los archivos eclesiásticos y municipales, que no siempre se conservaron con el mismo rigor.
Gabriel pensó de inmediato en el documento de 1584 que Xoán había encontrado, redactado casi tres siglos antes de que existiera cualquier catastro moderno organizado.
---¿Y si la decisión de no inscribirla se tomó mucho antes de que existiera el propio catastro moderno?
---preguntó---. ¿Si alguien se aseguró, generación tras generación, de que esa parcela nunca apareciera en ningún registro posterior, precisamente para que nadie pudiera rastrear su historia hacia atrás?
Pardo se quedó pensativo un momento, con la mirada fija en la pantalla.
---Sería inusual, pero no imposible. Ocurrió en algunos casos documentados con propiedades eclesiásticas que la Iglesia prefirió mantener fuera de cualquier registro civil, precisamente para evitar reclamaciones de terceros o intervenciones del Estado en distintos momentos de la historia,
especialmente durante los procesos de desamortización del siglo XIX, cuando el Estado confiscó buena parte del patrimonio eclesiástico no protegido de otra manera.
BLOQUE 3
La explicación encajaba con una precisión que a Gabriel le provocó un escalofrío: si la Iglesia, o alguna rama específica dentro de ella, había querido proteger aquella parcela concreta de la desamortización del siglo XIX, la manera más segura de conseguirlo habría sido, precisamente,
asegurarse de que nunca apareciera en ningún registro susceptible de ser confiscado por el Estado.
---Esto no fue un descuido administrativo ---dijo Lucía, mientras salían del Registro de la Propiedad hacia el coche, ya con la tarde cayendo sobre Lugo---.
Fue una decisión deliberada, sostenida durante generaciones, para que ese terreno específico permaneciera invisible ante cualquier autoridad civil, sin importar cuántos cambios de régimen ocurrieran en el país a lo largo de los siglos.
---Lo cual significa ---añadió Adrien, ya al volante, calculando la ruta hacia O Cebreiro en el navegador del teléfono--- que quien lo hizo tenía plena conciencia de que algo importante había que proteger ahí, mucho más allá de un simple monasterio abandonado sin ningún valor especial.
Gabriel, en el asiento trasero, revisó una vez más las fotografías que Xoán les había enviado la noche anterior, deteniéndose especialmente en la imagen de los bordes trabajados a mano de la abertura, tan cuidadosamente disimulados por la vegetación durante tanto tiempo.
---Tres investigaciones seguidas ---dijo, casi para sí mismo---, y en las tres nos encontramos con la misma estructura: algo escondido con tanto cuidado, durante tanto tiempo, que la propia ocultación termina siendo casi tan reveladora como el secreto que protege.
Lucía, sentada junto a él, no respondió de inmediato, todavía procesando la conversación con el registrador. Cuando finalmente habló, su voz tenía un matiz distinto, más grave que de costumbre.
---Hay algo más que me preocupa. Si esta vez ni siquiera fueron los Custodios quienes ocultaron el lugar, sino la propia jerarquía eclesiástica actuando por su cuenta, eso significa que estamos a punto de tocar algo que ni siquiera la Hermandad decidió proteger.
Algo que la propia Iglesia oficial, en algún momento de su historia, prefirió que nadie más volviera a encontrar jamás.
El coche siguió avanzando por la carretera de montaña, dejando atrás Lugo mientras la niebla, todavía lejana pero ya visible como una línea gris difusa sobre las cumbres del horizonte, empezaba a anunciar la proximidad de O Cebreiro.