Capítulo 16
La pista forestal que bordeaba el acantilado se resentía bajo el peso del furgón, cuyas ballestas crujían cada vez que las ruedas traseras tropezaban con las lajas de pizarra suelta desprendidas por el temporal.
El avance en mitad de la madrugada se ejecutaba con las luces de posición apagadas para no delatar la marcha ante las patrulleras que bloqueaban el acceso a las dársenas bajas.
El aire en el interior de la cabina se había vuelto espeso, saturado por la evaporación del gasoil y el tufo agrio de las mantas de lana que Manuel utilizaba para envolver las gubias del astillero.
Elena Varela mantenía el portafolios de caoba apretado contra las costillas, con los dedos entumecidos por la corriente de aire que se filtraba por la junta rota de la ventanilla.
Sus ojos fijos en la oscuridad del parabrisas no buscaban los hitos kilométricos del cabo; seguían analizando la última revelación que el billete de tren de la terminal norte había dejado al descubierto.
Su antigua identidad como perito de campo de Aseguranzas Atlas carecía ya de cualquier valor contractual; se sabía desahuciada por el organigrama central, convertida en el objetivo de una maniobra de sustitución pericial que el viejo Mateo Navarro había calculado tres décadas atrás.
A su lado, Gabriel Navarro gobernaba el volante de baquelita con movimientos secos, conteniendo las sacudidas del motor con los antebrazos rígidos.
La palidez de su rostro, recortada por la luz pálida de los diales del cuadro de mandos, delataba una resolución huraña que borraba cualquier rastro de la parsimonia fotográfica que traía de Lisboa.
Sus pupilas oscuras se desviaban con frecuencia hacia el maletín de cuero de Elena, midiendo el relieve del cuarto tomo original como quien vigila el detonador de un explosivo industrial.
—Si la inspectora jefe ha tomado el control de los terminales de la plaza alta, Elena —dijo Gabriel, metiendo la segunda marcha con un golpe rotundo que hizo vibrar la palanca—, el recurso del Ayuntamiento entrará en el juzgado antes del amanecer.
La mujer que se sentó en tu escritorio no busca una conciliación de linderos; es la réplica que mi padre entrenó para validar las actas de defunción que permitieron desviar los bronces de Oporto.
Si no logramos trincar las esclusas del canal del este antes de que las excavadoras de Clara completen la cata mecánica del muro de carga, la sucursal entera se hundirá en el lodo de la marea, extinguiendo la única prueba material de la casa del río.
Elena extrajo el duplicado de la póliza de mil novecientos cincuenta y cuatro, rozando el papel de hilo de cáñamo con las yemas desnudas. La rigidez de las cifras de amortización no lograba camuflar el latido acelerado que le golpeaba el pecho desde la huida de la estación de empalme.
—El manual de procedimientos de la oficina especifica que las cuentas de cargo de la Salztor están blindadas por una cláusula de reserva hidrológica, Gabriel —repuso ella, con una voz cortante que se impuso al traqueteo de los ejes—.
Valeria Vance firmó los asientos extraordinarios utilizando las primas de los comercios pesqueros para encubrir la existencia del colector de plomo.
Si las patrulleras de la alcaldía cierran el cerco sobre la torre antes de que apliquemos la muesca de la violeta de mármol negro en los fiadores de la linterna, los liquidadores de Madrid archivarán el expediente con saldo cero y el Ayuntamiento tendrá vía libre para dinamitar la roca caliza del cabo norte, borrando los pozos de ventilación donde se custodian los registros del armamento de la postguerra.
Gabriel detuvo el vehículo bajo la pantalla natural de los pinos forestales que flanqueaban el sendero de la calzada alta, a menos de cien metros de la antigua estación de señales.
Apagó el diésel con un movimiento seco, acortando la separación física que los separaba en el habitáculo hasta que el calor denso de su cuerpo oprimió la parca de lino azul de la perito.
Sus manos largas se cerraron sobre la nuca de Elena con una urgencia cruda, directa y despojada de las dobles defensas que habían pautado sus desencuentros en la librería.
El encuentro carnal en mitad de la penumbra del furgón se despojó de cualquier ambigüedad burocrática; supuso a la grasa de los ejes ferroviarios, al ácido acético de las cubetas de revelado y a la entrega absoluta de dos personas que se sabían desahuciadas por los balances de la central.
El beso de Gabriel, firme y cargado de la salinidad de las rías bajas, funcionó como un blindaje estructural contra el viento del norte que hacía cimbrar los pinos del cabo.
Fue una adenda física que les templó el pecho frente al acoso del gobernador civil, fijando sus contornos individuales con más nitidez que las emulsiones de plata de las placas de Jena.
Manuel abrió la portezuela trasera desde el exterior, introduciendo un candil de latón apagado y el juego de herramientas con el que pensaba forzar los pasadores manuales del dique bajo.
Su fisonomía rústica mostraba los signos de una tensión que empezaba a quebrar la parsimonia del carpintero de ribera.
—Los camiones del desguace portuario ya han tomado posiciones junto al sendero de la cornisa, Gabriel —anunció el viejo operario, limpiándose el barro de la frente con el antebrazo tatuado—.
Tu hermana Clara ha presentado el pliego de condiciones de la terminal de contenedores ante el notario de la plaza alta, dispuesta a demostrar que la servidumbre de paso del subsuelo quedó extinguida tras el entierro del abuelo Mateo.
Si los peritos del Ayuntamiento logran meter los barrenos de dinamita industrial en las juntas del granito antes de que fijemos las cinchas de sujeción en las viguetas de castaño, el forjado de la torre cederá bajo el empuje de la pleamar y perderemos el punto de apoyo real para defender la titularidad privada del muelle viejo.
Elena tomó su maletín, bajando a la tierra batida con una lucidez técnica que restableció la firmeza de su pulso. Avanzó hacia el portalón de la torre, donde los herrajes de bronce mostraban las muescas del salitre de la costa cantábrica.
—La adenda complementaria que registré en la notaría de don Javier Junquera suspende los decretos de demolición de la junta de obras de forma provisional, Manuel —declaró Elena, enfocando la linterna de bolsillo sobre la cerradura de la madera de haya—.
Si el secretario general intenta forzar el precinto judicial sin la firma del juez de instrucción, incurrirá en una responsabilidad civil subsidiaria que anulará el visado de la alcaldía.
Necesitamos activar el cierre manual desde el cuadro de distribución de este subsuelo antes de que los operarios del puerto completen el tendido de las líneas eléctricas de la fundición.
Entraron en la planta baja de la estructura cilíndrica, donde el aire se sentía gélido, limpio y cargado de ese aroma a madera liofilizada que Elena asociaba a los silencios del arquitecto.
Gabriel depositó la caja de aluminio con los reactivos sobre la mesa de dibujo secundaria, retirándose el abrigo con un ademán pausado que revelaba la conmoción psicológica que le atenazaba las facciones desde su regreso de Lisboa.
Se colocó al lado de Elena frente a la columna de mampostería central, donde el fieltro gris de alta densidad protegía los alojamientos mecánicos de los contrapesos.
Sus dedos largos, firmes y ligeramente temblorosos por el frío de la tormenta, tomaron la segunda llave de latón que Valeria Vance había entregado en el escritorio de la sucursal de seguros.
—Mi hermana Clara se ha aliado con el consorcio portuario porque sabe que si las excavadoras hidráulicas rompen el aislamiento del ala este, toda la solera de granito de la oficina se hundirá en el canal de evaporación —explicó Gabriel en un susurro muy cercano, cuya modulación raspada le recorrió a ella la espina dorsal—.
Ella busca los títulos de propiedad del bajo izquierda para cubrir las deudas de sus hornos de coque, ignorando que el apellido de nuestro padre se salvará de las listas de acreedores a cambio de convertir los diarios de Viena en un saldo de almoneda para oficinas turísticas.
Elena introdujo las dos violetas de mármol negro con vetas doradas en las muescas del herraje de bronce, aplicando una presión constante que venció la resistencia del muelle interno con un chasquido rotundo que hizo eco en las bóvedas de granito visto.
De la junta de la piedra brotó el resorte que gobernaba el nivel de inundación de los pozos de ventilación de la dársena de la Cabana, demostrando que la estación de señales compartía el mismo plano de alzado que las estructuras bajas del muelle de salazón.
—La letra pequeña de este expediente demuestra que el colector de plomo no era una obra municipal, Gabriel —afirmó Elena, analizando las cotas con el distanciómetro digital—.
Es el canal de ventilación privado que la resistencia continental utilizaba para el suministro de armamento durante la postguerra.
Si los hombres del desguace fuerzan las compuertas de retorno de los muelles bajos con los sopletes de acetileno, la presión hidrostática del océano hará saltar las uniones de mortero y la plaza del Mercado entera se anegará en el barro antes de que el revisor de Madrid firme tu acta de sustitución formal.
Un crujido sordo, sutil pero definitivo, conmovió la base caliza de la torre, desprendiendo una lluvia de cal de las juntas de los sillares que cayó sobre las herramientas de sujeción que Manuel había depositado en el suelo.
El primer camión del desguace portuario acababa de forzar la barrera de pinos del ala norte, bloqueando la pista forestal con una maniobra de cerco mecánico que anulaba cualquier posibilidad de retirada hacia los talleres de la terminal ferroviaria.
Manuel se asomó a la rendija del portalón, con el rostro endurecido por la fijeza del artesano que detecta un fallo estructural en los puntales de soporte.
—Los peritos del Ayuntamiento ya están instalando las plomadas en la base del acantilado, Gabriel —advirtió el viejo carpintero de ribera, aferrando el mango del hacha con los dedos ennegrecidos por la brea—.
Traen la orden de desalojo preventivo por ruina inminente visada por el secretario general y las patrulleras de la ría baje han encendido los focos de gran alcance hacia la linterna superior.
Si no logramos trincar las cinchas de sujeción en el eje del canal antes de que cambie el turno de la marea, la capilaridad de las aguas fecales de la comunidad invadirá la cripta de la librería de San Juan, perdiendo el fondo de Donato antes de que la central reciba nuestra auditoría complementaria.
Elena Varela cerró la cremallera de su maletín de cuero marrón, colocándose la parca de lino azul con una tranquilidad que reflejaba la inmensa calidez de su estado de ánimo.
Miró a Gabriel, cuyas pupilas oscuras permanecían fijas en los paramentos de granito, con la certeza de que el informe de daños del expediente Navarro ingresaba en una fase de intervención directa que quemaba las últimas amarras de su antigua existencia contable.
No quedaban mostradores de recepción ni terminales alfanuméricos desde los que emitir pólizas ordinarias; la geometría de su trayectoria compartida se levantaba sobre la roca viva del cabo norte, decidida a resistir el empuje de la codicia portuaria antes de que el primer ciclo estacional completara su tiempo bajo el cielo plomizo de la zona vieja.
Sin embargo, al recoger el candil de latón para iniciar el descenso hacia los pozos de ventilación del subsuelo, los ojos clínicos de Elena descubrieron que el chasis de madera del cuarto tomo ocultaba una última adenda manuscrita grabada a punta de navaja en el reverso de la guarda de cuero.
El trazo, ejecutado con la regularidad geométrica de Mateo Navarro, contenía una sola cláusula de reversión que modificaba las constantes materiales de todo el careo: “Clara no tiene la muesca de la violeta de la notaría, Elena; la mujer de la chaqueta gris marengo le entregó los tipos de plomo de Oporto porque el verdadero canal del este no desboca en las dársenas bajas. Comunica con el subsuelo de tu propia casa familiar en las dársenas del astillero viejo, lo que significa que Aseguranzas Atlas firmó el seguro de patrimonio familiar sabiendo que tus abuelos eran los que custodiaban el colector original desde el invierno de mil novecientos cincuenta y cinco” .