Capítulo 12 Orgánica #3
El garaje de Doral ya no tiene cuatro mil teléfonos.
Walter los vendió por lotes a una empresa de reciclaje de componentes electrónicos de Hialeah Gardens, uno por uno, con un paño de cocina.
El único que no vendió está en la repisa de la cocina, encendido, cargando, con la pantalla rota en diagonal.
Yamileth_Sonrisas_Bendecidas sigue activa.
Tiene once seguidores. Comenta muy poco, casi nunca.
Cuando lo hace, Walter no sabe si fue él o fue ella.
Desde marzo, en el garaje hay un taller.
Lo pusieron entre Walter y Joselito. El letrero de la puerta, pintado a mano por Joselito con una letra redonda y torcida, dice: WALTER otros, cien.
Vienen de Kendall, de Doral, de Westchester, de Coral Gables, de Orlando, una vez de Finlandia.
Traen su ropa y se quedan mirando las planchas, el carrusel de prendas girando con su rumor de huesos, la señora sin pestañas que almidona los cuellos a punto medio exacto y grita números de ticket por encima del resoplido de las prensas.
Algunos lloran. Nadie sabe bien por qué.
En febrero, don Aurelio Cabrales cambió el letrero de la puerta.
Ahora dice SIEMPRE BLANCO — CAbrALES & ObrEGÓN — ALMIDÓN MEDIO .
La hizo socia. Le dio el cuarenta por ciento del negocio, que según explicó era el porcentaje exacto del almidón en la mezcla perfecta para un cuello de camisa de algodón egipcio.
Gladys aceptó. No había leído el contrato. Esta vez no le hizo falta.