El Legado de Lúgardark (Arlasófica 2) Chapter 23 La historia de Víncel Rétfor #3
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Chapter 23 La historia de Víncel Rétfor #3

Esa pregunta tenía difícil respuesta. Si es que en realidad tenía alguna.

Se fueron a dormir demasiado tarde. No les permitieron descansar hasta que terminaron de fregar casi la mitad de los pasillos, pero al menos se libraron de limpiar por la mañana, así que el día comenzó como otro cualquiera: revisión de dormitorios, formación en el patio, ducha, desayuno y,

a continuación, clase de historia militar con el maestre Aldo Rénir.

La clase transcurría como casi siempre: aburrida y tremendamente incitante al sueño.

Xalara estaba demasiado cansada debido a los extenuantes turnos de limpieza.

Ni siquiera toda la preocupación que llevaba encima como una mochila cargada de piedras era capaz de vencer al sueño.

Además, ya les había comunicado la instructora supervisora de limpieza que esa noche se encargarían de limpiar la biblioteca.

Tarea que, como mínimo, los llevaría hasta la madrugada.

Así que la perspectiva de encontrar un descanso renovador quedaba aplazada para otro momento.

Aldo Rénir comunicaba con su habitual tono pausado, hasta que algo en las gradas detuvo su dicción. Xalara no tardó en percatarse de que, a su lado, Michelle tenía la mano levantada, reclamando la atención del maestre.

—¿Sí…? Recluta Nédelen.

La audición de ese apellido provocó que, de forma instantánea, las miradas ausentes de los reclutas se dirigieran hacia un mismo punto: el dedo índice de Michelle, alzado hacia el techo de Lúgardark.

Esa circunstancia provocó que mirase hacia Xalara, como si buscara su aprobación para seguir adelante con sus intenciones, aunque ella estaba tan sorprendida que no supo cómo reaccionar, ni el motivo que llevaba a Michelle a levantar la mano.

—¿Quién era Víncel Rétfor? —balbució ella, lo suficientemente alto como para que la excelente acústica del auditorio hiciera el resto del trabajo.

El maestre se quedó petrificado, uniéndose al resto de presentes. Nadie parecía entender nada salvo Xalara, que estaba deseando darle una patada a su amiga por lo que acababa de hacer.

—¿Dónde has oído ese nombre? —preguntó el maestre con el ceño fruncido.

—Pues… —dijo Michelle, añadiendo suspense a su respuesta, seguramente para darse tiempo de pensar en algún argumento que pudiera parecer convincente.

Miró a Xalara, pero su gesto de contrariedad no le ayudó demasiado—.

Mis padres tienen un negocio en el pueblo —soltó de un tirón—.

Una panadería, para ser más exactos. Y… siempre tienen un periódico en el mostrador para que la gente pueda entretenerse mientras esperan a ser atendidos.

El negocio tiene varias décadas de antigüedad, porque fue fundado por mis abuelos maternos.

Mi abuelo tenía la costumbre de guardar todos los periódicos en una estantería enorme.

A mí me encanta leer, pero mis padres no siempre tenían el dinero suficiente para permitirse el lujo de comprarme libros al mismo ritmo que yo los devoraba.

Entonces, cuando no tenía nuevas lecturas, echaba mano de los periódicos de mi abuelo.

Me gustaba leer noticias, aunque fuesen menos divertidas que las historias de los libros.

Ahora he recordado el nombre de Víncel Rétfor porque tenía algo que ver con Lúgardark —concluyó Michelle casi sin aliento—.

Y… como estamos en clase de historia, he pensado que usted podría ayudarme a recordar quién era ese chico —añadió al ver que el maestre no decía nada.

—Víncel Rétfor fue un recluta como vosotros, hace unos cuarenta años. Si no recuerdo mal, era de la Comarca del Sureste —respondió al fin Aldo—. Yo fui su maestre, y él protagonizó la única desaparición registrada hasta ahora en la historia de Lúgardark.

Todos desviaron su atención hacia él después de oír esa curiosidad.

—Era solitario y le costaba relacionarse con los demás —continuó el maestre—. Torpe en las instrucciones, pero hábil en las clases teóricas, como, por ejemplo, la mía.

—¿Se supo cómo desapareció? —preguntó una chica desde la fila más baja, haciendo la evidente pregunta que todos deseaban.

—Tienes que levantar la mano y esperar a que yo te dé el permiso para hablar —le recriminó el maestre.

—Lo siento —murmuró ella.

—En contestación a tu pregunta, la versión oficial fue que había desertado —hizo una pausa prolongada, como discutiendo con su conciencia la posibilidad de seguir hablando—, pero os aseguro que Víncel Rétfor nunca haría algo así.

Otro recluta, esta vez desde una de las filas más altas, también levantó la mano.

—Habla —dijo, apuntándole para darle permiso.

—¿Y cuál es la versión no oficial?

El maestre carraspeó, sujetándose para no hablar más de la cuenta, pero Xalara estaba segura de que en realidad deseaba hacerlo.

—La versión no oficial es que alguien le ayudó a poner fin a su tormento —respondió hablando más rápido de lo que acostumbraba, como si de esa forma fuera más ética su respuesta.

—¿Alguien lo mató? —preguntó otra vez el mismo.

En esta ocasión, Aldo no le recriminó el hecho de no levantar la mano.

—Esa es la teoría más lógica —afirmó el maestre, que parecía menos presionado ahora que cuando empezó a responder a la pregunta.

—¿Y se sabe quién lo hizo? —preguntó la propia Michelle, casi mirando más a su amiga que al propio maestre.

Él se mostró nervioso de repente, pero aun así respondió:

—Viggo Estrango.

Todo el auditorio intentó ahogar un grito, aunque algunos no lo consiguieron.

Xalara estaba segura de que Aldo, por la razón que fuese, odiaba al maestre de arlasofía, y esa respuesta no dejaba de ser su particular forma de venganza.

—Estrango era el único recluta con el que alguna vez se le vio relacionarse —prosiguió Aldo, que, lejos de querer recortar la respuesta, parecía muy interesado en explicar todos los detalles—.

Fue investigado como el único sospechoso implicado en la desaparición, pero, al no encontrarse el cadáver, fue absuelto de cualquier cargo.

Aunque todos los que vivíamos en Lúgardark en aquellos tiempos, sabíamos que tuvo algo que ver en la desaparición.

En mi opinión, lo mató y de alguna forma se deshizo del cuerpo —concluyó clara y rotundamente, dejando entrever el odio acumulado hacia el actual maestre de arlasofía táctica.

El habitual campaneo que marcaba el final de la clase llegó de forma inesperada para romper la tensión e incertidumbre que se generó en el auditorio.

Los reclutas tardaron mucho más de lo acostumbrado en levantarse de sus asientos, como si por primera vez escuchar a Aldo Rénir les hubiera parecido corto.

Evidentemente deseaban conocer más detalles sobre la desaparición de Víncel Rétfor, pero, sobre todo, más aclaraciones sobre la supuesta implicación de Viggo.

Era un tema demasiado candente como para obviarlo.

Durante el resto del día, Xalara y Michelle apenas dispusieron de tiempo para hablar.

Mucho menos de asuntos tan delicados como que un actual maestre fuera el principal sospechoso de las desapariciones en Lúgardark.