El misterio del mausoleo de Qin Shi Huang NOVENA PARTE
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NOVENA PARTE

Cristina abre los ojos, fija su mirada en un hilo de luz, muy suave, que se cuela por una pequeña abertura de la cortina de su habitación, suficiente para que su mente empiece a pensar en cómo descubrir al misterioso personaje, qué hacer para descubrir su verdadera identidad.

Es consciente de que no tienen ninguna pista sólida, quizás pueden descubrir huellas en los objetos robados, pero sabe que el número que encontrarán será muy elevado, además de que estarán deterioradas o superpuestas; todo ello, poco fiable.

Pueden intensificar los interrogatorios, pero seguro que el personaje solo trataba con el director.

Solo queda una cosa: el dinero, que iba de la mano del comprador a la del vendedor; la cantidad de huellas debe ser mínima. Con este pensamiento se levanta.

—Buenos días, ¿qué tal la noche?

—He estado pensando que, para descubrir al enigmático personaje, tendríamos que buscar sus huellas digitales en el dinero, pues en otro lugar es imposible. ¿Qué te parece, Shen?

—Podemos intentarlo, pediré a Zhi-Peng que mande al banco un equipo de especialistas.

—Nosotros iremos al museo para seguir diferenciando lo verdadero de lo falso. Nos vemos por la noche.

Cuando los especialistas de la policía hablan con Cristina y Shen, apuntan que buscar en los billetes es difícil. Generalmente están bastante contaminados, a no ser que haya algunos nuevos, pero la mejor opción está en los sobres que los contienen.

Aceptada la propuesta, los técnicos empiezan el proceso especial para papel desarrollado en la Universidad Hebrea de Jerusalén: encontrar las huellas, fotografiarlas, cotejarlas con bases de datos y descubrir, por fin, a quién pertenecen.

Después de tres días tratando billetes y sobres, la policía consigue unas imágenes nítidas de huellas digitales.

Van verificando a quién pertenece cada imagen.

En los sobres aparecen tres tipos claros.

En los billetes, incluso en los más nuevos, la cantidad de huellas es enorme: algunas nítidas, pero, en general, deterioradas o superpuestas.

Por ello, se centran en las obtenidas de los sobres que contenían dinero.

—Estas tres huellas son las más nítidas, las estamos pasando por un programa de reconocimiento con la base de datos de nuestra policía: documentos de identidad, pasaportes, ejército, hacienda… Si no obtenemos resultados, lo haremos con bases de la Interpol.

Las imágenes en la pantalla del ordenador pasan a gran velocidad.

De repente, dos imágenes quedan fijas y aparece un nombre: Li-Xon-Xoi.

Bien, ahora saben que el director tuvo contacto con esos sobres.

Pasan otra huella. Al rato se fija otra imagen y otro nombre: Yue-Lang-Ji.

Pertenece a una mujer; según su ficha social, trabaja como secretaria en una fundación, «Jie Jijin Hui», y no tiene antecedentes policiales.

Pasan la tercera imagen. Después de un tiempo se fija otra imagen y otro nombre: Tai-OuYang.

Es un personaje conocido por su mecenazgo, multimillonario, y tiene un consorcio de empresas.

Curiosamente, es el presidente de la fundación «Jie Jijin Hui».

—Tiene sentido, la secretaria prepara los pagos, por eso salen sus huellas. Vamos a ahondar en la vigilancia de este individuo; necesitamos saber dónde viven la secretaria y él.

—Tenemos su ficha policial. Está limpio, sin antecedentes.

Sus empresas van desde constructoras hasta tecnológicas.

La fundación es para mitigar el hambre en China.

Se relaciona poco socialmente, es soltero y vive en una propiedad a orillas del lago Taihu, en la ciudad de Suzhou, cerca del aeropuerto de Guangfu.

—Hay que montar un servicio de vigilancia para encontrar más evidencias. Solo las huellas en un sobre no creo que sean suficientes para detenerlo y registrar su casa; ningún juez nos firmará una orden solo con esto.

—Hablaremos con Zhi-Peng. Vamos a casa. Gracias, chicos, hacednos un informe.

Cuando llegan al piso encuentran a Charles y Li-Peng muy contentos.

—¿Qué pasa? Estáis muy contentos. ¿Habéis terminado la revisión de todo el material sospechoso?

—Pues sí. Además, tenemos una buena noticia.

Li-Xon-Xoi, el anterior director del museo, estaremos de acuerdo en que era un ladrón, pero algo que no sabíamos es que se cubría las espaldas por si algún día lo descubrían.

En el doble fondo de la vitrina del museo, donde encontramos más obras, al sacar todo hemos encontrado, en un rincón, un maletín.

En su interior hay fotos, vídeos y documentos de todas las transacciones realizadas con el vendedor del mercadillo Min-Tao, el ruso Igor, otros dos rusos que no hemos reconocido y un chino que tampoco sabemos quién es. Está todo documentado.

—Mañana iremos al museo y nos lo enseñáis.

—No, está en el banco.

—Nosotras creemos que hemos identificado a un nuevo personaje; a lo mejor es el que sale en lo que habéis encontrado. Ahora, a cenar. Qiang, tenemos mucha hambre.

Puntualmente, a las diez de la mañana, los cuatro se reúnen en el banco junto con el jefe de policía, un comandante del ejército, el ministro y un juez.

La visión de los documentos, de las fotos y de los vídeos no deja duda alguna.

La trama estaba formada por el vendedor del mercadillo; hay imágenes de cómo construyeron el túnel, de cómo hacían las falsificaciones, de las reuniones que tenía con los compradores.

En las imágenes queda claro que la idea fue del chino que la policía identifica como Tai-OuYang, jefe de la trama. El ministro comenta:

—Sin duda, han hecho un trabajo excelente.

Casi se ha recuperado todo el material expoliado; se han descubierto todos los implicados en el complot.

Solo falta terminar con la detención del cabecilla.

Señoritas Cristina y Shen-Xo, pongo a la policía y al ejército a su disposición.

Detengan y encarcelen al responsable de todo esto. Gracias.

—Lo que no sé es cómo pudo grabar todo este material.

El jefe de policía responde.

—El director siempre vestía traje y corbata, con una pinza y, además, una aguja con un simulacro de piedra en la solapa. La pinza era la cámara de vídeo y fotos; la piedra era el micrófono. Tenemos conjuntos parecidos que usan los infiltrados.

El ministro y el juez abandonan el Banco, no sin antes insistir en hacer lo necesario para detener al responsable.

—Mañana tendrán firmadas las órdenes necesarias para los registros, las detenciones y el permiso para usar armas hasta las últimas consecuencias.

—Gracias.

Shen-Xo toma la iniciativa:

—Tenemos que pensar en un plan.

—Tendríamos que montar una vigilancia de la casa y las costumbres de Tai-OuYang.

El informático que trabaja con nosotros podría hackear las cámaras de vigilancia de la mansión y sus alrededores, como hicimos en Rusia.

Cuando tengamos suficiente información, el comandante y un equipo de fuerzas especiales tomarán la casa; seguro que habrá guardias armados.

Después entraremos la policía y nosotras para detener a Tai y registrar toda la propiedad. ¿Os parece bien?

Un avión de las fuerzas armadas transporta hasta el aeropuerto de Guangfu, de la ciudad de Suzhou, al comandante con un grupo de soldados de operaciones especiales, al jefe de policía con cinco agentes, a Cristina, a Shen-Xo y a Lu-Hang.

Todos se alojan en un cuartel del ejército, donde montan una base de operaciones y la aparatología de Lu.

Zhi-Peng y sus hombres, con coches camuflados de la policía local, montan una vigilancia de veinticuatro horas de la residencia del sospechoso.

Lu hackea todas las cámaras de vídeo, observando todas las rondas de los escoltas y el interior de la vivienda.

Lu pide el número de teléfono del sospechoso y también lo hackea; así saben en todo momento dónde está y siguen sus movimientos.

—Parece que lo tenemos todo controlado. Cuando conozcamos la rutina, actuamos. Le llamaremos operación dragón.

Tres días después de empezar la observación, tienen claro que la residencia es enorme: hay veintidós guardas, cinco personas de servicio doméstico, garaje independiente con un piso superior donde se alojan el servicio y la seguridad, piscina, casa de invitados y un embarcadero.

Toda la finca está vallada, excepto la fachada que da al lago Taihu; en la entrada al recinto hay una reja controlada por guardias armados.

El sospechoso en pocas ocasiones abandona su casa, si lo hace es para ir a un edificio del centro de Suzhou donde tiene las oficinas de sus empresas y regresar a su mansión. Va en un Rolls con dos escoltas. Incluso por su propiedad siempre va acompañado de dos seguratas.

Cuando se reúnen los implicados en la vigilancia, deciden esperar tres días más y después actuar.

Ya con toda la información deciden ejecutar la detención.

Cuando el sol ya ha desaparecido en el horizonte y la oscuridad domina el paisaje, una lancha eléctrica totalmente silenciosa surca las aguas del lago y amarra en el embarcadero.

Los comandos desembarcan. Siguiendo las indicaciones de Lu por el pinganillo, van localizando y eliminando, con sus armas con silenciador, a los guardas que encuentran, hasta llegar al lugar donde pernoctan los que no están de guardia.

Todos son eliminados. A continuación, llegan a la residencia.

Entran en silencio, eliminan a dos guardas y se dirigen al piso superior, donde localizan a Tai-OuYang.

Lo despiertan e inmediatamente le cubren la cabeza con una bolsa negra y lo inmovilizan mediante esposas en las muñecas y los tobillos.

—Operación completada, dragón capturado.

—Bien, entramos y nos hacemos cargo.

Cuando entran el jefe de policía y sus agentes, se hacen cargo del detenido, que es llevado al cuartel, donde es encarcelado preventivamente. El ejército permanece en la finca para vigilar todo el entorno.

Cristina, Shen y Zhi con dos agentes empiezan la búsqueda en los edificios.

—Hemos traído un par de detectores de metales, a lo mejor nos ayudan. Vamos a buscar.

La casa de invitados, el garaje y la residencia del personal: todo es registrado minuciosamente sin encontrar nada. Han dejado para el final la casa grande. Ya con el sol en el cielo, entran en el salón, las habitaciones y la cocina; al final, descienden al sótano, donde tampoco encuentran nada.

—Es imposible que no haya un lugar donde pueda contemplar sus obras de arte, todo coleccionista quiere esto.

—A lo mejor solo traficaba.

—No, tiene que haber una exposición en algún lugar.

Lu-Hang por el pinganillo comenta.

—Cristina, en el jardín hay un pasillo cubierto, acristalado, con plantas decorativas, ancho, con un mosaico al principio, que va de la casa principal a la casa de invitados.

Empieza en el salón principal y termina en el salón de los convidados.

Buscad, es el único espacio sin cámaras de vigilancia, pero detecto una alarma en este espacio. Te la desconecto.

—Lu dice que miremos bien en el corredor acristalado que une las dos construcciones.

La propia Cristina, Shen y el jefe de policía se colocan al principio del pasillo. Observan con atención cada metro del pasaje; nada llama su atención. Lo único destacable, por lo bonito, es el mosaico de cerámica, una especie de rosetón con dos rosas en los laterales que sobresalen del suelo.

Por curiosidad, Shen toca una de las rosas.

Se oye un ruido; los tres observan cómo una parte del pasillo se eleva y aparece una escalinata de mármol iluminada que desciende hasta una gran sala subterránea, con dispositivos de alarma con grabación de imágenes, en la que está expuesta gran cantidad de obras de arte chino.

—Encontramos el museo particular de Tai-OuYang.

—Ahora sí tenemos todas las pruebas para condenarlo.

El jefe de policía y el comandante del ejército se hacen cargo de la custodia de todo lo encontrado.

Más agentes de la policía local procesan todo el espacio: fotos, identificación de los cadáveres…

Dos agentes, junto con Shen-Xo y Cristina, regresan a Pekín y trasladan al detenido a la cárcel de la capital.

Cuando se reúnen los cuatro en el piso, celebran el resultado final de toda la investigación. Li-Peng comenta:

—Cuando hayamos revisado todo lo que habéis encontrado en la mansión, haremos una gran exposición en el Museo de los Guerreros de Terracota. Espero que vengáis como invitados muy especiales.

—Por supuesto que vendremos.

—Queda por decidir qué se hace con el túnel que llega hasta el mausoleo. Según Charles, hay que cerrarlo con explosivos para que nadie intente de nuevo acceder al monumento funerario. Vosotras, ¿qué pensáis?

—Creemos que sí. Es muy tentador; una puerta siempre habrá alguien que la quiera abrir. Cuando se retire el ejército, una voladura es lo más seguro.

—Pues mañana hablamos con el militar al frente y lo cerramos.

Al día siguiente, comunican la decisión al capitán al frente de la guarnición que custodia la entrada del túnel. Colocan cargas explosivas en todo el recorrido del túnel y proceden a la voladura.

Una gran humareda y polvo sellan definitivamente la entrada.

Charles Brunau, Li-Peng, Shen-Xo y Cristina Solé entran en el despacho del presidente de la República Popular China. El ministro de cultura los acompaña. Después de una breve presentación, son felicitados por el presidente, que les dedica unas palabras para agradecerles sus servicios.

Terminada la recepción, el ministro les comenta:

—El señor Tai-OuYang será juzgado por alta traición a su país y condenado a perpetua. Para ustedes, nuestro agradecimiento más sincero.

—Inspectora Solé, doctor Brunau, mi gobierno quiere obsequiarles con unas vacaciones para que conozcan nuestro país. La señorita Shen-Xo les hará de guía.

—Será un placer.

—Cristina, Charles, empezaremos con una cena típica en el mejor restaurante de Pekín, el Zijin Mansión.

FIN DE LA AVENTURA