CATÁSTROFE #2
Luego una fractura gigantesca recorrió la fachada de abajo hacia arriba.
La torre comenzó a desmoronarse.
—¿Por qué hay aprendices allá? —gritó la profesora Nabila con horror.
Un grupo de seis aprendices trataba de correr hacia la zona segura, pero el suelo se sacudía de forma inclemente y no lograban avanzar. Iban a ser aplastados por la torre.
Livier maldijo en voz baja y salió corriendo del escudo a una velocidad descomunal, seguido de Leone en su forma de gryón. El corazón de Dara casi se le escapa del pecho, pero confiaba en que Livier y Leone sabían lo que hacían.
—¡Por la Rosa! —el profesor Ozaiha, cabeza del Departamento de Forzacuerpos, fue tras ellos.
El gryón llegó en cuestión de segundos al grupo de aprendices; dos de ellos subieron a su espalda y él los sacó de ahí.
Mientras, Livier se posicionó frente a la torre y usó su magia para detener la inevitable caída.
La fuerza brutal de la estructura cayendo lo empujaba hacia atrás, pero él se mantenía firme.
Era un espectáculo majestuoso y aterrador por igual.
Nada se comparaba a la magia de un rompealmas.
La torre se inclinaba más y más, pero era un descenso lento y les daba a los aprendices tiempo de huir. Pedazos de piedra comenzaron a caer como lluvia y a azotar contra el suelo. El profesor Ozaiha logró detener uno antes de que aplastara a un pobre aprendiz que había tropezado.
Dara se sentía inútil e impotente mientras miraba a Livier sostener toda una estructura de piedra con su magia de alma. Si ella la dominara, podría ayudar. Pero eso no era cierto. Si ella la dominara, tendría que ocultarlo. Estaría en la misma situación, sin poder hacer nada.
—¡Ya son todos! —Se escuchó el grito del profesor Ozaiha.
Livier comenzó a retroceder sin dejar ir la estructura, pero mientras más se alejaba, más rápido comenzaba a sucumbir. Cuando se aseguró de que estaba fuera de la zona del impacto, la soltó. El efecto fue catastrófico. Piedra a piedra, la torre administrativa de la Academia Valrose se desmoronaba.
Un grito agudo se escuchó como una lanza.
Quedaba una aprendiz.
Una chica de primer año venía corriendo a toda la velocidad que sus piernas se lo permitían, pero era evidente que no lograría ganar la carrera contra la destrucción.
Lo siguiente ocurrió muy rápido. Una de las almenas de la torre iba directo hacia ella, pero justo antes de la colisión, fue empujada con fuerza por Leone en su forma de gryón.
La aprendiz rodó varios metros y salió de la zona de peligro.
La almena impactó contra el gryón, que dejó escapar un aullido de agonía al ser aplastado por la piedra.
—¡LEONE! —el grito que salió de la garganta de Verian fue visceral.
Dara apenas podía comprender lo que acababa de suceder. Verian ya no estaba dentro del escudo, corría hacia la figura inerte de Leone, que había vuelto a su forma humana. Solo su mano sobresalía de entre los escombros.
Las piernas de Dara comenzaron a moverse en dirección a Leone, y en su periferia, pudo ver que Livier, Ashe, Catriona y Alessa también corrían hacia allá. Todo sonaba lejano y amortiguado, la mente le había quedado en blanco y por eso no se percató de que la tierra había dejado de temblar.
Delante de ella vio a Verian llegar a Leone. Él se dejó caer al suelo y con su magia temblorosa intentó alzar la almena, pero estaba demasiado aterrado. Pronto llegó Livier y de un movimiento retiró la enorme piedra del cuerpo de su amigo y de inmediato lo cubrió con la gabardina que llevaba.
—¡Abran paso! ¡Tenemos que llevarlo con un doctor! —exclamó el profesor Ozaiha.
—¡No lo toquen! —gritó Verian, frenético.
Verian se había arrodillado y cubría la cabeza de Leone, que yacía inconsciente. Un charco de sangre comenzaba a formarse debajo de su cráneo.
—Leo, Leo, ¿me escuchas? —susurró Verian sin poder dejar de temblar—. ¡Leone!
Sus ojos estaban abiertos de par en par y su piel, ya de por sí pálida, lucía más blanca que nunca. Parecía que estaba al borde de un colapso nervioso mientras gritaba el nombre de Leone como si fuera lo único capaz de mantenerlo cuerdo.
—Verian, tenemos que moverlo de aquí —dijo Livier.
—¡No! ¡Tiene que despertar! ¡Tiene que…! —Pero no pudo terminar esa frase, porque un sollozo se le atoró en la garganta. Miró a su hermano con ojos suplicantes—. Livier, ¡haz algo!
—No tengo el conocimiento necesario para tratar heridas tan graves. Mi magia podría empeorarlo todo. Leone necesita atención médica profesional.
—¡Lo que necesita es que hagas algo! —gritó Verian con desesperación.
Livier tomó a su hermano menor de los hombros y lo miró a los ojos.
—Escúchame. Leone va a estar bien. Si alguien puede sobrevivir a algo así, es él. Es un forzacuerpos, ¿me entiendes? —La voz de Livier era suave, le hablaba a Verian como si fuera un pequeño asustado. Dara suponía que, en ese momento, sí lo era.
Verian dejó caer la frente en el hombro de Livier y apretó su camisa con los puños.
Dara podía ver los espasmos en su cuerpo y tuvo que aguantar las ganas de llorar.
A su lado, Catriona no lo había logrado.
Lágrimas caían por sus mejillas sin reparo.
Penélope le daba besos en la barbilla para tratar de consolarla.
La doctora de la academia llegó a ellos y empezó a dar órdenes.
Tenían que llevarse a Leone a un hospital, ya que no era seguro entrar a ningún edificio en el campus.
Ninguna otra estructura importante se había caído, pero el suelo estaba destrozado y necesitaban hacer una inspección rigurosa para no poner en riesgo a los aprendices.
Solo cuando se llevaron a Leone —acompañado de Livier, Verian y Ashe—, Dara se permitió contemplar la destrucción que había dejado el terremoto.
Si es que podía llamársele así. Ese no había sido un desastre natural como los demás.
Había durado trece minutos y los estragos que dejó a su paso eran inmensurables.
Los profesores ya se encontraban en el área de los dormitorios, revisando los daños. Varios aprendices habían caído en las grietas de la tierra hambrienta y no se sabía su estado. La profesora Maevra se había puesto en contacto con la subdirectora Agatha Monrae y anunció que ya venía en camino.
De la archimaga aún no había noticias, pero ya habían enviado un mensaje urgente para notificarle la gravedad de la situación.
Algunos aprendices se habían reunido afuera de la cafetería con una radio portátil para escuchar las noticias sobre el temblor. En todas las estaciones se hablaba de lo mismo.
—¡Ha temblado en Olsian! Se registró un terremoto como ningún otro en el norte del país.
La zona más afectada parece haber sido la Montaña de la Rosa, donde se encuentra la Academia Valrose.
Los reportes dicen que la torre administrativa se derrumbó y hubo algunos lesionados.
Todavía no tenemos informes del número, pero…
—Los liyianos están alterados y exigen respuestas por parte del equipo de Maxine Rumas. La investigación lleva meses y no encuentran una explicación. ¿Será que no la hay? ¿Será que el origen de los desastres naturales es divino, como hace quinientos años?
—Hay terror en el aire. La Academia Valrose es el lugar más sagrado que existe. Es la casa de nuestros magos, de la archimaga y de Valrose Monrae, bendecida por Enia. Si ni siquiera ahí pueden estar seguros, ¿qué será del resto de Liyia?
Dara, Catriona y Alessa estaban sentadas en los escalones de la cafetería, un poco alejadas de la multitud, pero lo suficientemente cerca para escuchar lo que se decía en la radio. Ninguna de las tres hablaba. Dara tenía a Penélope en su regazo y la acariciaba de forma ausente.
Los rayos del sol ya empezaban a colarse por la montaña. Era el amanecer más desesperanzador que había vivido en años. Jamás imaginó que los desastres naturales pudieran terminar en… esto. Tanta destrucción, desolación y angustia.
Lo peor de todo era que ella sabía lo que estaba ocurriendo.
El equipo de Maxine Rumas no encontraría nada que pudiera explicar los desastres, porque no provenían de cambios en la tierra física, como la geóloga cazaelementos teorizaba.
Ahora más que nunca, Dara creía en la teoría de Cedric.
Eran gritos de ayuda del Creador, y cada vez se hacían más fuertes. ¿Significaba que el fin estaba cerca?
Si la humanidad no recuperaba pronto la capacidad de soñar, todo iba a terminar. La Brigada de los Sueños tenía que apresurarse.