CAPÍTULO 22 — EL SABOTAJE EN LA BODEGA ANEGADA
A las cuatro y cuarto de la madrugada, cuando el helicóptero de emergencias médicas trasladaba a Joseba Agirre hacia el hospital de Cruces, los sensores de nivel de sentina del carguero fondeado en el Abra exterior comenzaron a emitir una alarma acústica intermitente en la consola del puente de mando.
El oficial Unai Etxebarria y el patrón de Salvamento Marítimo examinaron la pantalla del sistema telemétrico de control de estabilidad del buque.
—Oficial Etxebarria, tenemos una entrada masiva de agua de mar en la bodega número tres y en los tanques de doble fondo de babor —informó el técnico naval con rostro alarmado—.
El caudal supera las trescientas toneladas por hora.
Los asaltantes abrieron las válvulas maestras de fondo ( Kingstons ) de cuatrocientos milímetros y bloquearon los actuadores hidráulicos con pasadores de acero templado antes de ser neutralizados.
Unai miró el inclinómetro de burbuja del mamparo.
El buque presentaba ya una escora de seis coma cinco grados a babor y un calado de popa que aumentaba a razón de diez centímetros cada cinco minutos.
—Si la bodega tres se anega por completo, el barco perderá la estabilidad transversal por efecto de superficie libre, dará la vuelta por ojo y se hundirá en el canal de acceso al puerto de Bilbao en menos de cuarenta minutos —dictaminó Unai con voz firme y serena—.
Eso bloquearía el tráfico marítimo de todo el norte de España y provocaría la rotura de los tanques de combustible, vertiendo seiscientas toneladas de fuelóleo pesado en las playas de Getxo y Sopela.
La inspectora jefa Irati Mendiluze , desde el centro de mando de Erandio, activó el Plan Especial de Emergencias por Contaminación Marina.
—Unai, la prioridad absoluta es cerrar esas válvulas de fondo antes de que el buque alcance el ángulo de inundación crítica. El remolcador Ibaizabal Quince y la lancha de buceo de la Ertzaintza están acoderados a vuestro costado.
En la cubierta principal, bajo una llovizna fría que caía sobre el Cantábrico, el oficial Unai Etxebarria y el cabo Iker Aldai prepararon sus equipos de inmersión en entorno hostil y confinado.
Para sumergirse en una bodega anegada de agua de mar mezclada con fuelóleo pesado IFO 380 , lubricantes sintéticos y aguas de sentina, el equipamiento convencional de buceo recreativo era completamente inútil y peligroso.
Se enfundaron los trajes secos de caucho vulcanizado de alta resistencia química Viking Pro 1000 HD , diseñados específicamente para resistir hidrocarburos aromáticos y disolventes sin degradación del material.
Sobre los hombros se ajustaron los arneses de rescate pesado con botellas bibotella de acero de quince litros cargadas a doscientos treinta bar con aire enriquecido Nitrox 32 , conectadas a máscaras faciales integrales de presión positiva Interspiro AGA Divator MK II con sistema de comunicaciones subacuáticas por cable umbilical blindado.
La doctora Miren Mendiluze , que acababa de regresar en la patrullera Itsas-Zaintza tras asegurar la estabilidad de Joseba en Cruces, subió a la cubierta del buque nodriza para supervisar los parámetros biomédicos y la seguridad de los buzos.
Miren comprobó la hermeticidad de los manguitos de cuello y muñecas de látex reforzado de Unai.
—Unai, la temperatura del agua en la sentina está a once grados, pero la viscosidad del hidrocarburo reducirá la visibilidad a cero absoluto. Llevas sensores dérmicos de oximetría continua y transmisión de frecuencia cardíaca por cable. No te arriesgues más de lo estrictamente necesario.
Unai tomó las manos enguantadas de Miren entre las suyas, mirándola con una devoción y una ternura infinitas a través del visor de su máscara.
—Cerraremos esas válvulas y adrizaremos este barco, Miren. Quédate en la estación de descontaminación de cubierta. Tu voz en el intercomunicador será mi guía bajo el agua.
A las cuatro y treinta y cinco minutos de la madrugada, Unai Etxebarria y el cabo Aldai abrieron la escotilla estanca de acceso a la bodega número tres.
El nivel del agua negra y viscosa cubría ya los primeros cuatro metros de la escala vertical de acero.
Unai introdujo las piernas en el fluido oscuro, sintiendo la presión gélida del líquido envolviendo su traje vulcanizado.
—Buzo uno en el agua. Iniciando descenso por el pasamanos de estribor hacia el plan de la sentina —reportó Unai por el canal de audio del cable umbilical.
Al sumergir la cabeza por debajo de la superficie del agua negra, la oscuridad fue absoluta.
Los focos subacuáticos LED de cinco mil lúmenes Halcyon no lograban penetrar ni diez centímetros en la suspensión viscosa de fuel y agua salada.
Unai avanzó guiándose exclusivamente por el tacto de sus manos enguantadas en neopreno de cinco milímetros, deslizando sus dedos a lo largo de la tubería maestra de aspiración de cuarenta centímetros de diámetro.
A su alrededor, el crujido sordo de los mamparos bajo la presión del agua y el gorgoteo violento del chorro de entrada en la válvula de fondo generaban un estruendo vibratorio que resonaba en el interior de su cráneo.
—Profundidad de inmersión: seis coma dos metros. Presión ambiente: uno coma seis atmósferas —comunicó el operador de superficie desde la consola de gases.
A las cuatro y cuarenta y dos minutos, los dedos de Unai alcanzaron el volante de fundición de sesenta centímetros de la Válvula de Fondo Principal de Babor .
Al palpar el vástago roscado de bronce, Unai detectó el sabotaje.
Los mercenarios habían introducido una barra de acero de construcción de treinta y dos milímetros de diámetro entre los radios del volante y el mamparo estanco, deformando los pernos de fijación para impedir el giro manual.
—Superficie, he localizado la válvula Kingston de babor —transmitió Unai con respiración controlada y pausada—. La barra de enclavamiento está doblada y encajada a presión en la cruceta. Necesito la cizalla hidráulica de corte submarino.
El cabo Aldai descendió por el cabo guía portando la cizalla hidráulica compacta Holmatro ICU 05 A 10 , conectada a la bomba electrohidráulica de cubierta mediante mangueras gemelas de alta presión de setecientos bar.
Aldai colocó las mandíbulas de acero forjado de la cizalla sobre la barra de enclavamiento mientras Unai sostenía la herramienta con ambas manos en el fondo de la sentina.
—¡Presión hidráulica en tres, dos, uno...! —ordenó Unai.
En la cubierta, el operador activó la bomba hidráulica.
Las cuchillas de la cizalla ejercieron una fuerza de corte de veinticinco toneladas , seccionando la barra de acero templado con un chasquido seco que vibró en el agua.
Unai retiró los fragmentos de metal cortados y los depositó en la saca de herramientas de rescate.
Con el volante liberado, Unai acopló la llave de impacto multiplicadora de par neumática al eje central de la válvula.
El torrente de agua de mar a alta presión empujaba el obturador con una fuerza hidrostática de más de cuatro mil kilos.
Unai apoyó sus botas en la bancada de hormigón de la quilla, fijó el cuerpo contra el mamparo y comenzó a girar el volante en sentido horario.
—Una vuelta... dos vueltas... tres vueltas... —contaba Unai con voz firme en el micrófono.
En el monitor de cubierta, Miren observaba la telemetría de su frecuencia cardíaca, que se mantenía en unos asombrosos ciento doce latidos por minuto gracias al entrenamiento hiperbárico de élite del oficial.
A la vuelta número veintidós, el obturador de compuerta cónica encajó firmemente en su asiento de bronce.
El rugido ensordecedor del chorro de agua cesó de golpe, sustituido por el silencio absoluto de la sentina inundada.
—¡Válvula de fondo de babor cerrada y sellada al cien por cien! —anunció Unai con voz triunfal—. Pasamos a la válvula de aspiración secundaria de estribor.
Ocho minutos más tarde, Aldai y Unai completaron el cierre de la segunda compuerta, deteniendo definitivamente la entrada de agua en el casco del carguero.
—¡Bodega estanca y segura! ¡Entrada de agua neutralizada!
A las cinco y cinco minutos de la madrugada, los bomberos de la Diputación Foral de Bizkaia y los técnicos de Salvamento Marítimo introdujeron cuatro mangueras de aspiración de seis pulgadas conectadas a dos motobombas sumergibles de achique Flygt 2125 .
Las bombas comenzaron a evacuar el agua de la bodega tres a un ritmo de cuatrocientas cincuenta toneladas por hora , bombeando el fluido a través de un separador de hidrocarburos hacia las cubas del buque de recogida de residuos Marpol I .
A las cinco y media de la mañana, la escora del buque se redujo de seis coma cinco grados a un grado y medio , recuperando el asiento adrizado y eliminando por completo el peligro de zozobra.
El capitán marítimo de Bilbao certificó la estabilidad del carguero en el libro de navegación oficial.
Cuando Unai Etxebarria e Iker Aldai salieron por la escotilla de la bodega a la cubierta principal, sus trajes secos de caucho vulcanizado estaban completamente cubiertos de una capa espesa de fuelóleo negro y grasa industrial.
La doctora Miren Mendiluze dirigió de inmediato la línea de descontaminación de materiales peligrosos (HazMat) montada en la toldilla de popa.
Dos enfermeros de rescate rociaron a los buzos con una solución desengrasante biodegradable de agua tibia y emulsionante neutro Decon-Spill , retirando los restos de hidrocarburos con cepillos suaves antes de abrir las cremalleras estancas de los trajes.
Miren ayudó a Unai a retirarse la máscara facial AGA Divator , secando el sudor de su frente y evaluando de inmediato su estado físico.
—Saturación de oxígeno en noventa y nueve por ciento, auscultación pulmonar limpia sin sibilancias ni crepitantes, mucosas nasales y orales libres de vapores orgánicos volátiles —dictaminó Miren con una sonrisa llena de orgullo y ternura infinita.
Unai la miró a los ojos, tomando su rostro entre sus manos limpias y besándola con un amor profundo y sereno frente a las aguas del Abra.