Capítulo 12 #2
—O información adicional —respondió Mara—. Dejamos que los mensajes lo muestren.
Luka llegó con los datos finales del equipo. Había marcado la desviación de corriente, el momento de salida y las posiciones de cada persona. Mara comparó su propio recuerdo y encontró que había estimado dos minutos menos dentro de la cámara.
—Escribe el tiempo del registro —dijo.
—Ya está escrito.
—Y añade mi estimación distinta. Si después recuerdo una secuencia con esos dos minutos, debemos saber que puedo estar desplazándola.
Luka lo anotó. Anaïs la observó con una expresión que Mara no supo leer al principio.
—¿Qué?
—Estás dejando que un documento te contradiga sin convertirlo en una amenaza.
—No hagas una ceremonia.
—No. Solo quería verlo.
El reconocimiento le dolió y la sostuvo a la vez.
Al caer la noche, los cuatro salieron de la base. El viento había limpiado las nubes. Anaïs y Leonie caminaron delante, todavía discutiendo si una abreviatura representaba una empresa o una cuenta. Luka se quedó junto a Mara.
—Dentro, cuando cambió la corriente, saliste sin discutir.
—No había nada que discutir.
—Había una marca que querías medir.
—Seguirá allí bajo custodia.
—Estoy impresionado.
—No lo conviertas en costumbre.
Él rozó con los nudillos la mano de Mara. Fue un contacto breve, una pregunta que no exigía respuesta. Ella giró la palma, pero Luka ya se había apartado para abrir la puerta a las otras.
En el alojamiento, compartieron una cena sencilla. Leonie quiso volver enseguida a las tablas. Anaïs cerró su computadora.
—Comemos primero. Una conclusión obtenida por hambre sigue siendo una mala conclusión.
Luka se ocupó de los platos mientras Mara explicaba la impresión sin dramatizarla. Leonie preguntó por los bordes; Anaïs, por la corrosión; ambas aceptaron que una fotografía no fechaba la placa. Después hablaron del sedimento removido y de las cajas sin asignar contenido.
—Puede que el Vesper nunca haya estado allí —dijo Mara.
—Puede que hayan movido otra cosa —respondió Leonie.
—O que la ruta sirviera varias veces —añadió Anaïs.
La falta de certeza ya no parecía un fracaso. Era la forma correcta del problema.
Más tarde, Anaïs encontró a Mara en la cocina lavando una taza que ya estaba limpia.
—Luka te mira como si estuviera intentando aprender una costa nueva —dijo.
—No estamos hablando de eso.
—Tú no estás hablando de eso. Él parece bastante elocuente desde la otra habitación.
Mara dejó la taza.
—Lo herí. Él me culpó. Una investigación no borra ninguna de las dos cosas.
—Entonces no las borres. Pero tampoco uses la culpa para negar lo que sucede ahora.
Mara miró la puerta. Luka y Leonie discutían si una reserva institucional podía contarse como gasto aunque no hubiera desembolso. Sus voces se cruzaban con una familiaridad recién construida.
—Después del caso hablaremos —dijo.
Anaïs apoyó una mano en su hombro.
—Después del caso es una fecha. No una vida.
Cuando todos se retiraron, Mara revisó una sola vez la lista del día y cerró la carpeta. La siguiente etapa pertenecía al laboratorio, a los registros y a la policía. Ella no podía acelerar ninguna sin dañar el trabajo.
No durmió de inmediato. Escribió una cronología personal de la entrada mientras los recuerdos estaban frescos, pero la marcó como nota propia, no como ampliación de declaración.
Anotó el instante en que quiso tocar la impresión y el contacto con que Luka le recordó el límite.
Esa reacción podía afectar cómo recordara la distancia.
Después llamó a Luka a la planta baja. Él subió hasta el umbral y se quedó allí.
—Olvidé decir en mi declaración que reconocí la forma antes de ver la placa completa —dijo Mara—. No cambia lo observado, pero puede haber guiado dónde miré.
—Informa a Ivana mañana.
—Ya preparé el mensaje.
—Entonces ¿por qué me llamaste?
Mara buscó una respuesta que no fuera trabajo.
—Porque cuando me detuve dentro, tuve miedo de decepcionarte. Y odio que eso importe durante una operación.
Luka apoyó un hombro en el marco.
—Importa. Lo que no puede hacer es decidir por ti. Yo también tuve miedo de que ignoraras la señal para demostrar que habías cambiado.
—La obedecí porque era correcta.
—Lo sé ahora. Dentro, solo podía seguir el procedimiento.
La honestidad quitó romanticismo al contacto y le dio otro valor. No se habían leído la mente. Habían usado una señal acordada pese a emociones contradictorias.
—Anaïs cree que uso el caso para no hablar del futuro —dijo Mara.
—¿Tiene razón?
—En parte.
—Yo uso el caso para mantenerte aquí sin preguntarte cuánto tiempo te quedarías por elección.
Mara lo miró.
—¿Cuánto quieres que me quede?
Luka tardó.
—Quiero que no compres un boleto de salida antes de que podamos hablar sin una muerte entre nosotros. No puedo pedir más esta noche.
—Eso sí puedo darte.
No era una promesa de residencia. Era tiempo para una conversación.
Luka bajó sin besarla. Mara sintió el deseo y la gratitud coexistir con la espera. Cerró la puerta, pero no como retirada. Dejó sobre la mesa una hoja vacía titulada `después del caso`. No escribió una respuesta todavía.
La muerte de Nikola ya no podía separarse de la ruta de Meridian. Tampoco podía resolverse con una sola revelación. El mapa había crecido. Por fin, Mara no era la única que sostenía sus bordes.