EPÍLOGO
Me llamo Attaegina Mentastro y ya no soy la chica oráculo de ningún lugar, pero soy la chica ángel de la que habla todo el mundo, la persona más buscada de Nueva Pangea y cuya cabeza vale a día de hoy más oro que siete palacios juntos.
El día en que termina esta historia, yo me encontraba cautiva en un torreón.
Pasé la primera semana encerrada allí con el único contacto de las esclavas, que tenían prohibido hablarme o responder a mis preguntas.
Tan solo traían leña, encendían el fuego y me facilitaban ropa limpia y alimento.
A decir verdad, en peores me habíavisto cuando Nabor me envió a los calabozos deltemplo.
En el torreón por lo menos tenía luz delexterior, agua y comida como para hartarme.
Pero al igual que un animal salvaje en cautividad, apenas probaba bocado.
Titania me había procurado una jaula de oro quizás con la intención de que cambiara de idea y decidiese colaborar con elclan.
Sin embargo, al décimo día de cautiverio me visitó otra vez.
Ni su insistencia ni sus buenas formas ni las posteriores amenazas me hicieron cambiar de parecer: soy Attaegina Mentastro, probablemente la chica más terca de todaNueva Pangea, y no pienso pactar con ningún diablo.
Nunca. Jamás. Ya estaba decidido: muy pronto el Clan del Salmón me entregaría en sacrificio a Molok, al igual que hizo Nabor XIII, para chantajear al monstruo y ponerlo de su lado.
A partir de entonces se acabaron las atenciones.
Nadie volvió a entrar en eltorreón para alimentar el fuego de la chimenea y en adelante solo me sirvieron avena con agua una vez al día.
Y es que desde que vi a esa anciana supe que conocía las malas artes y, por tanto, sabía lo mucho que a los diablos les gustaba el sabor de los ángeles.
¿Quién lo habría dicho? Un cuerpo tan pequeño y vulnerable con tamaña tirana habitando su interior.
Una tirana capaz de hacer que hasta el miembro más importante del clan se humillara ante ella.
Por eso Oberón me quiso cerca desde siempre, porque un trofeo como yo le habría ayudado a trepar jerarquías dentro de esa gigantesca familia en la que todos ansiaban el mando.
Pero finalmente, y contra todo pronóstico, fue su hijo quien consiguió terminar la tarea.
La llevó a cabo con elegancia, con precisión y, lo peor de todo, haciéndome creer que me amaba.
Pasé días enteros asomada por la minúscula ventana del torreón.
Desde allí veía las densas brumas diseminando el verdor de las montañas y el oscuro mar delnorte, las chozas y las caballerizas.
Y no pocas veces lo vi también a él: vestido como un jefe, iba de acá para allá dando órdenes a los colmillos y a los esclavos.
Pero nunca, nunca levantaba la mirada para comprobar si yo estaba allí.
La traición de Lorick me dolía más que los huesos ateridos por el frío, más que el estómago vacío, más que el mordisco infecto de cualquier alimaña.
Entonces, comencé a preguntarme si me había querido de verdad o si la farsa se había ido alimentando a lo largo del tiempo hasta hilar una estrategia perfecta, una tela de araña invisible en la que yo había caído de bruces y de la que ya no podía escapar.
¿Había sido mi rechazo lo que había despertado en él sentimientos tan ruines?
¿O es que los celos que tuvo desde que vio a Halcón por primera vez amilado habían consumido su paciencia y su bondad?
Pero cuando creía que la maldad del mundo ya no podía sorprenderme, alguien más se sumó a la conspiración contra la chica ángel.
Cuán doloroso fue descubrir que él no era el único que me había vendido: asomada por mi ventana como cada mañana, todo mi ser se sobrecogió al presenciar la llegada de un portentoso bériko tordo a lomos del cual cabalgaba mi propia hermana.
Sí, Creta se reunió con Lorick allí abajo.
Si siemprecreí que me odiaba, ahora tenía la confirmación mássólida y evidente.
¿Dónde estaba yo mientras tramaban todo eso amis espaldas?
El día en que termina esta historia fue un día triste, trágico, penoso.
Un día en que sentí que el mundo era un sitio lúgubre, sin luz y sin amor.
Un día en que añorécomo nunca los cálidos brazos de Halcón, su sonrisa y el brillo de su espíritu, su voz y su acento del Sur, el aroma exótico de su piel y sus besos cadenciosos como la arena caliente del desierto.
Fue el día que hacía veinte desde mi inesperado encierro.
Agazapada en un rincón y con no más que un vellón de carnero para mantener el calor de mi debilitado cuerpo, lo único que me quedaba era mi soledad y mi silencio.
Pero cuando cayó la noche sentí la llamada del Cosmos, abrítodos mis sentidos y me dije que yo no terminaría por segunda vez en la boca hedionda de Molok.
En esemomento la gema de cristal se iluminó.
Su candor anaranjado era mi única fuente de luz en ese maldito torreón sin leña ni velas.
Entonces supe y sentí en mis entrañas que el amor de mi vida andaba muy cerca, que venía hacia mí, que los latidos de mi corazón podían guiarle en medio de la más aciaga oscuridad.
Y supe que el Cosmos, muy pronto, volvería a enlazar los hilos de nuestros destinos en esa trenza eterna que mantenía unidas nuestras almas desde antes que el mundo tuviese memoria