Capítulo 7
Velin cambiaba de escala cuando Mara caminaba sin una cita oficial.
Desde el puerto hasta la plaza había menos de cuatrocientos metros.
En esa distancia encontró una tienda que recibía pan del ferry, la entrada de la clínica, dos niños que iban tarde a la escuela y un pescador que discutía el precio de una pieza de motor.
Las calles no estaban esperando que ella las describiera.
Mara llevaba una copia pública de las tablas de marea y un dispositivo para registrar nivel y hora. Ivana había autorizado el uso de datos públicos y pedido que cualquier comparación relevante se entregara por escrito. Luka caminaba a su lado con una bolsa de herramientas.
—¿Por qué llevas eso? —preguntó Mara.
—Ante necesita una llave de torsión.
—Pensé que eras mi apoyo técnico.
—Puedo hacer dos cosas antes del café.
—Ya tomaste café.
—Entonces tres.
El astillero ocupaba una franja junto al agua, lejos de los amarres de pasajeros. Ante trabajaba bajo una cubierta abierta. Detrás, cajas de la cooperativa esperaban transporte. Le quitó la bolsa a Luka.
—Llegas tarde.
—Son las ocho y dos.
—Exacto.
Mara extendió su tabla sobre un banco seco.
—Necesito identificar puntos donde una embarcación de poco calado pueda esperar fuera de la vista del puerto sin quedar atrapada por la bajamar.
Ante la miró.
—¿Para la policía?
—Para una comparación técnica. No puedo explicar el caso.
—Mejor. La mitad del puerto ya inventó una explicación y ninguna necesita mi ayuda.
Señaló tres zonas. Una era demasiado expuesta al viento del sur. Otra tenía fondo irregular. La tercera quedaba detrás de un promontorio, pero el acceso terrestre cruzaba terrenos de trabajo y un sendero usado por pescadores.
—Un mapa turístico lo llama playa escondida —dijo Ante—. Nosotros la llamamos un lugar incómodo para descargar redes.
—¿Hay una entrada en la roca?
—Hay grietas. Algunas se llenan con la marea. No las conozco para buceo.
Luka apoyó un dedo lejos del papel.
—La corriente sale al norte con marea descendente. Si la rama de transferencia conecta con la costa, podría terminar cerca.
—Podría —repitió Mara—. No la dibujes todavía.
Ante soltó una risa.
—Eleanor decía lo mismo cuando alguien quería una línea antes de medirla.
El nombre produjo un silencio. Ante no intentó llenarlo.
Mara instaló el registrador temporal en un punto público, con permiso municipal y sin interferir con el trabajo.
Explicó a Luka que la ventana de marea no era solo una hora favorable.
Era el intervalo en que profundidad, corriente y acceso permitían una ruta específica.
Si el puerto afirmaba que una embarcación había pasado fuera de ese intervalo, la carta podía poner a prueba la afirmación.
Esperaron dos ciclos de lectura. Durante el primero, Ante regresó con panes planos y una botella de agua.
—La cooperativa necesita un mapa para los caminos de recolección —dijo—. El último proyecto marcó como carretera una pista que se convierte en barro con lluvia.
—Puedo mirarlo después de la investigación —respondió Mara.
—Mirarlo no basta. Ven con quien conduce los tractores.
—Eso sería lo correcto.
Ante señaló el registrador.
—Eso sí me interesa. Los jóvenes salen en botes pequeños y usan aplicaciones que muestran profundidad promedio. Promedio es una palabra peligrosa cerca de piedra.
Luka tomó pan.
—He pedido actualizar los avisos.
—Aviso no es ruta. Necesitamos algo que funcione cuando el teléfono no tiene señal.
Mara imaginó una carta pública con capas: rutas seguras, horarios, zonas de trabajo y detalles sensibles omitidos. No diseñó nada. Preguntó quién debía participar.
Ante nombró pescadores, la escuela, el equipo municipal, la asociación civil y personas de los asentamientos menores. No incluyó a una sola voz que representara a todos.
—Y alguien tiene que pagar el tiempo —añadió—. Siempre invitan a los residentes a compartir conocimiento gratis y después cobran por el informe.
—Participación remunerada —dijo Mara.
—Eso empieza a parecer un mapa honesto.
La segunda lectura mostró una corriente lateral más fuerte de lo esperado. Luka arrojó un pequeño marcador biodegradable autorizado y midió su deriva visual. Mara lo siguió con el instrumento.
—La tabla pública simplifica esta curva —dijo.
—Porque sirve para navegación general, no para entrar en grietas.
—Nikola usó datos más precisos.
—Tenía sensores propios y registros locales.
—¿Quién accedía a ellos?
—Museo, equipo de investigación y, cuando se compartían por seguridad, operaciones y apoyo municipal.
Otra lista amplia. Mara la anotó sin frustración. Un buen filtro no siempre estrechaba de inmediato; a veces impedía elegir a la persona equivocada.
—El agua no firma declaraciones —dijo Luka.
—Pero deja límites.
—Y tú amas los límites.
—Me gustan cuando la gente los respeta.
Él la miró de lado.
—Eso explica muchas cosas.
Caminaron hacia el punto alto de la costa. Luka saludó a una enfermera que bajaba hacia la clínica y se detuvo para ayudar a un hombre mayor con una caja. Mara esperó. No sentía que él interpretara la isla para ella. Solo vivía dentro de una red de tareas que no desaparecía por la investigación.
En el mirador, compararon la hora con el nivel. La línea oficial coincidía dentro del margen esperado.
—Si Nikola entró cuando dice el informe —dijo Mara—, la corriente en el cruce iba hacia la rama de transferencia, no hacia la arqueológica.
—Un marcador mal orientado habría parecido lógico.
—A una persona que confiaba en la revisión reciente.
Luka observó el agua.
—Yo participé en la revisión de seguridad. No instalé la marca, pero aprobé el plan.
—¿Quién la colocó?
—Dos técnicos externos y personal de apoyo. La policía tiene los nombres. Petar facilitó el acceso a material del puerto.
—Eso amplía, no reduce.
—Lo sé.
Encontraron a Marko cerca del café de la plaza. Llevaba una mochila y hablaba por teléfono. Al verlos, terminó la llamada.
—Ivana ya me interrogó —dijo—. No tengo que responderles.
—No —aceptó Mara—. Quería decirte que las notas de Nikola ubican la cámara en otra rama.
Marko apretó la correa de la mochila.
—Entonces encontró el depósito.
—¿Qué depósito?
Él miró alrededor.
—Una hipótesis. Las cuevas se usaban para guardar carga.
—¿Cuándo formulaste esa hipótesis?
—Después de ver las marcas.
—Dijiste que no recibiste las fotografías.
Marko comprendió el error.
—Nikola me mostró una en la cámara.
—La cámara cuya tarjeta falta.
—No sé dónde está la tarjeta.
Luka dio un paso, no para amenazar, sino para quedar visible junto a Mara.
—Habla con Ivana —dijo—. Ahora.
—No son policías.
—Por eso no vamos a perseguirte. Pero esa contradicción debe quedar registrada.
Marko se alejó hacia la estación sin prometer nada.
Mara anotó la frase exacta.
—Está asustado por algo.
—Eso no lo hace asesino.
—Te estás acostumbrando a mi método.
—Estoy aprendiendo a protegerme de él.
Al mediodía, comieron pan, queso y tomates en un muro junto al puerto.
Luka le contó que la cooperativa de Ante financiaba parte del transporte de jóvenes al continente durante el invierno.
Mara explicó un proyecto de erosión que había fracasado porque los diseñadores publicaron puntos de acceso sin consultar a los trabajadores locales.
Un grupo de estudiantes cruzó la plaza con Katarina. Dos llevaban grabadoras para la exposición. Katarina se detuvo.
—Estamos documentando cómo cambió el uso del puerto —dijo—. Nada sobre la investigación.
—Buena separación —respondió Mara.
Una estudiante preguntó a Luka por la base de rescate. Él corrigió con paciencia:
—Base de equipos y apoyo. No dirigimos las operaciones marítimas. Mantenemos material, entrenamos y respondemos cuando la coordinación competente nos asigna una función.
—Pero tú buceas para rescatar gente.
—Sí. La capacidad no me convierte en autoridad sobre todo el mar.
Mara observó que explicaba límites sin disminuir el valor del trabajo. Era una forma de seguridad que no había aprendido con Eleanor.
Después de que el grupo se fue, Luka preguntó por el proyecto fallido de Mara. Ella describió la reunión donde una empresa quiso publicar accesos a una costa ceremonial y rutas usadas por trabajadores.
—Me dijeron que ocultar datos iba contra la transparencia —dijo.
—¿Qué respondiste?
—Que transparencia sin consentimiento puede ser otra forma de extracción. Después renuncié.
—Entonces ya sabías lo que Katarina te está enseñando.
—Saber una regla no significa aplicarla bien en cada lugar.
—Eso también explica muchas cosas.
Mara le dio un trozo de pan para que dejara de hablar. Luka lo aceptó con una sonrisa.
—¿Lo corregiste? —preguntó él.
—Renuncié al contrato cuando no aceptaron cambiar el proceso.
—Eso no estaba en las noticias sobre tu premio.
—Los premios prefieren mapas terminados.
—¿Y tú?
Mara miró la costa. Una línea podía terminar en el papel y seguir cambiando bajo el agua.
—Estoy intentando preferir las preguntas correctas.
Su teléfono vibró. El mensaje provenía de un número oculto.
`Eleanor murió porque no supo dejar la cueva. Nikola tampoco. Vete antes de completar la serie.`
Mara mostró la pantalla a Luka sin responder.
La ligereza desapareció de su rostro.
—No toques nada. Llama a Ivana.
—Es mi teléfono.
—Y el mensaje es posible evidencia.
—Lo sé.
Ivana indicó que conservara el dispositivo, hiciera una captura sin borrar la notificación y fuera a la estación. La policía registraría los datos y solicitaría información a la compañía telefónica.
Luka caminó con ella. Su mano rozó la espalda de Mara al cruzar una calle, un gesto de orientación que retiró de inmediato.
—No voy a irme —dijo ella.
—No te lo pedí.
—Lo estabas pensando.
—Estaba pensando que alguien conoce la relación entre las muertes.
—Y los atlas. Dice serie.
—También puede estar usando palabras de Nikola o Eleanor para asustarte.
En la estación, Ivana recibió el teléfono mediante un procedimiento temporal que permitió a Mara copiar números necesarios antes de entregarlo. El agente explicó cada paso.