El misterio de las recetas de la señora Jeong Prólogo
2%
El misterio de las recetas de la señora Jeong

El misterio de las recetas de la señora Jeong

Por Kim Jiyun

© inepub.com

Prólogo

Una mujer tarareaba la melodía y, con su mano arrugada, comenzó a batir huevos en un cuenco de metal. Poco después, sacó una tabla de madera marcada por el paso del tiempo, pero bien conservada, para cortar cebollas al ritmo de la música.

¡Zas, zas, zas!

Luego llegó el turno de los calabacines y las zanahorias, que picó finamente antes de añadirlos a los huevos. Removió la mezcla con unos largos palillos. Los trozos de verdura enseguida se ondularon, atrapados en un remolino, como seres humanos que se dejaran llevar por el curso de la vida.

La cocinera vertió poco a poco la preparación en una sartén caliente para darle forma cuadrada a la tortilla, que enrolló delicadamente sobre sí misma con ayuda de los palillos.

Cuando el tiempo de cocción terminó, la pequeña pieza plateada de la tapa de la olla a presión comenzó a bailar mientras emitía un silbido incesante.

La cocinera la retiró, y una espesa nube de vapor blanco se elevó sobre los fogones.

En el dosirak, la fiambrera tradicional, la mujer colocó la tortilla enrollada, hojas de perilla fritas, una ensalada con mayonesa, kimchi fresco y dos gruesas albóndigas de carne de res. Luego sacó de un cajón unas hojas de papel recortadas con gran destreza y escribió con cariño:

La alimentación es el mejor de los remedios. Come bien para que nunca te duela el estómago ni el corazón.

¡Hasta la próxima! «Have a nice day and see you again!».

(Las albóndigas están hechas con «hanu»). 2

Después de envolver cuidadosamente la nota en papel de aluminio, la colocó dentro del dosirak y la ocultó bajo una porción de arroz cocido muy ligero.

Una sonrisa radiante rodeada de arrugas profundas se dibujó en el rostro de Gumnam.

«¿Pensarán que presumo demasiado si escribo que he usado hanu ? No, al fin y al cabo, mis clientes deben saber lo que comen. Es lo que les dará fuerzas», se dijo.

Rio con la cabeza cubierta por un pañuelo blanco con margaritas bordadas.

Así fue como, al amanecer, un aroma de arroz caliente y reconfortante escapó por la ventana del pequeño restaurante Manna Dosirak de la señora Jeong y se extendió por todas las callejuelas del barrio.