El Magnate al que Abandoné Capítulo 5
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Capítulo 5

Arthur

J de JUDICIAL

Dos meses después

—¿Y si estudio derecho?

—¿Es eso lo que quieres?

—Mi madre dijo que sería genial.

—Si no es lo que quieres, no vale la pena. Nuestros sueños son solo nuestros para soñarlos, Jas, aunque, conociendo más a fondo las leyes, podrías llevarme fácilmente al ámbito judicial.

—¿Por qué?

—Por robar tu corazón.

—Arthur, ¿qué tiene que decir sobre la filtración? ¿J.A. está tomando las medidas necesarias? ¿Qué pretende hacer para impedir que las acciones sigan cayendo y que los inversionistas abandonen la empresa?

Los reporteros lanzan una avalancha de preguntas mientras mis abogados me indican que permanezca callado y simplemente baje las escaleras sin prestar atención a ninguno de ellos.

Quisiera gritar que no tuve nada que ver con la filtración, que solo lo descubrí cuando ya era demasiado tarde. Quisiera gritar que estoy haciendo todo lo posible para minimizar el daño a las personas que confiaron en mí.

Pero todo lo que puedo hacer es guardar silencio y seguir apelando a mi derecho de la quinta enmienda.

Algo que, durante mi declaración, repetí incontables veces, dejándome todavía más expuesto.

La incapacidad de comentar sobre el asunto volvió las cosas aún más interesantes para los medios, ya que parezco un criminal orgulloso de cometer delitos cada vez que me niego a hablar con honestidad.

Una presión aplasta mi pecho y mi visión gira entre culpa y arrepentimiento.

¿Estoy disociando?

¿Perdiéndome?

Siento que sí, porque parece que estoy fuera de mi cuerpo mientras todo sucede a mi alrededor, mientras depositan una montaña sobre mí y me convierto en alguien sosteniendo todo lo que conquistó, a punto de ceder.

La empresa se está derrumbando.

Todos los inversionistas que podrían ayudarme a salvarla en medio del caos se retiraron. Aslan y Levi son algunos de los que pusieron en riesgo sus propios negocios para sostener el mío.

Me avergüenza mirar a mis amigos a los ojos, me avergüenza saber que están tan preocupados, moviendo cielo y tierra por algo que ni siquiera debería ser responsabilidad de ellos.

Se suponía que era mi problema, pero se convirtió en nuestro.

Incluyendo a Maverick y a su familia, que también invirtieron y han intentado convencer a otros magnates de arriesgar cantidades exorbitantes, prometiendo que J.A.

volverá a levantarse y que, cuando eso ocurra, se arrepentirán de no haber invertido cuando el valor estaba tan bajo.

Promesas.

Falsas garantías.

Palabras que no valen nada.

Todo lo relacionado conmigo se convirtió en una carga para quienes conozco.

Recibí mucha ayuda.

Pero odio admitir que aun así podría no ser suficiente.

Estamos pasando por auditorías internas, externas y un montón de mierdas más.

No descubrieron nada incorrecto, nada incorrecto además de la puta filtración, lo cual ya basta para arruinarlo todo.

Aquí no existe una ley general de protección de datos como en Brasil, pero el derecho está garantizado por varias otras leyes, todas las cuales fueron infringidas.

Me están demandando aquí y también en Europa, debido al GDPR. ¡Una maravilla!

Y eso que la filtración no ocurrió recientemente, fue hace poco más de un año y, aunque todos creen que yo ya lo sabía, la verdad es que jamás tuve conocimiento de algo así.

Todo salió a la luz cuando una empresa externa usó datos de las personas para impulsar su negocio y eso comenzó a investigarse.

Hasta hace unos meses todo estaba bien y, de repente… dejó de estarlo.

—¡ARTHUR, ¿PUEDE DECIRNOS LA VERDAD?!

Un micrófono es colocado frente a mi cara.

Alguien lo aparta por mí mientras sigo bajando los escalones que parecen infinitos. Nunca había notado que esta escalera fuera tan grande, porque hoy simplemente parece no tener fin. Cada escalón que bajo es como si fuera uno de los que subí para fundar un imperio.

Mientras decaigo, miro a un lado y observo a mi yo de veintidós años comenzando a crear algo mucho más grande que él mismo.

El hombre ingenuo gira el rostro y me mira, decepcionado al descubrir dónde terminamos.

Llegamos tan lejos y, por un descuido, nos ahogamos a pocos metros de alcanzar la playa.

—¡ÉL NO TIENE NADA QUE DECIR!

Uno de los abogados se esfuerza por alzar la voz por encima de la multitud.

El Arthur universitario desaparece como niebla y miro a mi alrededor. Hay tanta gente, incluyendo manifestantes, que siento un vacío en el estómago.

Veo varios carteles escritos a mano pidiendo el fin de la empresa, exigiendo que finalmente haga algo correcto y deje de jugar con la vida de las personas.

Mi estómago se revuelve y estoy seguro de que voy a vomitar, aunque no sé qué, ya que hace más de un día que no como nada, consumiéndome de nervios por la audiencia.

Es una mierda. Todo esto es una mierda.

Quisiera desaparecer, alejarme de todo esto. Pero sé que si abandonara el país ahora sería tratado como un criminal intentando huir de la justicia. ¿Sería una confesión de culpa? Creo que sí. El problema es que no sé cuánto más puedo soportar.

Un tomate es lanzado en mi dirección y golpea mi rostro.

Los guardias de seguridad no consiguen impedir que otro me alcance y veo de reojo cómo los abogados esquivan el impacto, temiendo que el jugo de la fruta manche sus carísimas camisas.

Abogados a quienes estoy pagando una fortuna sin entender exactamente por qué. ¿Miedo de que me condenen aun siendo inocente? En las últimas noches todo eso me ha parecido tan inútil.

—¡ARTHUR! ¡ARTHUR! ¿CÓMO CREE QUE SERÁ EL FUTURO DE J.A.?

Ojalá lo supiera.

—No lo sé —respondo, contradiciendo a las personas que me asesoran y defienden legalmente.

Entiendo las complicaciones que dos simples palabras pueden causar, pero permanecer callado en medio de todo esto es angustiante.

—¿Y las personas que confiaron en usted?

Exacto.

¿Y las personas que confiaron en mí?

No tengo forma de defenderme de ciertas cosas, y esta es una de ellas: la decepción de quienes confiaron en lo que creé.

—Aslan Gürsoy dio una entrevista recientemente en la que afirmó que usted no hizo nada malo. ¿Fue usted quien le pidió a su amigo que dijera eso, Arthur? —Una reportera atraviesa el cerco humano formado por los guardias y se detiene frente a mí, colocando el micrófono junto a mi boca.

La miro, pensando en responder, pero me cuesta encontrar la voz. El caos se apodera de mis pensamientos y ni siquiera recuerdo cómo hablar inglés, por más fluido que sea en el idioma.

Todo lo que quisiera es poder gritar: ¡YO NO SABÍA NADA, JODER!, sin que luego los medios me destrocen.

—Un antiguo compañero de universidad declaró en exclusiva para un medio de comunicación que usted siempre se preocupó más por las ganancias que por la seguridad del sistema.

Eso hace que mire a otro reportero, un hombre que sostiene una sonrisa maliciosa.

—¿Me preocupé más por las ganancias? —pregunto, catatónico.

¿De qué mierda está hablando?

Antes incluso de que el proceso avanzara, me aseguré de indemnizar a todos los perjudicados apenas descubrí la falla.

Fueron casi cuatro mil millones en total, sin contar la multa que tendré que pagar al Estado, además del proceso penal en sí.

¿Y ahora viene a decirme que siempre me preocupé más por las ganancias?

No, esto ya está pasando todos los límites.

Mis manos se cierran en puños, pero antes de que me atreva a levantar uno para golpearle la cara a ese hijo de puta, uno de los guardias me jala bruscamente, quizá dándose cuenta de lo que estaba a punto de hacer, no lo sé.

Me arrastra entre la multitud directamente hacia el coche blindado detenido frente a la escalinata del tribunal.

Los escalones que parecían no terminar nunca.

Piso el último y suspiro aliviado, aunque no debería, las cosas apenas están comenzando.

—¡ARTHUR! ¡ARTHUR! —Mi nombre sigue siendo pronunciado por decenas, quizá cientos de personas mientras entro al coche.

Miro por la ventana del otro lado y observo a los manifestantes agitando sus carteles y gritando con todas sus fuerzas. La mayoría pide la caída de la empresa y el resto mira el automóvil como si llevara al mismísimo diablo dentro.

—No se deje afectar por esto, vamos a demostrar su inocencia —garantiza una de las abogadas.

Contraté tres firmas de abogados de credibilidad incuestionable para encargarse del caso.

Sus honorarios son exorbitantes y las reuniones consisten en ellos asegurándome que nada saldrá mal, cuando yo sé que muchas cosas pueden salir mal.

Su trabajo es encontrar vacíos legales, hallar pruebas que contradigan la acusación de la fiscalía de que vendí los datos.

Aflojo la corbata y miro mis pies.

El automóvil se aleja de la entrada del tribunal, atravesando a las personas que anhelan justicia, luchando por lo que creen que es la verdad.

Ellos no tienen la culpa. Creen en algo y luchan por ello, lo cual es admirable.

El culpable soy yo por no haber detectado la falla antes.

¿Cómo dejé que pasara?

¿Cómo…?

Más tarde, en mi apartamento, soy apoyado por mis amigos e incluso por el guapo del piso veinte, quien dice que mi estado es completamente comprensible.

Al menos no me dice que mejore, al contrario; Marlon comenta que lo más sabio en este momento es arremangarse y escarbar en mi mente para descubrir qué pudo haber pasado, mientras Levi cree que necesito unos días lejos del caos, Maverick está de acuerdo con él y Aslan sigue pensativo, intentando encontrar una solución. Él es tan pragmático como yo.

—Sería un gran momento para ir a ver los cangrejos, aunque todavía no es temporada. Sí, fue una idea de mierda, lo sé.

Suspiro.

Él y ese tema otra vez.

—Creo que ese fenómeno es interesante —Maverick le sigue el juego a Levi y ambos empiezan una conversación sin absolutamente ningún futuro.

Miro a Aslan y él sostiene mi mirada. Algo incomoda a mi amigo, incluso si lo conociera desde hace un mes y no desde hace casi dos décadas, lo sabría.

—¿Qué pasa?

—Solo me pregunto por qué estás actuando como si fueras culpable cuando eres acusado y todavía no se dictó ninguna sentencia. Vamos a salir adelante de esta, estoy seguro. Mi madre siempre dice que las personas correctas no deben tener miedo porque la verdad prevalece, y yo creo en eso.

—No siempre. He visto muchos casos en los que personas inocentes fueron condenadas.

Todos miran mal al escritor.

Él se encoge de hombros, como si acabara de admitir algo que ya deberíamos saber.

Marlon, o el guapo del piso veinte, como todos empezamos a llamarlo, ya estudió diversos casos para escribir sus libros de suspenso y no dudo que realmente piense eso.

—Pero yo soy culpable, ¿entienden? Soy el responsable de la empresa.

—Es verdad —coincide Levi.

Maverick no sabe qué decir, Aslan tampoco, y Marlon guarda silencio.

—Sinceramente, creo que J.A. es una empresa sólida, con un excelente historial de ganancias y que, aunque el valor de mercado esté oscilando después de todo esto, volverá aún más fuerte y la mayoría de los inversionistas regresará.

Es cuestión de trabajo duro y sé que luchaste muchísimo para llegar hasta donde estás, amigo.

—Ayer me puse a revisar la opinión pública y lo que comentaban los inversionistas más importantes de la actualidad sobre…

—¿Y? —pregunta Maverick, esperanzoso.

Aunque ni siquiera debería sentir algo parecido a esperanza en medio de este desastre.

—La gran mayoría recomienda vender antes de que las pérdidas sean mayores.

—Me desanimo de inmediato, pero su voz mantiene mi atención.

— Sin embargo, vi la opinión de tres inversionistas muy respetados y creen que todo se resolverá rápidamente y que las acciones de J.A.

volverán a subir. Por eso recomiendan comprar debido al bajo valor y al inmenso potencial de revalorización.

Te juro que esa fue la palabra que usaron, inmenso.

Además, Aslan y yo revisamos los informes para analizar el historial, solo para tener argumentos en caso de que alguna revista de inversiones quisiera entrevistar a alguno de nosotros dos y lo que encontramos no fue más que una empresa que surgió de la nada y cuyo valor de mercado alcanzó miles de millones.

—Deberías sentirte orgulloso del imperio que creaste y esforzarte por salvarlo, no quedarte llorando como un niño, sintiéndote culpable, eso no ayudará en nada. —Aslan da el golpe final y yo los miro como si no los mereciera.

—Lo que ellos están diciendo es básicamente que reacciones. Hoy tienes permitido beber hasta caer, pero mañana necesitas luchar y nosotros vamos a luchar a tu lado, puedes estar seguro —afirma Marlon.

—Nada mejor que una noche de juegos, ¿qué opinan? —propone Levi.

—¿Tienes cabeza para jugar? —pregunta Maverick.

—¡Claro que sí! El mejor de nosotros está jodido, así que hoy vamos a ganar facilísimo.

Ellos no se llevan tan bien.

Incluso estando nervioso de la mierda, sigo ganando algunas rondas y, mientras se quejan diciendo que ni así pierdo, me divierto y agradezco tener personas como ellos en mi vida.

Si no fuera por ese apoyo, no sé cómo estaría.

Ni quiero pensarlo.