Capítulo 3 · Doce invitados
Los misterios de Elena Vidal
Doce invitados
E l reloj del Caffè San Marco marcaba las once y media cuando Marco dejó la taza vacía sobre el mostrador.
—¿Qué planes tienes para esta tarde?
Elena se encogió de hombros.
—Pasear. Perderme por la ciudad. Comer bien. No hacer absolutamente nada.
Marco sonrió.
—Entonces tendrás que cambiar de planes.
Ella frunció el ceño.
—No me mires así. Es solo una invitación.
—Las últimas invitaciones que acepté no acabaron demasiado bien.
—Precisamente por eso esta te gustará.
Sacó un sobre color marfil del bolsillo de la chaquetilla.
En el reverso aparecía un sello de cera con un grano de café grabado.
Elena rompió el lacre.
La familia Valerian tiene el honor de invitarle a la presentación privada de “Miscela Aurora”, una mezcla de café elaborada a partir de una selección excepcional de cosechas históricas.
Palazzo Valerian. 19:00 horas. Invitación personal e intransferible.
—¿Valerian? —preguntó Elena.
—Llevan casi dos siglos importando café por el puerto de Trieste. Son una institución aquí.
—¿Y qué pinto yo en esa presentación?
Marco sonrió.
—El chef invitado tiene derecho a acudir con un acompañante.
Elena volvió a leer la invitación.
—Suena elegante.
—Lo es.
—¿Y aburrido?
Marco soltó una carcajada.
—Eso depende de los invitados.
Aquella tarde caminaron hasta el Palazzo Valerian.
El edificio dominaba una tranquila plaza cercana al mar.
La fachada neoclásica reflejaba la riqueza de una época en la que Trieste era la puerta de entrada del café para media Europa.
Dos empleados uniformados recibían a los asistentes.
Solo doce invitados.
Ni uno más.
Marco saludó a varios conocidos mientras Elena observaba discretamente a los presentes.
Un anciano de impecable traje gris.
Una joven historiadora especializada en comercio marítimo.
Un periodista gastronómico francés.
Un empresario austríaco.
Una restauradora de documentos antiguos.
Un marchante de arte.
Un profesor universitario.
Una empresaria eslovena.
Un notario.
Una sumiller italiana.
Y el propietario de la casa.
Alessandro Valerian.
Sesenta y cinco años.
Cabello completamente blanco.
Elegancia natural.
Una sonrisa amable.
Demasiado amable.
Elena tomó nota mentalmente.
Los grandes anfitriones solían ocultar preocupaciones.
—Bienvenidos.
La voz de Valerian llenó el gran salón.
—Gracias por acompañarnos en una noche muy especial.
Mi familia lleva seis generaciones dedicada al café.
Pero esta será la última.
Un incómodo silencio recorrió la estancia.
—He decidido vender la empresa.
Varios invitados intercambiaron miradas.
Algunos parecían sorprendidos.
Otros…
No tanto.
Elena observó una mano temblar.
Otra cerrar el puño.
Un hombre evitar la mirada del anfitrión.
Y una mujer respirar con un alivio que intentó disimular.
Aquella reacción le llamó la atención.
Todavía no sabía por qué.
Pero abrió discretamente su libreta.
Escribió solo cuatro palabras.
“La noticia no sorprendió a todos.”
Guardó el cuaderno.
En ese momento aún no podía imaginar que aquella frase sería la primera pista del asesinato.