El magnate prohibido que me rechazó Prólogo
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El magnate prohibido que me rechazó

El magnate prohibido que me rechazó

Por D. A. Lemoyne

© inepub.com

Prólogo

Pasado

Es la primera vez que observo el paisaje de nuestra isla y siento que me asfixio. El romper del mar contra las rocas es tan furioso como el rencor que guardo dentro del pecho en este momento.

—No puedes irte, hijo mío. Eres el primogénito. La familia se desintegrará si te marchas.

En lugar de mirarla, opto por seguir enfocado en el mar, en una despedida silenciosa del lugar que ha sido mi hogar toda la vida.

—Sí puedo, y tú también. No necesitas quedarte aquí.

Cada palabra sabe a veneno en mi lengua. Es difícil incluso seguir mirándola, aunque intento convencerme de que es una víctima, un juguete en manos de ese desgraciado.

—¿Qué? ¿Cómo puedes siquiera pensar en algo así? ¿Qué dirá la sociedad si abandono a tu padre? ¡Perderé mi honor!

—Tienes más honor en la uña de tu dedo meñique que él en todo el cuerpo.

“Lo que te falta es amor propio” , pienso, pero no lo digo.

—No te vayas, hijo mío. Te lo suplico.

—Te di una elección, mitéra [2] .

—¿Cuándo volverás?

Beso su frente sin responder. Jamás miento, y no creo que esté preparada para oír la palabra “nunca” en este momento.

Subo al barco que me espera y no miro atrás, pero antes respiro una vez más el aroma de los olivares que se extienden por toda la isla.

Mientras el capitán pone el barco en marcha, pienso en mi abuelo y en lo que diría si estuviera vivo.

Probablemente moriría de vergüenza por la debilidad demostrada por su hija.

He recorrido el mundo, pero nunca pensé en dejar a mi familia de forma definitiva. Como griego, la valoro por encima de todo, pero no puedo ser cómplice de lo que vi.

Puede que haya sido formado por la mitad de la carga genética del marido de mi madre, pero el carácter lo heredé de mi abuelo.

Nunca aceptaré una traición, sea en el ámbito que sea.