Capítulo 7
El regreso a la sucursal de Aseguranzas Atlas se efectuó bajo una luz de tormenta que había terminado por teñir de un color plomizo los soportales de la plaza del Mercado.
Elena Varela cruzó la puerta giratoria empujando el aire frío de la calle, sosteniendo el maletín de cuero marrón contra su parca impermeable con una rigidez que delataba el peso del hallazgo que ocultaba en el doble fondo.
El olor a vainilla del humidificador de la entrada la recibió como una constante burocrática inalterable, pero la atmósfera del local se sentía distinta, desprovista de la neutralidad administrativa de las primeras horas de la mañana.
Martina permanecía de pie junto al mueble de los archivadores metálicos, revisando un paquete de pólizas de hogar que acababa de enviar el servicio de mensajería de la central.
No despegó los ojos de los folios impresos hasta que Elena depositó la pesada caja de herramientas de pino gallego sobre la mesa auxiliar de recepción, provocando un golpe seco que hizo vibrar el cubilete de los bolígrafos técnicos.
—Has tardado más de lo previsto para una simple inspección de campo, Elena —observó la directora, retirándose las gafas de lectura con un movimiento pausado de los dedos—.
Los liquidadores de Madrid ya han llamado dos veces para reclamar el código de validación del siniestro de la calle del Viento.
Afirman que el administrador de la finca ha presentado una denuncia paralela ante la delegación del Ayuntamiento por el riesgo de derrumbe de los techos de escayola.
¿Has conseguido que el heredero firme el acta de custodia provisional o nos vamos a encontrar con una reclamación por retención indebida de bienes muebles?
Elena se desabrochó la parca, acomodándola en el respaldo de su silla antes de extraer las copias del inventario de urgencia. Mantuvo la voz equilibrada, la modulación formal que constituía su mejor línea de defensa en los pasillos de la agencia.
—El acta está firmada sin reservas por Gabriel Navarro, Martina —respondió, deslizando los papeles sobre la superficie de madera clara—.
Los cinco tomos de los diarios manuscritos ya están protegidos entre pliegues de papel secante dentro del contenedor estanco.
Sin embargo, la dispersión de la humedad en el subsuelo es superior a las estimaciones del terminal informático.
El forjado del bajo izquierda sigue expulsando agua de la bajante común y la capilaridad está afectando a los armarios de nogal del sótano.
Martina dio un paso corto hacia la mesa, fijando su mirada en las facciones de su empleada.
Su intuición, adiestrada en miles de declaraciones juradas, pareció detectar la sutil alteración que Elena intentaba camuflar bajo su habitual pulcritud administrativa.
La jefa extendió la mano hacia la caja de herramientas de pino, rozando la junta de bronce donde el sobre translúcido había permanecido oculto hace apenas media hora.
—Esta caja no figuraba en el desglose original de las preexistencias de los años setenta, Elena —comentó la directora, entornando los ojos—.
Es un contenedor industrial de la postguerra.
Huele a aceite de linaza y a aceites de revelado químico, no a los barnices nobles que utilizaba el arquitecto para sus proyectos del Ayuntamiento.
¿Estás segura de que has registrado todos los elementos del contenido especial en estas hojas?
No quiero que los inspectores de zona encuentren una sola casilla en blanco si deciden abrir una auditoría complementaria sobre los Navarro.
Elena sostuvo la mirada de su jefa sin parpadear, sintiendo cómo el sobre humedecido que había deslizado en el bolsillo interior de su jersey de lana parecía quemarle la piel.
Sabía que si revelaba la existencia de la advertencia de Viena, la central de Madrid bloquearía el expediente por riesgo de fraude familiar, retirándole la custodia directa de los diarios.
—El inventario recoge los mudos volúmenes cronológicos que estipula la cláusula de patrimonio, Martina —afirmó con frialdad—.
Los objetos complementarios que se encontraban en el fondo de la madera son utillaje técnico sin valor de mercado: un compás de puntas fijas y restos de placas de vidrio dañadas por el lodo de la comunidad.
El saldo contable del siniestro está blindado.
Martina guardó silencio durante unos segundos que se dilataron de una forma incómoda bajo el zumbido de los fluorescentes del techo. Dio una vuelta a su taza de magnolias y regresó hacia la mampara de cristal ahumado de su oficina con un paso eficiente.
—Valida los códigos antes de que termine el horario de la tarde, Elena Varela —aconsejó desde el umbral—.
En esta oficina, los secretos siempre encuentran la manera de salir a la superficie cuando el suelo se calienta.
No dejes que la curiosidad de la zona alta interfiera en los balances de esta sucursal.
Elena se sentó frente al monitor, pero antes de que pudiera introducir la primera clave de validación, el sonido violento de la puerta giratoria de la entrada quebró la calma del local.
Clara Navarro entró en la sucursal con paso firme, rompiendo la paz administrativa de la oficina.
No venía sola; la acompañaba un hombre de mediana edad que vestía un abrigo de cachemira gris y sostenía una cartera de piel rígida, junto al secretario de la junta de obras del Ayuntamiento, un funcionario de ademán rudo y carpetas oficiales bajo el brazo.
—Aquí está la caja —dijo Clara, señalando el contenedor de pino con un dedo manchado de arcilla roja—.
Se lo advertí a mi hermano esta mañana, señorita Varela.
No voy a permitir que Aseguranzas Atlas retenga el patrimonio de mi familia mientras las deudas de mi taller de fundición del puerto siguen acumulando intereses.
Este señor es el promotor inmobiliario que ha adquirido los derechos de transformación del bajo izquierda de la calle del Viento.
Exigimos la devolución inmediata de los diarios del abuelo Mateo para proceder al cotejo de las escrituras ante el notario de la plaza alta.
El secretario del Ayuntamiento dio un paso al frente, desplegando un documento con el membrete oficial de la alcaldía sobre el mostrador de recepción, justo encima de los papeles que Elena acababa de ordenar.
—La junta de obras ha emitido un decreto de incautación preventiva sobre el fondo cartográfico de Mateo Navarro, empleada —declaró el funcionario con tono cortante—.
Existen indicios documentales de que esos diarios contienen planos de alzado de las dársenas viejas que pertenecen al archivo público del Ayuntamiento.
Su retención por parte de una entidad privada constituye una obstrucción a los planes de desarrollo de la nueva terminal de contenedores del puerto.
Entréguenos la caja ahora mismo o nos veremos obligados a solicitar la intervención de la policía local.
Elena se levantó de la silla, sintiendo una oleada de frialdad combativa que le devolvió el control absoluto de la situación. Se colocó de pie frente al mostrador, interponiéndose físicamente entre los funcionarios y el material rescatado.
—El acta de custodia provisional que ha firmado Gabriel Navarro otorga a esta sucursal la responsabilidad civil subsidiaria sobre los bienes muebles hasta que concluya el proceso de liofilización, señor secretario —argumentó Elena, con una firmeza que hizo retroceder levemente al promotor inmobiliario—.
Administrativamente, estas páginas están catalogadas como material pericial afectado por un siniestro activo de la comunidad.
Si ustedes retiran estos diarios sin el visado de la dirección de zona de Madrid, incurrirán en un delito de apropiación indebida de pruebas periciales.
Esta oficina no cederá la custodia del fondo hasta que los inspectores técnicos certifiquen que el papel de hilo de cáñamo ha recuperado su estabilidad estructural.
Clara Navarro golpeó el mostrador con la palma de la mano, con una rabia que hizo temblar las pantallas de los ordenadores.
—¡Mi hermano está loco y tú le estás siguiendo la corriente para justificar tu sueldo, funcionaria!
—gritó la escultora—. Esos diarios solo contienen los delirios de un viejo que se obsesionó con una mujer extranjera en los años cincuenta.
No hay ningún plano público en esa caja.
El promotor va a pagar tres millones de pesetas por el bajo izquierda y ese dinero es lo único que puede salvar mis hornos de coque de los muelles de salazón.
No vas a bloquear la venta de mi propiedad por un anexo de patrimonio que no tiene validez real en el mercado.
Martina salió de su despacho en ese instante, manteniendo su taza entre las manos y observando la disputa con una fijeza que congeló los gritos de Clara. Se colocó al lado de Elena, y por primera vez en toda la jornada, su ademán abandonó la neutralidad corporativa.
—El mostrador de Aseguranzas Atlas no es una plaza de contratación para sus proyectos inmobiliarios, señor constructor —declaró la directora con una frialdad absoluta—.
El secretario del Ayuntamiento conoce perfectamente los límites de sus competencias de campo.
Si intentan ejecutar una orden de incautación sin la firma del juez de instrucción de la zona alta, bloquearé todas las pólizas de responsabilidad civil de las obras de su terminal portuaria antes de que termine la mañana. Salgan de esta oficina de inmediato.
El promotor tomó al secretario del brazo, intuyendo que la resistencia de la directora de la agencia era una viga maestra imposible de romper por la fuerza bruta.