CAPÍTULO 33 — El Fin es un Nuevo Comienzo
BLOQUE 1
Un mes después de la propia ceremonia catedralicia, con toda la atención mediática ya considerablemente disminuida y la propia investigación completa finalmente publicada en su totalidad, Gabriel tomó una decisión que llevaba meditando desde hacía tiempo: completar, con sus propios pies,
el propio Camino de Santiago completo, desde Roncesvalles hasta Compostela, algo que nunca había hecho en diez años enteros de investigación académica sobre aquella misma ruta.
---¿Vas a hacerlo solo? ---preguntó Lucía, encontrándolo mientras terminaba de organizar su propia mochila para aquel viaje considerablemente personal.
---Solo al principio ---respondió Gabriel, con una sonrisa considerable---. Pero tengo la sensación de que, en algún punto del camino, la propia compañía va a encontrarme, exactamente como siempre ocurrió a lo largo de estos diez años enteros.
BLOQUE 2
El propio recorrido, completado durante las semanas siguientes con la misma paciencia metódica que había definido cada investigación anterior de toda la saga, llevó a Gabriel a través de cada punto significativo que había investigado a lo largo de aquellos diez años completos: Roncesvalles,
donde todo había comenzado formalmente para su propia familia; O Cebreiro, donde Xoán todavía cuidaba con dedicación aquel refugio ancestral; Portomarín, Palas de Rei, Melide, cada punto cargado de recuerdos considerables de investigaciones anteriores.
En Sarria, exactamente donde había conocido a Baltasar Ordóñez años atrás, Gabriel se detuvo un momento junto al propio albergue donde todo aquel tomo particular había comenzado, sintiendo la misma emoción considerable que aquel encuentro le había dejado permanentemente grabada.
BLOQUE 3
Finalmente, tras semanas enteras de caminata solitaria, Gabriel llegó hasta el propio Monte do Gozo, el mismo punto elevado desde donde generaciones enteras de peregrinos habían obtenido su primera vista de las torres catedralicias, exactamente como Baltasar mismo había hecho antes de él.
Ahí, esperándolo sin ninguna sorpresa evidente dado que sabían perfectamente su propia ruta, encontró a Lucía, Adrien, Daniel, y Padre Esteban, reunidos una vez más para completar juntos aquel último tramo simbólico.
---Sabía que iban a estar aquí ---dijo Gabriel, con una emoción considerable ante ver a todo su propio equipo reunido para aquel momento final.
---Después de diez años enteros, doctor Llorente, ¿de verdad pensó que lo íbamos a dejar completar esto completamente solo? ---respondió Padre Esteban, con una sonrisa genuina.
Juntos, completaron los últimos kilómetros hacia la propia catedral, entrando finalmente en la plaza del Obradoiro exactamente como millones de peregrinos habían hecho antes que ellos, durante más de mil doscientos años enteros de tradición ininterrumpida.
Gabriel, contemplando la propia fachada barroca recortada contra un cielo despejado, sintió que aquel momento representaba, con precisión notable, no un final definitivo, sino exactamente lo que Eliseo mismo había escrito en su propio testamento de piedra:
que ninguna búsqueda genuina de la verdad termina realmente.
Simplemente se transforma, generación tras generación, en el siguiente paso de un camino que siempre, de alguna manera, continúa extendiéndose hacia adelante.
---Entonces, ¿qué sigue? ---preguntó Lucía, con la misma curiosidad inagotable que la había definido desde el primer día en Bobbio.
Gabriel, sonriendo ante aquella pregunta tan característicamente suya, ofreció la última reflexión de toda aquella larga saga completa.
---Lo que siempre sigue después de completar un camino ---respondió, mirando hacia el horizonte más allá de la propia catedral---. Otro camino, esperando a ser recorrido, por quien tenga la paciencia y el respeto suficientes para encontrarlo.
FIN DE LA SAGA
EL CÓDIGO DEL CAMINO DE SANTIAGO