Capítulo 6 — Algo que creía muerto
El silencio de la noche estaba lleno de sonidos que antes Nathaniel Crowford no había notado: el crujir de las ramas de los robles, el paso de un búho, el susurro del viento que movía las faldas de Soraya…
Caminaban sin dejar de mirarse de reojo, sin dejar que el silencio se hiciera incómodo, sin dejar que el pánico de aquel descubrimiento apareciese entre ellos.
De tanto en tanto, el Lord aclaraba la garganta, sin saber muy bien qué decir, sin encontrar las palabras adecuadas para aquel encuentro tan improbable.
Pero era Soraya —la más valiente de los dos— la que rompía aquel silencio.
—Milord… —dijo de forma juguetona—. ¿Así suele dar paseos a la luz de la media luna con mujeres a las que salvó de un hombre borracho?
—No… —el Lord detuvo el paso, sin dejar de contemplar su rostro bajo aquel halo plateado—. Tú… —cambió de golpe el tuteo—. Vos… sois… la primera.
Soraya sonrió de forma pícara, sin dejar de jugar con el borde de la capa que llevaba.
—¿Eso significa que soy especial?
—Eso significa que… —hizo una pausa, sin dejar de contemplarla—… que algo en vos ha despertado algo que creía muerto en mí.
De aquel silencio surgió una brisa más fría, que movió los cabellos de Soraya y el borde de la capa de Nathaniel.
Pero el frío estaba más en el alma de aquel hombre… en aquel lugar tan protegido de emociones, aquel escudo de piedra estaba comenzando a resquebrajarse.
—¿Deseáis que continuemos? —susurró el Lord, sin dejar de mirarla a los ojos.
—¿Deseáis que me detenga? —devolvió Soraya, sin dejar de sonreír.
En aquel cruce de miradas nació algo más que un mero interés… algo más grande, más intenso… algo que marcaría el resto de sus vidas.