El mapa de los inviernos ajenos Capítulo 6
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Capítulo 6

La luz de las nueve de la mañana irrumpió en la plaza alta con una palidez gélida que recortaba las molduras neoclásicas de la notaría de don Javier Junquera con la nitidez de un grabado al ácido.

El viento del norte había limpiado los últimos restos de granizo del cabo, pero mantenía el ambiente del barrio viejo en una temperatura estricta, un frío seco que obligaba a los pocos transeúntes a hundir las manos en los bolsillos de sus abrigos mientras cruzaban el pavimento de granito.

En el interior del furgón del astillero, estacionado en doble fila frente al portalón de sillar del edificio público, el silencio se rompía únicamente por el crujido metálico de los tipos de plomo de Oporto que se asentaban tras el trayecto nocturno desde la torre del acantilado.

Elena Varela permanecía en el asiento del copiloto, con el maletín de cuero marrón firmemente sujeto sobre sus rodillas.

No se había retirado la parca de lino azul ni los guantes de nitrilo que ahora formaban parte de su uniforme de campo; sus ojos se fijaban en la puerta de doble hoja de la notaría, donde la silueta de Clara Navarro acababa de aparecer flanqueada por un hombre maduro que vestía un abrigo de cachemira gris y portaba una cartera de piel con los documentos de transmisión de la calle del Viento.

Era el promotor inmobiliario de la zona alta.

Gabriel Navarro apagó el motor diésel, clavando sus pupilas oscuras en la figura de su hermana con una fijeza directa que denotaba la resolución definitiva de quien ya no posee más espacio para las retiradas estratégicas.

El aroma rudo a gasoil y a brea del taller de Manuel seguía impregnado en la cabina, un contrapunto material a la pulcritud burocrática de los despachos oficiales que los esperaban en la primera planta.

—El secretario general del Ayuntamiento ya ha enviado el visado de la junta de obras a la mesa del notario, Elena —anunció Gabriel con su voz baja, cuya modulación raspada parecía arrastrar el frío del cabo—.

Mi hermana cree que la firma de esta mañana liquidará definitivamente los derechos de la casa vieja, pero no sabe que la adenda técnica que encontraste en la base de la linterna modifica las constantes materiales de todo el expediente.

Si Martina firmó la póliza original en los años setenta sabiendo que Valeria Vance permanecía oculta en esta ciudad, Aseguranzas Atlas tiene la obligación civil subsidiaria de paralizar cualquier transmisión patrimonial que destruya los soportes documentales del subsuelo.

Elena extrajo de su libreta de notas de hojas cuadriculadas la copia analítica de la última placa de Jena, el negativo del invierno de mil novecientos setenta y cinco que mostraba a una mujer idéntica a ella frente al terminal alfanumérico de la agencia de seguros.

—La contabilidad de la oficina no admite los dobles fondos biográficos, Gabriel —advirtió ella con una voz tranquila y equilibrada que camuflaba la profunda conmoción que le alteraba el pulso—.

En los servidores centrales de Madrid, la vigencia del contrato de Mateo Navarro depende exclusivamente de la validación del inventario de urgencia que realicé durante la inundación.

Si utilizo esta fotografía para impugnar el derecho de partición de Clara ante el notario, Martina anulará mi licencia de campo antes del mediodía y la sucursal local quedará expuesta a una demanda por obstrucción a la justicia civil.

Sin embargo, la letra pequeña del anexo de patrimonio nacional especifica que si los terrenos de la dársena vieja sufren una alteración por obras de carácter público, el seguro debe intervenir para garantizar el depósito estanco de las preexistencias.

Subieron las escaleras de mármol blanco de la notaría con un paso eficiente, firme y seguro.

El despacho de don Javier Junquera lucía las paredes cubiertas de estanterías de caoba cargadas de anuarios jurídicos y colecciones de leyes que olían a cuero viejo y a cera de abejas.

Clara Navarro los recibió de pie junto a la gran mesa de despacho, con los puños apoyados en el tapete de fieltro verde y una hostilidad cruda en la mirada que rompió cualquier conato de cortesía formal.

Al lado del promotor inmobiliario, el secretario del Ayuntamiento revisaba las actas municipales con una pluma estilográfica sujeta entre sus dedos cortos y secos.

—Llegas tarde para el cierre del balance, Gabriel —escupió la escultora, con una violencia contenida que hizo eco en las molduras del techo—.

Los tasadores del Ayuntamiento ya han verificado el decreto de ruina inminente del bajo izquierda y los camiones del desguace portuario tienen la orden de iniciar el desalojo de los armarios de nogal a las doce en punto.

Tu perito de seguros no tiene competencias legales para retener las cajas de Jena ahora que la junta de obras ha asumido la titularidad pública de los terrenos de la calle del Viento para la ampliación de la terminal de contenedores.

Elena dio un paso adelante, depositando su maletín de cuero sobre la mesa del notario con un golpe seco que llamó la atención de don Javier Junquera, quien acababa de entrar por la puerta lateral portando el protocolo de escrituras del nuevo ejercicio.

—El decreto de ruina inminente que invoca el secretario de la alcaldía carece de validez jurídica hasta que la sucursal local de Aseguranzas Atlas complete el informe de daños estructurales de los forjados comunes, señora Navarro —declaró Elena con su tono profesional más estricto, blindándose detrás de las cláusulas de su manual de procedimientos—.

El anexo especial de la póliza de Mateo Navarro estipula que las preexistencias documentales del subsuelo se encuentran sujetas a un periodo de secado térmico en frío bajo la custodia directa de la compañía.

Cualquier transmisión de la propiedad que altere el estado físico de los soportes vegetales antes de la sublimación final incurrirá en un delito de fraude civil por destrucción de bienes muebles con valor de patrimonio nacional.

El promotor inmobiliario se reajustó el abrigo de cachemira, observando a la perito con una mezcla de sorpresa e ironía comercial que denotaba la costumbre de negociar con las variables de las oficinas públicas.

—Una perito de campo no puede paralizar una inversión portuaria que cuenta con el visado de la dirección de zona, señorita Varela —argumentó el constructor, extrayendo una copia del plano de la terminal de contenedores de su cartera de piel—.

Los terrenos de la dársena vieja ya han sido descalificados del inventario histórico por resolución del pleno municipal.

La ampliación de los muelles de salazón es una prioridad económica para los pesqueros de la ría baja y su compañía tendrá que limitarse a pagar las indemnizaciones líquidas que estipulen los baremos genéricos de Madrid.

—Los terrenos de la dársena de la Cabana no pertenecen al inventario municipal, señor secretario —intervino Gabriel Navarro, dando un paso al frente que redujo la separación física del grupo hasta situarse junto a su hermana Clara.

Sus ojos oscuros mostraban esa intensidad limpia y directa que desafiaba los argumentos de la alcaldía—.

El cuarto tomo de los diarios técnicos de mi abuelo Mateo contiene las secciones transversales de los cimientos del puerto viejo que se fundieron en el astillero en los años cincuenta.

Esas actas demuestran que las piedras limpias sobre las que pretenden levantar la terminal de contenedores se asentaron sobre un canal de ventilación de titularidad privada que Valeria Vance registró a su nombre antes de la postguerra europea.

Mi hermana no puede vender lo que nunca formó parte de la partición legítima de la herencia familiar.

Clara Navarro soltó una carcajada amarga, dando un puñetazo sobre el tapete verde de la mesa de despacho que hizo vibrar el tintero de cristal.

—¡Valeria Vance es un fantasma que te has inventado para no trabajar en las galerías de Lisboa, Gabriel!

—gritó la escultora con las mejillas encendidas por la rabia—.

Esa mujer nunca pisó esta costa; el abuelo pasó cincuenta años loco en el despacho de nogal dibujando líneas curvas porque le asustaba aceptar que la regularidad del sillar gris del Ayuntamiento era lo único que sostenía el apellido de nuestro padre.

Si la perito de la plaza del Mercado quiere perder su puesto por ocultar tus tiras de película fotográfica en su maletín de cuero, que lo pierda, pero esta notaría va a firmar la escritura de transmisión antes de que termine el descanso del almuerzo.

Don Javier Junquera se colocó las gafas de lectura, examinando el anexo que Elena acababa de extraer del portafolios de caoba.

Al observar la firma inferior con el sello circular de tinta violeta y las iniciales V.V.

entrelazadas, el notario experimentó una alteración sutil en su semblante, un ademán de cautela que detuvo el movimiento de su pluma estilográfica en el margen de los folios de protocolo.

—Esta firma coincide con el registro de las preexistencias especiales que se archivaron en esta oficina en el invierno de mil novecientos setenta y cinco, señor secretario —anunció el fedatario público, levantando la vista hacia el representante de la alcaldía—.

La adenda técnica presentada por la perito de campo de Aseguranzas Atlas constituye una reserva de propiedad preferente que suspende la disponibilidad jurídica de la finca de la calle del Viento de forma provisional.

No puedo autorizar la transmisión de los derechos patrimoniales al promotor de la zona alta hasta que la delegación de zona valide la autenticidad de estos planos de la casa del río y se compruebe el coeficiente de resistencia de la roca caliza frente al empuje de las obras de la dársena vieja.