El Legado (El Rancho de Birch Creek 1) 9. Abigail
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9. Abigail

ABIGAIL

E stas clases son un error.

Como todo este plan de verano.

No tenemos nada que hacer en un rancho, y mucho menos trabajar en él. Y este hombre no tiene paciencia para enseñar a los niños.

—No, Whitney. Para. —La voz de Steve no es de enfado, sino firme.

Hago trotar a mi caballo, un hermoso caballo palomino castrado que me ha prestado, hacia ese lado de la amplia y hermosa pista cubierta.

Tiene unas bonitas instalaciones, eso se lo reconozco.

Pero antes de que pueda decir nada, me fijo en la cara de Whitney.

No está llorando. No parece triste, ni siquiera enfadada.

Parece decidida.

—Esta vez no estás tirando —dice— pero tus manos lo sujetan demasiado fuerte mientras le pides que avance. Por eso sigue deteniéndose: señales confusas.

Whitney asiente.

—¿Puedes volver a intentarlo?

Vuelve a asentir, esta vez manteniendo las manos bajas, justo por encima del final de su melena castaña.

Trota despacio, tal y como Steve dijo que haría.

—Estupendo. Ahora, estás acostumbrada a hacer girar a tu caballo como si su cabeza fuera una polea.

En el oeste no somos tan precisos ni tan severos.

—De acuerdo.

—¿Me estáis escuchando? —Se vuelve hacia Ethan e Izzy, que están haciendo grandes círculos al trote por la otra parte.

Ambos se detienen.

—No hace falta pararse para escuchar —dice.

Empiezan a trotar de nuevo.

—Sé que resulta aburrido trotar todo el tiempo.

No empezaremos a ir al galope hasta la semana que viene, cuando esté seguro de que podéis hacerlo manteniendo el control.

La única razón por la que necesitas ir al galope durante un arreo es para alcanzar a una vaca errante o para controlar al caballo si se asusta.

Esta semana nos centraremos en el control básico con una mano.

¿Alguien sabe por qué es importante saber utilizar una sola mano?

Izzy levanta la mano libre.

—¿Sí, Izzy?—

—Así puedes utilizar la otra mano para otra cosa, como para atar una vaca —Parece muy orgullosa de sí misma.

—Así es —La sonrisa de Steve es transformadora. Pasa de ser un vaquero severo y casi aterrador a la estrella principal de un wéstern. John Wayne estaría celoso de esa sonrisa.

Tras un comienzo horrible en el que perdí las ventajas de brida e Izzy se vio obligada a rehacer la cincha de su montura dos veces, en realidad tuvimos un progreso decente.

Ethan se esfuerza más que nadie al final, lo cual es bueno.

Whitney consigue dominar sus manos y guiar bien a su caballo.

Incluso sus círculos están bastante bien hechos.

La mayor parte de mi frustración ha desaparecido .

Pero mis muslos arden. Hago una mueca de dolor mientras me inclino para bajarme de la montura .

—¿Dolorida? —Steve lo ve todo . Es insoportable.

Me encojo de hombros. —Hace mucho que no monto a caballo.

—Estoy convencido de que esos músculos no se utilizan para nada más en este mundo —dice—. Faltas unas semanas y vuelves al punto de partida.

¿Por qué de repente es tan amable?

—¿Les damos alguna golosina? —pregunta Whitney.

—Puede que el cubo esté vacío —Señala a la sala de monturas—. Pero ahí dentro hay una nevera. Trae una zanahoria para cada uno.

Está claro que Whitney no encuentra las zanahorias, así que entro para ayudarla. No puedo evitar fijarme en el paquete de cerveza Guinness, justo al lado de la bolsa de zanahorias. Uf. Ahí, a la vista, en el granero. Ni siquiera puede guardarlo en casa, como una persona normal.

Quizá necesite tener cerveza cerca en todo momento. Madre mía.

Después de ocuparse de los caballos, darles a todos al menos una zanahoria y guardar los arreos, los niños se dirigen al monovolumen.

—Gracias de nuevo —digo—. Creo que hoy hemos avanzado mucho.

—Te sorprenderá lo rápido que mejoran con las clases diarias. La mayoría de los niños olvidan la mitad de lo que aprenden en los seis días intermedios con las clases semanales.

Nunca lo había pensado, pero podría ser cierto. —Eso espero, porque no puedo evitar pensar que todo esto es un gran error.

Se apoya en la pared de una caseta. —Si crees que es un error, ¿por qué estás aquí? —No lo dice en tono acusador, pero no suena precisamente comprensivo.

—Ayer no sabías de qué estaba hablando. Parece que hoy estás mejor informado.

—Llamé al señor Swift, y luego tuve noticias de Patrick Ellingson.

—Es una de las otras tres personas que deben decidir si cumplimos los requisitos del testamento.

—Efectivamente —dice Steve—. Y nuestras familias son amigas desde hace mucho tiempo.

—Bueno, no te preocupes demasiado. Tengo que hacer todo lo posible para cumplir los requisitos, pero no tenemos intención de quedarnos después del verano.

—¿Por qué has venido?

Me planteo decirle que no es asunto suyo, porque en realidad no lo es. Pero hay algo en la seriedad con la que pregunta que me hace querer confiar en él.

—Es Ethan —Bajo la voz, pero los niños ya están en el coche. Ayuda el hecho de que el «calor» en Utah sea en torno a los 21 grados. Eso es un clima fresco en Texas—. No se ha tomado muy bien la muerte de su padre y ha decidido no solicitar plaza en ninguna universidad.

—¿Se acaba de graduar?

Asiento con la cabeza.

—Pero ¿eso qué tiene que ver…?

—Es menor hasta el 2 de septiembre —digo—. Lo que significa que puedo tomar la decisión sobre el rancho. Pero a partir de este otoño podrá tomar sus propias decisiones, y yo quiero que vaya a la universidad.

—¿Habéis hecho algún tipo de trato? —Sus cejas se elevan.

—Eso es exactamente lo que hice —Cruzo los brazos.

Me da igual que lo desapruebe—. Le dije que haríamos todo lo posible por cumplir los requisitos mientras estemos aquí, pero que al final del verano – los niños vuelven al colegio el 23 de agosto – , si no me ha convencido de que quedarse aquí y trabajar en el rancho es la mejor opción, se rendirá pacíficamente e irá a la universidad.

—Pero dijiste que no se había presentado —Señala Steve razonablemente—. No puede presentarse sin más.

—Es cierto —admito—. Pero no me rindo fácilmente. Mi amigo es decano de la Universidad Rice, y le envié las excelentes notas de Ethan en los exámenes y su nota media. Lo han puesto en la lista de espera.

—¿Y si no lo aceptan? —pregunta Steve—. ¿Entonces qué?

Seguro que se me nota el desagrado en la cara. —Irá a un centro de estudios superiores, supongo.

—¿Así que ninguna parte de ti se plantea, realmente, dejarle trabajar en este rancho? —Frunce los labios.

Hago un gesto negativo con la cabeza.

—Patrick me exigió que hiciera esta oferta, y ojalá no me lo hubiera pedido, pero aquí voy —Suspira—. Está dispuesto a pagarte, al margen de los términos del testamento, para que te marches y dejes esto.

—¿Por qué haría tal cosa? —Sospecho al instante.

—No es nada perverso. En primer lugar, a los dos nos parece pésimo que Jed no haya dejado nada a los suyos. Pero, en segundo lugar, no quiere esperar hasta el final del verano para comprar el rancho. Prefiere comprárselo a la hacienda ahora, tal como está.

No dice que preferiría que no metiéramos la pata, pero su insinuación es clara como el agua. —Le he prometido a mi hijo que estaría aquí todo el verano para que aprendiera e intentara convencerme, y sé que no me conoces, pero yo cumplo mis promesas. Siempre.

—Sólo le dije que te lo mencionaría —dice Steve—. A su familia le ahorra dinero esperar, así que en cuanto se lo explique, seguro que estará encantado de esperar.

—No estamos aquí para arrebatarle dinero a un pariente que ni siquiera conocemos.

Tampoco estamos aquí para intentar integrarnos en su pequeña ciudad.

Sólo estamos de paso, y una vez que Ethan haya visto que me preocupo lo suficiente como para hacer esto por él, una vez que crea que le escucho, se dará cuenta de que es él quien no está siendo razonable, y nos iremos todos a casa.

—Si tú lo dices.

Su tono sabelotodo y despreocupado me cabrea. —Sí, eso digo.

—De acuerdo —Sonríe.

Esta vez, no me recuerda a John Wayne. Me dan ganas de darle un puñetazo. —Eres tan condescendiente.

Sus ojos se abren de par en par. —¿Disculpa?

—¿Tienes hijos?

Sus fosas nasales se agitan. Sus manos se cierran en puños a su lado. Su cara se sonroja. Pero no responde.

—Lo tomaré como un no.

Sus ojos se entrecierran.

—Déjame que te diga una cosa. Las personas sin hijos suelen criticar las decisiones de los padres. Con frecuencia piensan que saben más —Me inclino hacia delante—. Pero hasta que no tengas un hijo, y a menos que ese hijo sea mío …

—Guau, ¿hasta que tenga un hijo que sea hijo tuyo?

Me atraganto. Eso es lo que he dicho, pero no es…

—Creo que eres una buena mujer —dice—. Pero me parece un poco prematuro empezar a hacer planes de tener hijos.

Es el hombre más irritante que he conocido nunca. Inhalo y exhalo lentamente. ¿Qué hay en él que me enfada tanto? —Ha sido una semana muy larga y no debería haberte gritado. Te agradezco inmensamente que hayas querido ayudarnos.

Debería estar enfadado. Debería estar indignado. Pero parece… feliz. —Lo entiendo. Si hubiera viajado a un lugar tan extraño y aislado, rodeada de desconocidos, y todo fuera nu evo, y estuviera intentando trabajar a distancia y ser madre… yo también me pondría un poco gruñón.

¿Gruñón? Le enseñaré… lo estoy haciendo otra vez. Retírate, Abby. Intentas hacerle ver que no estás loca. No demostrarle que lo estás. —¿A qué hora mañana? ¿Otra vez aquí? ¿O en nuestra casa?

—Creo que las instalaciones son mejores aquí, pero me gustaría que aprendieras con tus caballos —Se da golpecitos en el labio—. ¿Qué prefieres?

—Tú eres el profesional. Lo dejo enteramente en tus manos.

Esta vez, siento que me he ganado su media sonrisa. —De acuerdo, hagámoslo aquí las próximas tardes. Lo siento por la hora, pero es el único momento…