Capítulo 9
Mara hizo la primera llamada desde la habitación alquilada, con el atlas abierto y la puerta cerrada. Afuera, Luka hablaba con la dueña sobre el sofá de la planta baja. La normalidad de esa conversación volvía más difícil la que ella debía tener.
Anaïs contestó desde un despacho donde alguien discutía en francés al otro lado de una pared.
—Mara. Vi tus mensajes. ¿Estás herida?
—No. Sabotearon el barco, pero no tuvimos lesiones.
—Esa frase contiene una contradicción.
—Contiene una secuencia.
Anaïs guardó silencio.
—¿Por qué llamas ahora?
Mara miró el margen de Eleanor.
—Nikola encontró una marca de la Línea Nocturne. Está en mi atlas. Creo que las otras capas pueden explicar la ruta.
—Te lo dije después del funeral.
—Sí.
—¿Y quieres que haga como si dieciocho meses no importaran?
—No. Quiero que vengas aunque importen.
La voz de Anaïs perdió su filo profesional.
—Leonie va a preguntar si la llamaste antes.
—Todavía no.
—Entonces llama. Yo reservaré el viaje.
—¿Así de simple?
—No es simple. Es urgente. Podemos discutir en el ferry.
La segunda llamada duró más en sonar.
Leonie apareció en pantalla con el cabello recogido y una taza entre las manos. Detrás de ella había una pared cubierta de hojas y diagramas.
—Anaïs me escribió una sola palabra —dijo—. `Velin`.
—Estoy en la isla.
—Eso supuse.
Mara explicó la muerte de Nikola, la ruta, el marcador, el sello y el sabotaje. No suavizó lo que había hecho sola. Tampoco pidió perdón antes de presentar los hechos. Leonie escuchó sin interrumpir hasta el final.
—¿Entraste en la cueva antes de llamarnos?
—Sí. Con autorización y equipo cualificado.
—No pregunté por el permiso.
—Lo sé.
—Eleanor nos dio tres libros. Después murió intentando resolver algo relacionado. Ahora Nikola te envía un símbolo y tú decides primero comprobarlo bajo el agua.
—No sabía que las capas estaban conectadas.
—No quisiste saberlo.
La frase acertó porque no exageraba.
Mara apoyó la mano en la mesa.
—Tienes razón.
Leonie parpadeó, como si hubiera preparado resistencia para una puerta que acababa de abrirse.
—Eso no repara nada.
—No. Pero quiero que vengas. Necesito tu atlas y tu forma de leer los registros. La policía sabe que las invité. Cada una conservará su libro.
—¿Quién más está allí?
—Luka. Ivana Jurić dirige el trabajo policial. Sabine está colaborando por Meridian.
Leonie se puso de pie.
—Sabine está en Velin.
—Sí. Reconoció el sello.
—¿Antes o después de que alguien se lo explicara?
Mara sintió una confirmación incómoda.
—Antes.
—Llego mañana con Anaïs.
—Gracias.
—No me agradezcas todavía.
La llamada terminó. Mara permaneció frente a la pantalla oscura. Pedir ayuda no se sentía como alivio. Se sentía como entregar a otra persona la medida exacta de su fracaso y esperar que decidiera quedarse.
Anaïs envió enseguida una captura de las reservas: vuelo al continente, conexión terrestre y el primer catamarán disponible.
Leonie añadió una lista de condiciones. Cada atlas viajaría en una funda separada.
Ninguna página se fotografiaría sin que su dueña supiera la finalidad.
Los originales no pasarían a Meridian. Cualquier coincidencia relacionada con Nikola se comunicaría a Ivana antes de intentar comprobarla en campo.
Mara leyó la lista dos veces. Dieciocho meses atrás habría oído una crítica personal en cada línea. Ahora reconoció un procedimiento que permitía a las otras venir sin entregarle la confianza por adelantado.
Respondió: `Acepto. Ivana ya reservó una sala y registrará cualquier copia probatoria. Cada una conserva su atlas.`
Leonie escribió: `No dije que no fueras a tocar el mío.`
Anaïs añadió: `Yo sí lo digo.`
Mara sintió la risa antes de permitirla. Era la primera vez desde el funeral que las tres ocupaban la misma conversación sin que una se retirara.
Abrió el registro del programa de becas que conservaba en una carpeta cifrada.
Eleanor había organizado los seminarios en rotación.
Mara leía espacio y movimiento. Anaïs rastreaba quién había tenido un objeto y qué afirmaciones podía sostener cada documento.
Leonie preguntaba quién financiaba una decisión y quién ganaba con el retraso.
Cuando trabajaban juntas, discutían hasta que ninguna versión simple sobrevivía.
La última entrada compartida era de dos semanas antes de la muerte de Eleanor. Anaïs había solicitado revisar una procedencia. Leonie había señalado tres pagos. Mara había dibujado una ruta costera incompleta. Eleanor canceló la reunión siguiente sin explicar por qué.
Mara detuvo la lectura allí. La carpeta podía crear contexto, no una respuesta.
Preparó para sus amigas un resumen de ocho páginas que separaba lo observado por policía y equipo cualificado de lo inferido por ella.
Incluyó el mensaje amenazante, el sabotaje del barco y el reconocimiento rápido de Sabine.
En cada punto escribió qué no demostraba.
Cuando terminó, envió el resumen a Ivana para confirmar que no revelaba material restringido. La policía devolvió una versión con dos horas exactas eliminadas y una nota: `Puede compartir con las propietarias de los atlas. No reenviar.` Mara respetó el recorte.
Luka tocó la puerta abierta.
—¿Vienen?
—Sí.
—¿Y tú estás bien?
—Leonie no me perdonó en nueve minutos. Fue decepcionante.
—Quizá necesita once.
Mara cerró el atlas.
—Anaïs dijo que discutiríamos en el ferry. Leonie dijo que no le diera las gracias.
—Entonces todo funciona como antes.
—Nada funciona como antes.
Luka entró solo cuando ella se apartó de la puerta. Miró las páginas sin acercar las manos.
—¿Qué tienen sus atlas?
—Anaïs estudiaba historia de objetos y procedencia. Leonie, sistemas financieros y riesgo. Eleanor nos hacía trabajar juntas porque ninguna aceptaba un dato sin atacarlo desde su especialidad.
—¿Y tú?
—Rutas y costas.
—Tres formas de encontrar una mentira.
—O tres formas de crear una si alineamos lo que queremos ver.
Mara le mostró la transparencia doblada. Al colocarla sobre la página, el símbolo se movía hacia un borde, pero faltaban referencias.
—El atlas es insuficiente —dijo—. Ese era el diseño.
—¿Eleanor quería que dependieran unas de otras?
—Probablemente. Era capaz de convertir una lección emocional en un sistema de archivo.
—Te gustaba por eso.
—La odiaba por eso.
—También.
Luka vio una fotografía en la mesa: Mara, Anaïs y Leonie a los dieciocho años, sentadas en un muro del puerto. Eleanor estaba detrás, señalando algo fuera del cuadro. Mara la había encontrado dentro del atlas sin recordar cuándo la guardó.
—Parecen peligrosas —dijo él.
—Éramos insoportables.
—No veo la diferencia.
Ella le lanzó una mirada y él sonrió.
Después organizaron el día siguiente. Ivana había asignado una sala de trabajo donde podían comparar libros sin mezclarlos con evidencia policial. Marija confirmó la llegada del catamarán. Sabine ofreció transporte desde el puerto, pero Mara lo rechazó porque el trayecto era corto y público.
Antes de bajar, Luka se detuvo.
—La amenaza decía completar la serie. Puede que alguien sepa que son tres.
—Eleanor hablaba de nosotras. Nikola también pudo hacerlo.
—O Meridian.
—Sabine conoce la beca.
—Eso no prueba que enviara el mensaje.
Mara recogió la fotografía.
—No. Pero añade una línea.
Luka miró la hoja de condiciones enviada por Leonie.
—¿Siempre escribía contratos para visitarte?
—Solo cuando estaba furiosa.
—¿Y Anaïs?
—Hace que parezca una invitación hasta que descubres que aceptaste una mediación completa.
Mara le explicó la última gran discusión de las tres después del funeral.
Leonie quería revisar los movimientos de Eleanor en la última semana.
Anaïs quería primero acordar qué podían hacer con los atlas y cómo compartir el duelo sin convertirlo en investigación.
Mara había rechazado ambas opciones. Dijo que el informe croata era suficiente y que una búsqueda privada solo dañaría a residentes que ya habían pasado por una recuperación difícil.
—Parte de eso era razonable —dijo Luka.
—Sí. Por eso pude esconderme dentro. También quería evitar que Leonie preguntara por nuestra pelea y que Anaïs me pidiera volver.
—¿Volver a Velin?
—Volver a ellas.
Luka se sentó en el único borde libre de la cama. Mantuvo las manos lejos del atlas.
—Yo usé el informe de Eleanor de otra manera —dijo—. Si la operación había sido correcta, mi certeza también lo era. Si mi certeza era correcta, entonces tú habías abandonado una búsqueda que no podía cambiar nada.
—Y si yo la abandoné, tú no necesitabas preguntarte por el intervalo.
—Exacto.
No era una reconciliación. Era la primera vez que podían nombrar cómo sus historias se sostenían entre sí.
—Mañana ellas van a odiarte un poco por mi culpa —dijo Mara.
—Puedo sobrevivir.
—Leonie es eficiente.
—He trabajado bajo el agua. Sé conservar aire.
La imagen aflojó el cuarto. Mara se sentó a su lado dejando espacio entre ambos. La atracción continuaba allí, más incómoda por la honestidad.
—No quiero que piensen que tú decidiste que podía volver —dijo.
—No lo pienso yo.
—Bien.
—Pero quiero saber por qué me importa que vuelvas.
Mara sintió el peso de la respuesta que todavía no podía dar.
—Después del caso —dijo.
—Después del caso hablamos. No significa que hoy no importe.
—De acuerdo.
Luka se levantó antes de que la proximidad convirtiera el acuerdo en otra cosa.
Durmió mal. A medianoche oyó a Luka moverse en el sofá y pensó en bajar. No lo hizo. La cercanía no podía usarse como atajo para una conversación pendiente.
Por la mañana, encontró café preparado y una nota: `Ivana confirmó el catamarán. Yo reviso la sala. Dime qué ves cuando lleguen.`
Mara guardó la nota dentro del cuaderno, no del atlas. No quería mezclar un gesto de Luka con el legado de Eleanor.