Chapter 68
Pasaron seis años, y Karin creció fuerte y sano, rodeado del amor de unos padres que le dedicaban toda su atención y cariño: ya era capaz de recitar trozos del Corán, sabía leer, y era un muchacho despierto con la misma curiosidad, color de ojos y cuerpo atlético de su padre, aunque al observar el resto de sus facciones, recordaban mucho más a las de su madre.
Durante ese tiempo la amistad con Zayd ibn Zayd se afianzó, los negocios prosperaron, y la cercanía de Fátima hizo que entre ellos surgiera un amor sereno que les llenaba de paz.
Pero algo extraño empezó a pasar. Alí llevaba unos días intranquilo y sin saber la razón, empezó a tener una sensación de angustia que le quitaba el sueño.
Se despertaba en mitad de la noche, y al salir a la calle se sentía vigilado.
Tomaba precauciones y en cuanto presentía el peligro, echaba mano a su alfanje y se volvía para identificar la amenaza; pero nada de lo que veía justificaba esa sensación, y menos aún la de tener permanentemente la mirada de un extraño, fija en su nuca.
Cuando se volvía, todo parecía normal: el bullicio, los olores, los comerciantes voceando los productos…
No había motivo para justificar tanto desasosiego, salvo por aquella sombra oscura que más que ver, presentía a su espalda y desaparecía en cuanto él se giraba.
Aquella tarde mientras leía, alzó la vista para observar a la que ya era su esposa.
Fátima le estaba contando un cuento al pequeño, que la escuchaba totalmente absorto en la historia.
Se trataba de un hombre sabio y valiente que, por voluntad de Altísimo, tenía una peligrosa misión que cumplir.
Pero su terrible destino no le impidió convertirse en un hombre ecuánime que amaba a su esposa y a sus amigos, y que adoraba a su hijo con todo su corazón.
Alí lo supo enseguida: estaba empezando a hablarle de Kamal. Lo hacía con tanta dulzura y cariño, que consiguió despertarle unas viejas vivencias que, aunque no hubiera llegado a olvidarlas, hacía tiempo que no pensaba en ellas.
Se acordó de la promesa que le hizo a su hermano antes de morir, y se levantó para empezar a cumplirla.
Se dirigió a su estancia de trabajo, sacó la escribanía que estaba oculta en un lugar seguro, y con auténtica veneración pasó la mano sobre la tapa antes de abrirla: allí estaba el escrito que contenía el legado de Kamal.
Lo leyó despacio, y después sacó un papel para empezar a escribir: si la voluntad del Todopoderoso era que él también muriese pronto, prefería que el niño conociera a su verdadero padre, por la experiencia de vida que habían tenido juntos durante tantos años. Evocó la imagen de Kamal, y empezó:
***
« Hijo mío, si lees estas palabras, es porque ya he muerto.
Allah no ha querido darme vida suficiente para que pueda cumplir la promesa que le hice a tu verdadero padre, y quiero que al menos le conozcas a través de mis recuerdos y por mi propia mano, lo que vivimos juntos y yo le prometí contarte de él.
Sabes que no soy tu padre de sangre, pero eso no ha impedido que te sienta como a mi propio hijo. Y no solo por el cariño que te profeso, también por el que le tuve a tu padre, Kamal, a quien amaba como a un hermano.
Créeme, fue un hombre extraordinario. Y esta consideración la hago desde lo más profundo de mi ser, pues con el tiempo he llegado a apreciar el gran hombre que era, y lo mucho que yo le debía.
Todo lo que voy a contarte a través de estas líneas, es rigurosamente cierto.
Y puedo afirmarlo porque lo viví junto a tu padre, o porque él me lo relató con la confianza que se tienen los hermanos de corazón.
Sin embargo, otros hechos de la vida de tus ancestros los conocí de labios de Zayd ibn Zayd, descendiente de Zayd ibn Thabit, el que fue leal discípulo del Profeta, y por su mandato escribió el testamento que también se guarda en esta caja.
Sí, hijo mío. El testamento que ahora está en tu poder junto al escrito de tu padre, del fajín rojo que bordó tu antecesora Fátima, y de este otro escrito que para cumplir la promesa que en su día le hice, te cuentan los pormenores de su vida y lo que sé de la de tus ancestros .
Empezaré por explicarte el significado del fajín.
Has de saber que lo tejió y bordó la bienaventurada Fátima, la hija del Profeta y de Jadicha.
Desde entonces y por voluntad de Allah, ha pasado de unos primogénitos a otros de tu estirpe, hasta llegar ahora a tus manos.
Fátima lo tejió cuando supo que el testamento de su padre había sido robad, y lo hizo para que no hubiera duda de los derechos que asisten al primogénito de los primogénitos de sus descendientes.
Créeme, hijo mío, ha sido muy útil para preservar tu legado, aunque su posesión haya supuesto la condena a muerte de muchos miembros de tu linaje.
Afortunadamente, el Magnánimo preservó la vida a cada uno de los primogénitos, el tiempo suficiente para que pudieran engendrar un nuevo heredero, y en su benevolencia permitió que tu padre recuperara lo que, por su voluntad, solo a tu estirpe corresponde.
Esa es la razón por la que también obra en tus manos el testamento del Profeta.
Pero no creas que tu legado te colmará de riquezas y te garantizará una vida dichosa.
Al contrario, será una pesada carga que solo podrás llevar gracias a la ayuda del Todopoderoso y de los descendientes de Zayd ibn Thahib, que durante siglos ha protegido a tu familia de los impíos.
Confía en ellos, porque han dado sobradas muestras de lealtad.
Tu destino es conseguir la unidad del islam bajo tu autoridad, y cuando se cumpla esa profecía, continuar con la lucha hasta conseguir la paz del mundo.
Por eso eres el único legitimado para ostentar la dignidad de califa.
Pero créeme, no te resultará fácil, porque encontrarás en tu camino hombres que, por ambición de poder, tratarán de impedírtelo procurando tu muerte.
Tu padre lo intentó desde que supo que ese era su destino y, según me ha contado Zayd ibn Zayd, otros de tu estirpe también lo intentaron años atrás, aunque fracasaron porque aún no había llegado el momento.
Su legitimidad fue cuestionada por los pecadores y, al no contar con más pruebas de la misma que el fajín, acabaron muriendo a manos de los pérfidos.
Tú, Karin, también debes cumplir la voluntad de Allah.
Y para que me diera tiempo a prepararte para esa delicada misión, de acuerdo con lo que dispuso tu verdadero padre, te he ocultado haciéndote pasar por mi hijo.
Pero no te preocupes por la responsabilidad que pesa sobre tus hombros pues, a diferencia de las dificultades que soportaron tus antepasados, tú cuentas con más pruebas irrefutables de tu legitimidad, ya que junto al fajín que ahora obra en tu poder, también tienes el testamento del Profeta.
Tu destino es completar la obra que inició Abu abd Allah el Mahdí, descendiente de Muhammad ibn Ismail, de la sangre de Fátima y antecesor tuyo, que muchos años atrás fue proclamado califa.
Has de saber que sus descendientes reinaron sobre vastos territorios de la umma, al principio desde Kairuá y luego desde El Cairo, pero la traición les hizo fracasar pese a ser unos gobernantes juiciosos, y fueron asesinados sin piedad.
Tú, hijo mío, has de continuar su labor y cumplir con esa gran misión.
Para ello, si el Magnánimo me da vida y fuerzas, te enseñaré los principios en los que habrás de inspirarte para conseguirlo.
Son los mismos que me enseñó tu padre en las tardes en que pude gozar de su saber y compañía, y que he guardado en mi corazón para transmitírtelos a ti.
Por eso te pido que nunca olvides que, antes que cualquier otro interés, has de ser el primer protector de los pobres, los ancianos, las viudas y los niños.
La limosna es una de las principales obligaciones que tenemos los creyentes, y nada justifica la avaricia de no repartir entre los más menesterosos, hasta que no tengan cubiertas sus necesidades más elementales.
Pero también debes proteger el saber, incluida la ciencia de los antiguos, pues todo lo bueno que ha ocurrido desde que Allah creó el mundo, está inspirado por Él.
Da igual que se trate de arte, filosofía, medicina, farmacopea, arquitectura…
siempre habrás de alentar a los estudiosos y a los juristas, porque su obra redunda en beneficio de todos.
No lo olvides, y procura que los patios de las madrazas y las bibliotecas, sean siempre lugares en los que crezca la hermosa flor del conocimiento, la concordia y la paz.
Recuerda que la libertad de pensamiento y la razón, asumida por los fieles según su propia conciencia, son buenas mientras no violen los derechos de los demás; así que no escatimes esfuerzos, y gasta dinero en estimularlas.
Y hazlo siempre, aunque las creencias de esos sabios a los que proteges, vayan en contra de tu propio criterio.
Porque no será el camino más fácil, pero nunca debes olvidar que el libre albedrío constituye la esencia del hombre, porque Allah nos hizo a su imagen y semejanza.
Antes de empezar a contarte la historia de tu padre, quiero referirte la frase que siempre solía repetir: « solo el Elegido es el legítimo, y los demás miembros de la umma, incluidos los seguidores del libro que aún no han abrazado nuestra fe, deben ocupar los puestos que les correspondan según sus merecimientos » .
Hijo mío, la tolerancia es la base de la paz, y solo si somos capaces de escuchar y ver lo bueno que hay en las personas que opinan distinto, nos aproximaremos a la Verdad que solo Allah conoce.
Tu padre así lo hizo y aprendió mucho de personas como Isaac ben Tata, cuya virtud a pesar de ser judío, nada tenía que envidiar a la de nuestros más piadosos santos.
Tenlo siempre presente porque nosotros, pobres criaturas, apenas atisbamos a ver los retazos de esa gran Verdad.
Lo que para otros es un ideal, para ti que estás llamado a ser guía e infalible gobernante, será siempre una obligación.
Por ello te corresponde el sagrado deber de poner en común el saber de todos, y no permitir que se desprecie a los que son o piensan distinto.
No lo olvides, hijo mío, pues si así no lo hicieras, estaría desobedeciendo la voluntad del Magnánimo.
Muchas fueron las enseñanzas de tu padre, y si Allah me da fuerzas y vida, te las iré contando personalmente. Pero si, como presiento, esa no fuera su voluntad, a través de este escrito conocerás su vida.
Has de saber que tu padre nació en Al-Ándalus, en un poblado de la taha de Jubiles al que Fadil ibn Zayd, su protector, decidió llevar a tu abuela embarazada, para ocultarla de sus enemigos…
FIN