El latido de las aguas oscuras (Código Cruces 1) CAPÍTULO 19 — EL SEGUNDO FRENTE Y EL ENIGMA DE LAS AGUAS PROFUNDAS #2
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CAPÍTULO 19 — EL SEGUNDO FRENTE Y EL ENIGMA DE LAS AGUAS PROFUNDAS #2

Unai se colocó las gafas de visión nocturna panorámica GPNVG-18 y activó el canal táctico cifrado.

— Alfa e Itsas-Izarra entrando por la amura de popa bajo la sombra del radar. Bravo cubriendo el costado de sotavento. Luz verde para el abordaje.

A las cinco en punto de la madrugada, la lancha semirrígida Itsas-Izarra se emparejó con el costado de babor del carguero en una maniobra magistral del piloto sobre olas de cinco metros.

El cabo Iker Aldai disparó la pértiga de carbono neumática con gancho de titanio engomado, anclándola con precisión milimétrica en el pasamanos de la toldilla de popa.

Unai Etxebarria trepó por la escala de cinta flexible con una agilidad prodigiosa, superando los ocho metros de francobordo en seis segundos.

Al llegar a la regala, un centinela armado con un fusil CZ Bren 2 se giró sorprendido apuntando su linterna táctica.

Unai se abalanzó sobre él con un golpe desarmador en la muñeca, derribándolo con una proyección sobre la chapa de cubierta y reduciéndolo con una llave de estrangulamiento vascular que lo dejó inconsciente sin emitir un solo sonido.

Aldai y los cuatro operadores de Berrozi subieron tras él, asegurando la cubierta superior en silencio absoluto.

A las cinco y doce minutos, Unai colocó una carga de corte lineal de cordón detonante en la cerradura blindada de la puerta de acceso al puente de gobierno.

—¡Brecha en tres, dos, uno...!

La detonación controlada reventó los pernos sin dañar los mamparos interiores.

Unai y Aldai irrumpieron en el puente lanzando dos granadas aturdidoras CTS 7290 .

El resplandor cegador y la onda de choque desorientaron al capitán del carguero y a los dos mercenarios que custodiaban la consola de navegación.

Uno de los mercenarios intentó disparar su pistola ametralladora, pero Unai efectuó dos disparos quirúrgicos con su subfusil HK MP5-SD a la hombrera y al antebrazo del tirador, neutralizándolo al instante.

Aldai inmovilizó al capitán sobre la mesa de derrota, colocando los grilletes y asegurando la consola central.

—¡Puente asegurado! ¡Transmisor de radiofrecuencia desconectado! —anunció Unai por la radio táctica.

Sin embargo, desde la escotilla de la bodega central número dos, una ráfaga de fuego automático de calibre 5.56 mm impactó contra los mamparos del pasillo de oficiales.

Tres mercenarios atrincherados tras los generadores diésel intentaban defender el acceso a la consola de detonación de la termita submarina.

Joseba Agirre y el equipo Bravo respondieron con fuego de cobertura mientras avanzaban por el trancanil.

Una esquirla de rebote alcanzó en el muslo derecho al operador de Berrozi Mikel Urkiza , seccionando ramas de la arteria femoral profunda.

—¡Operador herido en bodega dos! ¡Hemorragia arterial activa! —gritó Agirre por el canal médico.

Unai tomó el control de la línea de fuego.

—¡Médico a bordo de inmediato! ¡Equipo Alfa, fuego de supresión sobre la escotilla!

La doctora Miren Mendiluze, equipada con casco balístico, chaleco nivel IV y su mochila quirúrgica de combate Tasmanian Tiger , saltó desde la escala de transferencia de la Itsas-Zaintza hasta la cubierta del carguero bajo el viento huracanado.

Llegó junto a Urkiza, quien yacía sobre el suelo metálico cubierto de sangre con una palidez extrema y pulso filiforme.

Miren aplicó de inmediato el torniquete arterial CAT Gen7 en la raíz del muslo derecho, girando el molinete hasta lograr la hemostasia completa de la herida.

Con tijeras de trauma Leatherman Raptor , abrió el uniforme del agente e introdujo tres apósitos hemostáticos de caolín QuikClot Combat Gauze directamente en el trayecto de la herida penetrante, realizando empaquetamiento a presión digital directa durante tres minutos reglados.

—Presión arterial de ochenta sobre cuarenta, frecuencia cardíaca en ciento treinta y cinco —verificó la enfermera Maite Bilbao conectando una vía intraósea en la meseta tibial anterior izquierda con el dispositivo EZ-IO .

Miren inició la infusión presurizada de dos unidades de sangre completa de donante universal liofilizada con el calentador rápido EnFlow .

En menos de cuatro minutos, la presión arterial de Urkiza ascendió a ciento diez sobre setenta y su nivel de conciencia se recuperó por completo.

—Estás estable, Mikel. La arteria principal está preservada y la hemorragia está totalmente contenida —le susurró Miren con una voz cálida y protectora que transmitía una paz infinita.

A las cinco y media de la madrugada, Unai Etxebarria y el cabo Aldai descendieron a la sala de control de la grúa pórtico en la bodega central.

Sobre la consola electrónica descansaba el transmisor satelital de disparo con una cuenta atrás digital que marcaba veinticinco minutos para la detonación.

El especialista artificiero Joseba Agirre examinó el circuito con un multímetro digital y una sonda de fibra óptica.

—El sistema utiliza un tren de encendido redundante con doble cebo electroquímico conectado por cable umbilical de fibra óptica hacia las cuatro cabezas de termita TH3 ancladas en los reactores a doscientos metros de profundidad —explicó Agirre—.

Si cortamos el cable directamente, el circuito de seguridad por pérdida de señal activará los percutores mecánicos de respaldo.

Unai analizó el diagrama esquemático.

—Debemos anular el voltaje de cebado inyectando una señal simulada de resistencia constante de cincuenta ohmios antes de cortar el cable matriz.

Miren, que acababa de asegurar al herido, entró en la cabina y aportó la solución biomédica.

—El gel conductor de cloruro sódico de los electrodos de desfibrilador tiene una impedancia idéntica a la del agua de mar en profundidad. Si puenteamos los bornes con el gel antes del corte, el receptor no registrará la variación de potencial.

Agirre aplicó el gel conductor sobre los bornes de derivación y puenteó los terminales con un cable coaxial blindado.

Con una cizalla aislada, Unai seccionó el cable umbilical principal.

El cronómetro digital se detuvo instantáneamente en 00:18:42 .

—¡Circuito neutralizado! ¡Las cargas submarinas están desactivadas y seguras! —anunció Unai con un suspiro de alivio contenido.

A las cinco y cuarenta y cinco minutos de la madrugada, los doce operadores de Berrozi completaron el registro y aseguramiento de todas las dependencias del carguero Nordic Star II .

Nueve mercenarios y tres tripulantes fueron desarmados, engrilletados y custodiados en la camareta de proa bajo vigilancia armada.

En la caja fuerte del camarote del capitán, los agentes incautaron un maletín de comunicaciones satelitales militares con las órdenes operativas firmadas por el director financiero del consorcio suizo en Ginebra y los contratos de transferencia de cinco millones de dólares a través de bancos de las Islas Caimán.

El cabo Urkiza fue evacuado en camilla nido de rescate a bordo de la patrullera Itsas-Zaintza para su traslado directo al helipuerto de Cruces.

El sol del amanecer comenzó a despuntar sobre el horizonte del mar Cantábrico, tiñendo las olas embravecidas de un tono púrpura y dorado.

En la bodega número uno del buque intervenido, la doctora Miren Mendiluze y el cabo Aldai examinaron diez contenedores estancos de titanio presurizados con nitrógeno líquido.

Miren conectó el espectrómetro de masas portátil por desorción térmica directa.

—Los contenedores albergan precursores de síntesis para más de veinte mil dosis de neurotoxina marina combinada con derivados fluorados —dictaminó Miren sellando las válvulas con precintos judiciales numerados—.

La totalidad del arsenal químico de reserva del consorcio internacional ha quedado confiscado.

Unai se acercó a Miren, despojándose del casco balístico y secándose la lluvia del rostro.

—Miren... gracias a tu rapidez en cubierta Mikel Urkiza salvará su pierna y su vida, y gracias a tu pericia hemos desactivado la termita a tiempo.

Miren lo miró con los ojos brillantes de emoción y orgullo, acariciando su mejilla empapada por el agua del mar.

—Trabajamos como un solo corazón, Unai. En el quirófano y en el mar, la vida siempre vence a la destrucción.

Unai la estrechó entre sus brazos con una fuerza protectora y dulce sobre la cubierta del buque liberado, sintiendo el latido firme y sereno de sus corazones latiendo al compás de las olas del Cantábrico.

A las seis y media de la mañana, con el temporal comenzando a amainar, la patrullera Itsas-Zaintza y dos remolcadores oceánicos de la Autoridad Portuaria de Bilbao hicieron firme el cabo de remolque en la proa del Nordic Star II .

La comitiva naval puso rumbo hacia la bocana del puerto exterior de Zierbena escoltada por dos helicópteros de la Ertzaintza y de Salvamento Marítimo.

En la Jefatura de Erandio, la magistrada Elena Orue comunicó la noticia a la fiscalía general del Estado y a los ministros de Interior y de Sanidad.

—El operativo conjunto ha culminado con éxito absoluto: buque nodriza capturado, armamento y toxinas incautadas, mercenarios detenidos y reactores de Capbreton preservados intactos como prueba judicial irrebatible.

A las ocho de la mañana, el helicóptero de emergencias aterrizó en el helipuerto del Hospital Universitario de Cruces con el agente herido Mikel Urkiza.

Miren Mendiluze, tras un lavado quirúrgico reglado de cuatro minutos, entró en el Quirófano 1 de Cirugía Vascular junto al doctor Gorka Zubieta.

Bajo magnificación óptica con microscopio quirúrgico Leica M530 , Miren retiró los apósitos de QuikClot , reparó la arteria femoral profunda mediante anastomosis término-terminal con sutura de monofilamento de polipropileno Prolene 6-0 y realizó una simpatectomía periarterial para optimizar el flujo distal.

El eco-Doppler intraoperatorio confirmó una velocidad de flujo pulsátil de sesenta centímetros por segundo con lecho microvascular distal ampliamente permeable.

—Miembro inferior perfectamente revascularizado, sin déficit neurológico ni síndrome compartimental —certificó Miren retirando los paños quirúrgicos—. El agente podrá volver a caminar y a prestar servicio en pocas semanas.