CAPÍTULO 23 — LA EXTRACCIÓN AÉREA EN HELICÓPTERO #2
—Tubo posicionado a veintiún centímetros de la comisura labial, capnografía con curva cuadrada perfecta y EtCO2 de treinta y seis milímetros de mercurio —certificó la doctora Mendiluze—.
Administramos dos unidades de concentrado de hematíes O negativo presurizado y un gramo de Ácido Tranexámico intravenoso.
La presión arterial de la paciente ascendió a ciento diez sobre setenta milímetros de mercurio y la saturación de oxígeno alcanzó el cien por cien.
Unai, quitándose el casco de vuelo y secando el agua de su rostro, miró a Miren con admiración infinita.
—Has devuelto a la vida a esta mujer en pleno vuelo entre las nubes, Miren.
Miren le sonrió con una dulzura infinita, acariciando su brazo con su mano enguantada.
—Tú la arrancaste de las fauces de las olas en el último segundo, Unai. Hemos formado el equipo perfecto.
A las diez y cuarenta y dos minutos, el helicóptero de rescate posó sus patines suavemente sobre la diana reflectante del helipuerto de la azotea del Hospital Universitario de Cruces en Barakaldo.
El equipo de trauma de guardia, encabezado por el doctor Zubieta y cuatro celadores, esperaba junto a la manga de acceso con una camilla hidráulica de reanimación.
Miren y Unai descendieron la camilla de la paciente, transfiriéndola en menos de treinta segundos a través del ascensor de alta velocidad hacia el Box 0 de Politrauma .
—Mujer de cuarenta y dos años, traumatismo craneoencefálico severo con neumotórax a tensión derecho descomprimido en vuelo, intubada y ventilada, con fractura abierta de fémur derecho Grado IIIA de Gustilo estabilizada con torniquete y tracción mecánica —resumió Miren en la entrega clínica.
El equipo quirúrgico ingresó de inmediato a la paciente en el quirófano de urgencias para la colocación de un tubo de drenaje pleural definitivo y la fijación externa del fémur mediante enclavado intramedular.
A las dos de la tarde, el doctor Zubieta salió del quirófano central de Cruces para informar a Miren y Unai sobre el resultado de la intervención.
—La tomografía computarizada craneal no muestra hematomas epidurales ni subdurales quirúrgicos; el edema cerebral es mínimo gracias a la excelente oxigenación y normocapnia mantenidas durante el vuelo —anunció el cirujano jefe con una amplia sonrisa—.
El fémur ha quedado perfectamente alineado y fijado, la arteria femoral profunda está íntegra y el pulmón derecho está totalmente reexpandido.
La doctora Larrea despertará mañana en la UCI sin secuelas neurológicas ni vasculares.
Miren y Unai se abrazaron en el pasillo de quirófanos con una alegría inmensa que borraba toda la tensión acumulada de la mañana.
A las cuatro de la tarde, en la Jefatura Central de Erandio, la inspectora jefa Irati Mendiluze presentó el informe pericial preliminar sobre los restos de la embarcación Itsas-Ikerketa II .
Los químicos de la Policía Científica analizaron las muestras de combustible del depósito nodriza del barco siniestrado.
—El gasóleo marino había sido adulterado intencionadamente con una emulsión de agua salada y silicato de sodio que bloqueó los inyectores del motor tras veinte minutos de navegación —dictaminó el informe forense—.
Los mercenarios sabotearon el barco científico para evitar que el equipo de AZTI tomara muestras de agua y sedimentos en la fosa de Capbreton que pudieran incriminar a la red suiza en los vertidos clandestinos.
La jueza Elena Orue incorporó de inmediato las pruebas al sumario judicial por tentativa de homicidio agravado y terrorismo ambiental.
A las seis de la tarde, el Director General del centro tecnológico AZTI y varios investigadores marinos visitaron el hospital de Cruces para agradecer personalmente a Miren y Unai el rescate heroico de sus compañeros.
—Nos habéis devuelto la vida de nuestros científicos y la esperanza en nuestro trabajo por la conservación marina — declaró el director emocionado, entregando a la tripulación del helicóptero una insignia de oro conmemorativa de la investigación oceanográfica vasca.
A las ocho de la tarde, en la cantina de la base aeronaval de Iurreta, los pilotos, mecánicos de vuelo y operadores de rescate brindaron con sidra natural y queso de oveja por el éxito impecable de la misión.
El comandante de vuelo levantó su copa hacia Unai y Miren.
—Por el salto más difícil en el peor temporal del año y por la mejor reanimación a trescientos metros de altura. ¡Por el equipo de rescate aéreo de Euskadi!
Los aplausos resonaron en todo el hangar de helicópteros.
En los talleres de la base de Iurreta, los mecánicos de aviación completaron la inspección no destructiva por corrientes de Foucault del cable de acero del cabrestante Goodrich .
—El cable soportó tensiones dinámicas de más de novecientos kilos durante el izado con viento racheado sin presentar deformaciones permanentes ni rotura de hilos —certificó el jefe de mantenimiento aeronáutico—.
Las turbinas Turbomeca mantuvieron parámetros de temperatura y presión de aceite óptimos en todo el régimen de vuelo estacionario.
La aeronave quedó repostada y en alerta operativa de cinco minutos para nuevas misiones de emergencia.
En el salón de actos del Hospital de Cruces, la doctora Miren Mendiluze y el enfermero Larrazabal presentaron ante los médicos del Servicio de Emergencias Sanitarias (Emergentziak) las curvas de ventilación mecánica y la monitorización de la capnografía durante el vuelo.
—En trauma torácico grave en helicóptero, la toracocentesis inmediata con catéter ARS y la intubación guiada por videolaringoscopia evitan el colapso hemodinámico por hipoxia y aumento de la presión intratorácica en altitud —explicó Miren ante una audiencia de cincuenta facultativos—.
La ventilación protectora con volumen corriente de seis mililitros por kilo de peso ideal es la clave de la supervivencia neurológica.
La exposición fue calificada de modélica por la dirección médica de Osakidetza.
A las cinco de la tarde, los vecinos y la Cofradía de Pescadores de Armintza se congregaron en el muelle pesquero para recibir a Miren y Unai.
El alcalde pedáneo hizo entrega al oficial Etxebarria y a la doctora Mendiluze de una maqueta de madera de roble que reproducía el faro de Gorliz y una placa de agradecimiento del pueblo.
—Vuestro valor en medio del temporal evitó que nuestro puerto llorase una tragedia inmensa —proclamó emocionado el patrón mayor entre aplausos de toda la comunidad marinera.
En los laboratorios de química ambiental del IVML, los peritos concluyeron el muestreo de aguas y sedimentos en la cala de Armintza.
—Los restos de combustible quedaron confinados y disipados por el fuerte oleaje sin afectar a los bancos de algas ni a las colonias de percebes de los acantilados —certificó el dictamen —. La reserva marina mantiene índices óptimos de pureza biológica.
A través de videoconferencia de alta seguridad, la Sección Central de Helicópteros de la Ertzaintza y el Servicio de Urgencias de Cruces mantuvieron una reunión de trabajo con los centros de salvamento aeronaval de Finisterre y Cherburgo.
Los mandos franceses y gallegos felicitaron a la tripulación por la técnica de izado dinámico en vuelo estacionario.
—El protocolo vasco de médico a bordo en misiones de salvamento extremo en mar gruesa es una referencia europea de excelencia operativa —declaró el prefecto marítimo francés.
A primera hora de la mañana, Miren y Unai visitaron los viveros tradicionales de marisco en las rocas de Armintza.
Los biólogos de AZTI, ya recuperados, les mostraron las piscinas naturales donde crecen bogavantes y nécoras en agua limpia.
—Gracias a vosotros, este mar sigue vivo y fecundo —les dijo uno de los jóvenes biólogos rescatados con una sonrisa de gratitud sincera.
A las seis de la tarde, en el taller de forja de Tolosa, Unai comenzó a moldear al fuego de carbón una figura de acero y bronce que representaba un águila marina con las alas extendidas sobre una ola rota.
Con golpes medidos de martillo, cinceló el lema de la unidad aérea de rescate en la base de piedra caliza.
Miren lo observaba con fascinación y devoción.
—Cada golpe de tu martillo, Unai... tiene la nobleza de tu corazón protector.
Unai levantó la mirada, dejó la herramienta y la besó con una pasión infinita.
—Todo lo que forjo en esta vida, Miren, lleva el fuego del amor que siento por ti.
Al filo de la medianoche, el fuego de la chimenea proyectaba sombras doradas y cálidas sobre las vigas de roble noble de la habitación abuhardillada del caserío.
Unai tomó a Miren entre sus brazos con una pasión infinita, despojándola lentamente de sus ropas y besando cada rincón de su piel.
Miren acarició el torso firme y los hombros anchos de Unai, sintiendo el latido poderoso y devoto de su corazón.
—Eres mi guardián, mi héroe y mi vida entera, Unai.
Unai la levantó en brazos y la depositó con ternura sobre la cama de sábanas blancas.