CAPÍTULO 34 #3
El primer León había tomado una decisión. No abandonaría a los ocupantes dentro de una tormenta. Tampoco podía entregarlos sin condiciones.
La voz apareció:
—Presencia médica provisional. Ningún nombre restaurado. Ninguna biometría fuera de Nodo Sur. Custodia distribuida. Derecho individual a regresar al mar si, después de despertar, rechazan tierra.
Benítez respondió:
—No puedo prometer el último punto.
—Entonces no hay evacuación.
Mara intervino:
—Puede prometer que nadie será retenido solo porque rechace una identidad.
—Eso tampoco garantiza que puedan volver a este barco.
—No.
—Insuficiente.
—Sí.
Silencio.
—Acepto —dijo la voz.
Lucía cerró los ojos. Los demás bajaron las armas. La evacuación comenzó.
• • •
Doce cápsulas fueron trasladadas a cubierta. Idris descendió el primer helicóptero hasta rozar la popa. Las olas golpeaban a pocos metros. El equipo médico aseguró cuatro cápsulas. La aeronave despegó hacia una embarcación de rescate que acababa de entrar en alcance.
El segundo helicóptero descendió. Benítez coordinó las presencias. No nombres. Solo números temporales vinculados con cuerpos vivos.
Paciente J-001. J-002. J-003.
Cada registro llevaba una advertencia:
NO CONSTITUYE IDENTIDAD CIVIL.
NO AUTORIZA ACCESO A MEMORIA.
NO DETERMINA NACIONALIDAD NI CUSTODIA FUTURA.
Las embarcaciones hostiles se acercaban. Celeste reactivó dos señales falsas en medio de la tormenta. Una de las lanchas cambió de rumbo. La otra no.
—Saben que estamos evacuando —dijo Mara.
—¿Quién? —preguntó Benítez.
Celeste buscó la identificación. La señal utilizaba credenciales de Archivo Cero. No la Oficina. No Stein. El propio barco.
—Alguien de adentro llamó —dijo.
Lucía miró a las siete personas despiertas. Ninguna reaccionó.
El primer León habló:
—No fue desde aquí.
—La credencial es suya —respondió Celeste.
—No.
La pantalla mostró la firma.
NADIE.
La misma identidad con la que el primer León controlaba el Janus. Había dos. Una dentro. Otra acercándose.
León observó el patrón de navegación de la lancha. No intentaba interceptar los helicópteros. Iba directamente hacia la sala de máquinas.
—Viene por usted.
—Sí —respondió la voz.
—¿Quién?
La pausa fue más larga.
—La persona que ocupó mi cuerpo cuando la Custodia terminó de extraerme.
Clara dejó de respirar.
—Dijiste que ese era tu cuerpo.
—Lo fue.
—¿Qué significa ocupó?
—El procedimiento no terminó conmigo dentro.
León miró el ochenta y tres por ciento de compatibilidad. No era deterioro. Era diferencia biológica. El hombre en la sala de máquinas conservaba recuerdos, voz, decisiones y partes del cuerpo del primer León. Pero no todo.
—¿Qué le quitaron? —preguntó.
—Lo suficiente para construir a Adrian Keller.
Leclerc apareció desde Córdoba. Su rostro cambió.
—Adrian tenía un cuerpo.
—Sí.
—¿Cuál?
—El mío.
• • •
La lancha atravesó una ola. En la cámara de cubierta apareció un hombre de pie en la proa. Cabello blanco. Abrigo oscuro. No llevaba protección para la tormenta. Su rostro tenía cicatrices quirúrgicas.
Compatibilidad biométrica con el primer León Varda: noventa y seis por ciento. Compatibilidad con Adrian Keller: noventa y nueve coma uno.
Dos hombres habían salido del sujeto 318. Uno conservó el cuerpo modificado y se convirtió en Keller. El otro conservó fragmentos, memoria y una biología reconstruida dentro de Archivo Cero.
La pregunta ya no era cuál era el padre de León. Ambos podían reclamar una parte.
La lancha alcanzó el casco. Una carga magnética se fijó sobre la puerta de la sala de máquinas.
El primer León habló:
—Saquen las cápsulas.
—¿Qué hará? —preguntó Mara.
—Cerrar el archivo.
—Está dentro.
—Sí.
León corrió hacia el corredor. Mara lo siguió.
—¡León!
—No va a hundirse con él.
—No sabe cuál de los dos es su padre.
—No importa.
La carga comenzó a contar. Treinta segundos. La puerta de la sala de máquinas permanecía cerrada.
León golpeó.
—Abra.
—Váyase.
—No.
—Todavía quedan ciento cincuenta y siete personas.
—Entonces necesitamos las bombas.
—Puedo mantenerlas hasta que evacúen la mitad.
—No alcanza.
—Es lo que hay.
—No.
Del otro lado llegó una respiración. Una pausa.
—No puede salvar a todos.
—Lo sé.
—Entonces elija.
León miró el metal.
—Elijo no aceptar su cálculo antes de ver qué dejó afuera.
La puerta se abrió.
• • •
El hombre que esperaba al otro lado era alto, extremadamente delgado y tenía el lado izquierdo del rostro cubierto por cicatrices.
León no reconoció la cara. Reconoció la forma de apoyar la mano sobre una tubería caliente sin notar el dolor.
La misma mano de la cinta. Los dedos que habían golpeado una puerta hasta quebrarse después de perder a Ana.
Clara apareció en el comunicador. No dijo su nombre. Solo respiró.
El hombre cerró los ojos. Durante un instante dejó de ser Nadie.
—Llegaste —dijo.
León entró. Detrás de ellos, la carga llegó a diez segundos.
En la pantalla de seguridad, el hombre de la lancha levantó la cabeza. Adrian Keller miró directamente hacia la cámara. Sonrió con el rostro que había pertenecido al padre de León.
—Ahora sí —dijo—. Veamos cuál de los dos aprendió a sobrevivir.
La cuenta descendió:
00:00:09.