Capítulo 48 #3
Vitor volvió a la conversación sobre logística sin perder el hilo.
Lucas se dio vuelta hacia Helena, que había terminado la comparación de hospitales y ahora tenía la copa en la mano, escuchando la conversación del otro lado.
—¿Qué pasó? —dijo ella, sin darse vuelta hacia él —el tono de quien notó un cambio en el ambiente y lo está catalogando sin que parezca que lo está catalogando.
—Nada todavía —dijo él.
Ella se quedó con la respuesta. No preguntó más. Era una de las cosas que había aprendido de ella en las últimas seis semanas: sabía cuándo nada todavía significaba hay algo pero no ahora, y no necesitaba que él le explicara la diferencia.
Del otro lado de la mesa, Leonardo había desviado la mirada.
Pero había algo específico en las miradas de ese tipo —Lucas lo sabía, porque había sido Vitor quien había notado la suya primero, en una mesa parecida a esta, con el vino equivocado y la conversación correcta y alguien del otro lado que todavía no se había dado cuenta de que lo estaban mirando.
Lo específico era que desviar la mirada no resolvía nada. Solo la postergaba.
Iba a ser una noche larga para Leonardo.
* * *
Poco después de las once la cena empezó a disolverse en el ritmo natural —postre, café, las primeras personas pidiendo Uber, Isabela recogiendo platos con la eficiencia de quien lo había hecho las veces suficientes como para que pareciera parte de la conversación.
Lucas fue hasta la ventana del living mientras Helena estaba en la cocina ayudando sin que nadie se lo pidiera.
La ciudad ahí afuera tenía el movimiento de un São Paulo cerca de la medianoche —nunca del todo tranquila, nunca el mismo ruido a ninguna hora, la versión nocturna que era distinta a todo pero seguía siendo reconocible como la misma ciudad.
Vitor apareció a su lado.
Se quedaron en silencio un momento, los dos mirando hacia la ventana.
—Leonardo —dijo Vitor, por fin. No como pregunta.
—Lo vi —dijo Lucas.
—¿Sabes quién es ella?
—No agarré el apellido.
Vitor se quedó callado un segundo.
—Es complicado —dijo. El tono de quien está entregando la cantidad justa de información y ni una palabra más.
Lucas se quedó con complicado. Había versiones de complicado que eran obstáculos y versiones que eran la propia estructura de la historia —sabía distinguir las dos porque había vivido una de ellas en los últimos meses y había aprendido que la diferencia solo se ve clara desde adentro, no desde afuera.
—Alguien va a tener que decírselo —dijo Lucas.
—Alguien va a hacerlo —coincidió Vitor.
Ninguno de los dos dijo nada más.
Del otro lado de la ventana, Helena volvió de la cocina con dos tazas de café —la más grande para él, sin que nadie hubiera dicho cuál era cuál— y se quedó de pie a su lado.
—¿Quién es Leonardo? —dijo ella, bajo, lo suficiente como para no proyectar.
—Cliente nuevo de Rafael —dijo Lucas—. Creo.
—Estuvo mirando a Bianca toda la noche.
—Bianca —repitió Lucas. Ahora tenía el nombre.
—Ella no se dio cuenta —dijo Helena—. O se dio cuenta y está fingiendo que no. —Tomó un trago de café—. Rafael confía en ella más que en cualquier otro profesional que yo conozca. Años trabajando juntos.
Lucas se quedó con eso.
Miró a Vitor.
Vitor estaba mirando el fondo de su propia taza con la expresión de quien sabía exactamente qué había en la sala y había decidido, por ahora, no hacer nada con ese conocimiento.
Lucas tomó la taza que Helena le había traído. La más grande. Bebió un trago.
—Va a ser una noche larga para Leonardo —dijo.
Helena se quedó con la frase.
—Hablas como si supieras —dijo ella.
—Sé —dijo él.
Ella se dio vuelta hacia él. La expresión de evaluación que tenía cuando estaba conectando dos puntos y chequeando si la geometría cerraba.
Cerró.
Ella no dijo nada más. Tomó el café. Se quedó a su lado mirando el living —Leonardo en una conversación con Augusto que claramente no era la conversación que él quería estar teniendo, Bianca del otro lado cerca de la ventana, Vitor habiendo decidido que la taza era lo bastante interesante como para ocupar unos minutos más.
El living tenía el calor de fin de cena —gente bien alimentada, el vino justo, Isabela finalmente sentada después de tres horas de pie, Rafael con la expresión de quien había conseguido lo que quería al invitar a todos.
Lucas se quedó de pie con la taza, Helena a su lado, la ciudad ahí afuera siendo la ciudad.
Era una cena de lunes a la noche en São Paulo.
Era suficiente.
* * *