Capítulo 8
El pequeño barco de levantamiento tenía un timón sensible y un motor que sonaba mejor de lo que parecía.
Luka lo revisó con un agente antes de salir.
La policía había autorizado una medición costera limitada, sin aproximación a la cueva ni a la ensenada, y había registrado el plan.
Mara debía comparar puntos de marea públicos desde mar abierto. Luka iba como apoyo de seguridad.
El agente abrió la cubierta del gobierno, fotografió el pasador y comprobó el juego del volante. Luka hizo la misma revisión a la vista, sin retirar piezas. Mara anotó la hora y el número de inspección.
—¿Siempre documentas a quien te documenta? —preguntó el agente.
—Cuando una secuencia depende de ello.
—Bien. Añade que la cubierta quedó cerrada con precinto numerado.
Mara lo hizo. Luka probó la radio y leyó el plan de emergencia. Chalecos colocados, ancla lista, herramientas selladas, teléfono protegido. La preparación quitaba dramatismo a la salida. También era la razón por la que un fallo no tendría que convertirse en tragedia.
Petar pasó por el muelle con una lista de cargas.
—¿Otra medición? —preguntó.
—Trabajo autorizado —respondió el agente.
—El viento cambia al mediodía.
Luka miró el parte.
—Después de nuestra ventana.
—Claro. Solo intentaba ayudar.
Petar siguió hacia la grúa. Mara anotó su presencia, luego tachó la nota de su cuaderno personal. El agente ya controlaba accesos; escribir cada encuentro podía convertir lo normal en sospechoso por repetición.
—Aceite, combustible, radio, gobierno —enumeró él.
—¿Gobierno?
—El sistema que transmite el movimiento del timón. No el que firma permisos.
Mara anotó la hora.
—Gracias por evitar una crisis institucional.
El viento era suave al salir. La isla mostraba su cara de trabajo: techos, rampas, pequeñas parcelas y caminos que subían desde el puerto. Desde lejos, la cueva era solo una sombra en la roca. Mara no la señaló.
Navegaron hacia el primer punto. Ella tomó una lectura de profundidad, comparó el nivel y registró la corriente superficial. Luka mantuvo velocidad constante. Trabajaban bien juntos porque ninguno necesitaba llenar cada silencio.
En el segundo punto, Mara trazó una línea hacia el promontorio.
—La rama de transferencia puede seguir esta fractura geológica.
—Puede. La roca tiene una zona más débil.
—Si sale al otro lado, la distancia coincide con la medida de Nikola.
—No podemos acercarnos hoy.
—No lo propuse.
—Tu cara lo propuso.
—Mi cara no tiene autoridad operativa.
Luka sonrió.
—Por fin estamos de acuerdo en algo.
Mara se inclinó sobre la pantalla. El movimiento ocurrió al cambiar de rumbo. Luka giró el timón a babor y el barco respondió tarde. Después giró demasiado.
—Sujétate —dijo.
Redujo potencia. Probó de nuevo. El volante cedió sin transmitir el ángulo correcto.
Una embarcación de pasajeros aparecía al norte, todavía lejos, pero siguiendo una ruta que cruzaría la suya si quedaban sin control.
—¿Fallo del timón? —preguntó Mara.
—Sí. Ponte el chaleco bien. Radio en canal de emergencia, pero espera mi señal.
Ella ajustó la cinta. No gritó ni intentó ayudar sin instrucciones.
Luka probó el motor en reversa. La popa respondió, pero el viento los empujaba hacia una franja de roca baja. Marcó posiciones en segundos: costa a la derecha, ferry al norte, espacio abierto detrás.
—Necesito que me digas el ángulo hacia el agua profunda.
Mara tomó la carta.
—Doscientos veinte grados. Pero hay una elevación sumergida a treinta metros.
—¿Paso por el este o el oeste?
—Oeste. Dame cinco grados más al sur durante veinte segundos y luego corrige con reversa.
Luka usó empuje y viento en lugar del timón. La maniobra era torpe, pero el barco comenzó a alejarse de la roca.
—Ahora —dijo Mara.
Él puso reversa. La proa giró. El ferry emitió una señal breve; ya habían comunicado la dificultad por radio. Luka respondió con posición y condición. No pidió un rescate que todavía no necesitaban. Informó.
La pieza del gobierno cedió por completo con un golpe metálico. El volante giró libre.
—Perdimos transmisión —dijo.
—La corriente nos lleva al suroeste. Tenemos siete minutos antes de entrar en la línea de bajos.
—Ancla preparada, pero no la sueltes.
Mara se movió hacia proa manteniendo tres puntos de apoyo. Soltó el seguro del ancla y esperó.
Luka llamó a coordinación competente. Dio posición, número de personas, equipo, deriva y riesgo. Una lancha oficial estaba a doce minutos. Él podía mantenerlos fuera de la roca durante seis o siete usando el motor.
—Dime cada cambio de rumbo real —pidió.
Mara siguió la pantalla.
—Derivamos tres grados al oeste. Profundidad estable. La elevación queda a babor.
Una ola levantó el casco. Luka corrigió con una pulsación de motor. Mara sostuvo el cabo del ancla sin lanzarlo.
—Dos grados más al sur —dijo—. Hay agua profunda detrás, pero si giramos demasiado entramos en la estela del ferry.
—Recibido.
Luka usó una ráfaga corta de potencia. El barco vibró. Mara mantuvo los ojos en posición y profundidad, no en la roca que parecía acercarse.
La radio anunció que el ferry reduciría velocidad y mantendría distancia. Marija, desde operaciones, confirmó que el canal quedaba despejado para la lancha de apoyo. Nadie trató el incidente como una batalla de dos personas contra el mar. Una red de trabajo les abría espacio.
El ancla seguía preparada. Mara calculó que lanzarla demasiado pronto podría hacerlos girar hacia el bajo. Esperó la indicación aunque cada músculo pedía acción.
—Todavía no —dijo Luka.
—Lo sé.
—Te lo digo porque yo también quiero hacer algo.
La honestidad redujo la presión. No era calma natural. Era disciplina compartida.
—Ahora cinco grados al este —dijo ella—. La corriente cambió junto al borde.
Él obedeció. El barco quedó casi inmóvil respecto a la costa. No era control completo. Era una suma de decisiones pequeñas.
La lancha llegó antes de que necesitaran anclar. El equipo oficial estableció el remolque y les indicó permanecer a bordo. Luka siguió instrucciones. Mara registró la hora del fallo.
En el puerto, Ivana esperaba con el agente que había inspeccionado el barco. Nadie tocó el mecanismo hasta que la policía fotografió su estado.
El precinto de la cubierta estaba cortado y vuelto a colocar de modo que parecía entero desde arriba. La fotografía de salida permitió comparar la posición. El técnico no afirmó cuándo ocurrió la intervención. Aseguró la cubierta completa para examen.
—Solo tres personas constan cerca del barco después de la inspección —dijo el agente—. Yo, el técnico de combustible y la coordinadora de muelle. Pero la zona tiene un punto sin cámara.
—¿Quién conocía el plan? —preguntó Mara.
Ivana respondió:
—Personal operativo necesario. No convertiremos la lista en acusaciones. La policía tomará declaraciones.
Luka reconstruyó sus propios movimientos. Había dejado el barco dos minutos para buscar una llave de la base. El agente permaneció a distancia porque atendía una llamada. Suficiente tiempo para alguien preparado.
—No voy a volver a dejar una cubierta fuera de vista —dijo.
—No cambiarás el protocolo por tu cuenta —corrigió Ivana—. Informarás la vulnerabilidad y la policía decidirá medidas para operaciones relacionadas con el caso.
Luka aceptó. Mara vio lo difícil que era para él no transformar culpa en una regla personal.
La clínica los revisó por exposición y tensión. Mientras esperaban, una mujer llegó con un niño que se había cortado una rodilla. La enfermera atendió primero al niño. Mara agradeció que nadie convirtiera su incidente en el centro de la isla.
—Cuando el volante dejó de responder —dijo Luka—, pensé en la llamada de Nikola.
—¿Eso te distrajo?
—Un segundo. Después conté riesgos.
—No necesitas fingir que el miedo no existe para actuar bien.
—Tú finges.
—Sí. Estoy descubriendo que es poco eficiente.
Luka la miró, sorprendido.
—Eso sí merece registro oficial.
Mara le dio un golpe suave con el hombro. El contacto se quedó un instante más de lo necesario.
—Podría ser desgaste —dijo Luka—, pero la revisión de salida no mostró holgura.
El técnico policial retiró una cubierta. Una pieza de unión tenía una marca limpia y un pasador incompleto.
Mara sintió que el miedo llegaba después, cuando ya podía permitirse ocupar espacio.
—Alguien lo aflojó.
—Eso determinará el examen —dijo Ivana.
Luka señaló una arandela en el fondo del compartimento.
—No la muevan. Si se separó durante la navegación, puede mostrar cómo falló.
El agente la recogió según protocolo y aseguró toda la pieza dañada para entregarla a la policía. Luka no la guardó en su taller. Mara anotó quién había inspeccionado el barco y cuándo, pero no tomó fotografías del interior después de que Ivana pidió limitar copias.
Petar llegó desde la oficina de operaciones.
—Me dijeron que perdieron gobierno.
—Estamos investigando una posible manipulación —respondió Ivana—. Necesito la lista de personas con acceso al muelle desde anoche.
—Por supuesto.
Petar miró a Luka.
—¿No viste nada en la inspección?
La pregunta encontró el punto más sensible con apariencia de preocupación.
—La cubierta estaba cerrada y el movimiento era normal —dijo Luka—. La pieza se examinará.
—Tu trabajo es detectar esas cosas.
Mara dio un paso antes de decidir si debía hacerlo.
—Su trabajo también fue mantenernos vivos cuando falló.
Petar la miró con una sorpresa leve.
—No cuestioné eso.
—La primera frase sí.
Ivana intervino.
—Las responsabilidades se determinarán con evidencia. Señor Kovač, la lista.
Petar se alejó.
Luka permaneció junto al barco. La tensión en sus hombros no cedió.
—No necesitaba que me defendieras —dijo.
—No te defendí. Corregí una secuencia.
—Claro.
—El fallo ocurrió después de la revisión. Tú respondiste con el motor. Yo di ángulos. La coordinación oficial envió remolque. Esos son los hechos.
—Olvidaste que casi nos estrellas porque yo no detecté un pasador alterado.
—Eso es una interpretación, no un hecho.
Luka soltó una risa breve y cansada.
—Sigues siendo insoportable.
—Y tú sigues vivo.