CAPÍTULO 13
DIECINUEVE MINUTOS
No llevaba nombre. Solo una velocidad, una altura y una dirección. Venía desde el noreste, descendiendo hacia ellos a más de novecientos kilómetros por hora. El segundo surgió treinta segundos después.
Idris El Mansur observó ambos puntos desde la cabina.
—Dos interceptores.
Mara ocupaba el asiento del copiloto. Intentaba establecer comunicación con el buque hospital Esperanza, pero ninguna frecuencia respondía.
—¿De qué país?
—Todavía no transmiten identificación.
—Estamos sobre aguas francesas.
—Durante cuatro minutos más.
—Después, españolas.
—Si seguimos esta ruta.
León Varda permanecía de pie detrás de ellos. En la pantalla central, el océano ocupaba casi todo el mapa; el avión era un pequeño triángulo blanco rodeado por líneas de alcance, zonas de control y corredores aéreos. El Esperanza navegaba trescientos kilómetros al oeste de Portugal.
Demasiado lejos. El combustible no alcanzaría si debían realizar maniobras evasivas. Los interceptores llegarían en diecisiete minutos.
El contador de Nadir continuaba bajando:
23:55:41.
Amalia apareció en la entrada de la cabina.
—Los módulos están estables.
—¿Cuánto tiempo pueden permanecer sin refrigeración si apagamos sistemas? —preguntó León.
—Seis horas.
—No vamos a apagar nada —dijo Idris.
—Todavía no.
El piloto lo miró por encima del hombro.
—No necesito otra idea que comience destruyendo parte del avión.
—Ninguna idea comienza destruyendo. Algunas terminan así.
Mara volvió a transmitir.
—Buque hospital Esperanza, aquí vuelo sanitario Siete-Cuatro-Uno. Solicitamos contacto urgente. ¿Me reciben?
Estática. Nada más.
—Puede estar fuera de alcance —dijo Amalia.
—No —respondió Idris—. La frecuencia de emergencia marítima debería llegar.
—Entonces no quieren contestar.
León observó el rumbo del barco.
—No saben que existimos.
—Eso suele dificultar una conversación —dijo Mara.
—No. Si hubieran recibido la llamada y decidido ignorarla, habrían modificado ligeramente el rumbo.
Idris comprobó la posición. El Esperanza mantenía velocidad y dirección.
—¿Qué propone?
—Que dejemos de pedirle permiso al barco.
Mara apartó la mano del transmisor.
—¿Y se lo pedimos a quién?
León miró los dos interceptores.
—A quienes vienen a detenernos.
Idris soltó una risa breve.
—¿Quiere que ellos autoricen nuestro aterrizaje?
—Quiero que declaren públicamente que somos una amenaza.
—Ya lo hicieron.
—No sobre esta frecuencia.
Mara comprendió.
—Necesita que la orden quede registrada por control aéreo civil.
—Sí.
—¿Para qué?
—Para obligarlos a explicar qué transportamos.
Idris miró el radar.
—No lo saben.
—La función Stein sabe que estoy aquí. Sabe que Nodo Sur está en el avión y sabe que Isabel está vinculada con la carga.
—Eso no significa que los pilotos lo sepan.
—Precisamente.
• • •
Mara activó la radio internacional.
—Aeronaves que se aproximan por nuestro sector noreste, identifíquense.
No hubo respuesta. Repitió la llamada.
—Esta es una aeronave sanitaria en misión humanitaria. Solicitamos identificación y propósito de aproximación.
El primer interceptor respondió. La voz era masculina, filtrada por el equipo de vuelo.
—Vuelo Siete-Cuatro-Uno, mantenga rumbo y altitud. Prepárese para ser escoltado.
—¿Escoltado hacia dónde?
—Recibirá instrucciones.
—Identifique su autoridad.
Pausa.
—Mando europeo de seguridad aérea.
Idris negó. No existía ningún organismo con ese nombre operativo.
Mara continuó:
—Indique base de procedencia y jurisdicción.
—Mantenga rumbo y altitud.
—Estamos transportando suministros médicos con prioridad internacional.
—Su autorización ha sido suspendida.
—¿Por quién?
La voz tardó dos segundos.
—Oficina Internacional de Continuidad.
León se inclinó hacia el micrófono.
—Confirme que la Oficina de Continuidad ordena interceptar una misión sanitaria sobre una ruta humanitaria.
Mara lo miró. La radio permaneció en silencio.
—Confírmelo —repitió León.
—Identifíquese.
—León Varda.
El nombre bastó. El segundo interceptor cambió de posición en el radar; se abrió hacia el oeste para bloquear la ruta hacia el Atlántico.
La voz regresó:
—Señor Varda, está sujeto a una orden internacional de detención.
—¿La orden autoriza derribar la aeronave?
—No se ha mencionado ninguna acción de ese tipo.
—Entonces mantendremos el rumbo.
—Si no obedece, será considerado un riesgo para la seguridad aérea.
—Eso es una evasiva.
—Desvíese hacia la base de Cazaux.
Idris observó la nueva ruta.
—Quieren llevarnos al continente.
—No aterrizaremos —dijo Mara.
La voz del interceptor continuó:
—Tiene dos minutos para iniciar el viraje.
León tomó el micrófono.
—Nuestra aeronave transporta equipos destinados a preservar registros médicos, civiles y financieros de millones de personas ante una posible interrupción internacional.
Amalia lo miró.
—No debería decir eso.
—Ya lo saben.
—El resto del mundo no.
La voz del interceptor cambió.
—No transmita información clasificada.
León miró a Mara. La frase había sido suficiente.
—Repita.
—Interrumpa la transmisión.
—Acaba de confirmar que la carga está clasificada.
—Desvíese inmediatamente.
Mara revisó las frecuencias abiertas: control civil de Burdeos escuchaba, también dos vuelos comerciales, una estación marítima española, y probablemente cualquier organismo que siguiera la intercepción.
León continuó:
—¿Quién clasificó una red de respaldo argentina como amenaza internacional?
—Última advertencia.
—¿La orden exige capturar los módulos o destruirlos?
Idris volvió hacia él.
—No provoque a un piloto armado.
—El piloto no decide.
—Pero dispara.
La radio emitió una advertencia automática. Los interceptores estaban entrando en distancia visual.
—Sesenta segundos para cambiar rumbo —dijo la voz.
Amalia salió de la cabina.
—¿Adónde va? —preguntó Mara.
—A asegurar la carga para un viraje que Idris dice que no realizará.
Idris observó a León.
—¿Tiene una tercera opción?
—Sí.
—¿Cuál?
—Obedecer.
Mara lo miró.
—Eso no es una tercera opción.
—Lo será si obedecemos una orden distinta.
Varda señaló la pantalla meteorológica. Una tormenta avanzaba desde el oeste. No era intensa, pero contenía una zona de turbulencia y baja visibilidad entre ellos y el Esperanza.
—Declárese en emergencia médica.
Idris negó.
—No tenemos ninguna.
—Tenemos ocho módulos diseñados para preservar hospitales si colapsan sus registros.
—Eso no es un paciente.
—Para un protocolo, sí.
Mara entendió.
—Un activo médico crítico.
—Exactamente.
—La Oficina de Continuidad puede anularlo.
—No si la emergencia ocurre sobre aguas internacionales y el destino disponible es un buque hospital.
Idris miró el combustible.
—Todavía estamos demasiado lejos.
—No necesitamos llegar volando.
El piloto lo observó durante un segundo. Después comprendió la dirección de su mirada.
—No.
—El Esperanza tiene cubierta para aeronaves ligeras.
—No para este peso.
—Después de consumir más combustible.
—No llegaremos a consumir lo suficiente antes de la intercepción.
—Sí, si vacía los depósitos auxiliares.
Idris apretó los controles.
—No arrojaré combustible sobre el océano para cumplir una teoría.
—No todo. Lo suficiente para simular una fuga.
—Eso reducirá nuestra autonomía.
—Y convertirá el desvío hacia Cazaux en una opción más peligrosa que continuar hacia el barco.
Mara miró el mapa.
—El Esperanza quedará como el punto médico más cercano.
—Si responde —dijo Idris.
—Responderá cuando escuche que una aeronave sanitaria tiene una emergencia real.
El piloto permaneció inmóvil.
• • •
El primer interceptor apareció a la izquierda. Gris. Estrecho. Sin insignias visibles desde aquella distancia. Se colocó a la altura de la cabina. El piloto hizo una señal con la mano.
Virar.
Idris no respondió.
—Treinta segundos —dijo la radio.
León observó el ala del interceptor: llevaba armamento, no una configuración de patrulla. Había sido preparado para la posibilidad de disparar.
—Idris.
—Lo sé.
El piloto abrió el sistema de combustible.
Mara tomó el micrófono.
—Mayday, mayday, mayday. Vuelo sanitario Siete-Cuatro-Uno declara emergencia por pérdida de combustible y posible fallo de presurización de carga médica.
Idris liberó parte del depósito auxiliar. Una nube blanca se extendió detrás del ala derecha. La alarma comenzó a sonar en la cabina. Esta vez no era falsa; el sistema detectaba la reducción.
Mara continuó:
—Solicitamos vector inmediato hacia el punto médico capaz de recibir aeronave de transporte. Posición transmitida.
El interceptor habló:
—Siete-Cuatro-Uno, cancele emergencia. Proceda a Cazaux.
—Combustible insuficiente para Cazaux —respondió Idris.
—La distancia es menor que hacia su rumbo actual.
León tomó el micrófono.
—No para un avión al que ustedes obligan a permanecer fuera de una zona civil.
La voz guardó silencio.
Mara revisó las rutas. La intercepción había bloqueado el corredor directo hacia tierra; para llegar a Cazaux debían realizar un giro amplio y atravesar una zona militar restringida. El Esperanza navegaba en línea recta.
Control de Burdeos intervino:
—Vuelo Siete-Cuatro-Uno, recibimos su emergencia. Confirme número de personas a bordo.
—Cuatro —respondió Mara.
León miró hacia la bodega.
—Cinco.
Ella lo observó.
—Somos cuatro.
—Los módulos contienen una identidad operativa reconocida como Testigo ausente.
—No es una persona.
—Para Génesis, sí.
Mara volvió al micrófono.
—Cuatro tripulantes y un activo médico crítico no reemplazable.
El control civil preguntó:
—¿Naturaleza del activo?
Mara miró a León. Él respondió:
—Sistema de continuidad hospitalaria destinado a América del Sur.
La voz del interceptor irrumpió:
—Control Burdeos, esta aeronave está sujeta a una operación de seguridad. Ignore la declaración de emergencia.
El controlador civil guardó silencio. Aquella frase había cruzado una línea. Un organismo armado acababa de ordenar públicamente ignorar un mayday.
Idris miró a León.
—Eso quería.
—Sí.