CAPÍTULO 19 — EL SEGUNDO FRENTE Y EL ENIGMA DE LAS AGUAS PROFUNDAS
A las dos y cuarto de la madrugada del doce de septiembre, las líneas encriptadas del Centro de Coordinación Policial y Judicial de la Ertzaintza en Erandio registraron una llamada de máxima prioridad procedente de la Dirección Central de la Policía Judicial francesa ( DCPJ ) y del cuartel general de Interpol en Lyon.
El comisario principal Jean-Luc Moreau , jefe de la brigada marítima de la Gendarmería Nacional de Bayona, solicitó conferencia de urgencia con la inspectora jefa Irati Mendiluze y el oficial Unai Etxebarria .
— Oficial Etxebarria, inspectora... hace cuarenta minutos nuestros radares de vigilancia costera en el puerto de Bayona detectaron la salida sin autorización de un carguero de bandera panameña de noventa metros de eslora, el Nordic Star II.
El barco zarpó con los transpondedores AIS apagados y los sistemas de iluminación de navegación apagados, escoltado por dos lanchas semirrígidas de asalto militar.
Unai se inclinó sobre la pantalla táctil del centro de mando, activando los radares de superficie del Abra y el sistema de seguimiento satelital Copernicus .
—¿Tienen confirmación de la tripulación y de la carga que transportan, comisario Moreau?
— Nuestros servicios de inteligencia en París han interceptado comunicaciones satelitales cifradas entre la cúpula del consorcio farmacéutico en Zug y el capitán del Nordic Star II —respondió Moreau con voz grave—.
El buque transporta un comando de doce mercenarios con equipamiento militar de buceo de saturación profunda.
Su objetivo es alcanzar la fosa de Capbreton antes del amanecer para detonar cargas de termita en los cuatro reactores de bioextracción sumergidos a doscientos metros de profundidad, destruyendo las pruebas forenses y liberando un vertido masivo de diez mil litros de neurotoxina pura concentrada en la corriente del golfo de Bizkaia.
La inspectora jefa Irati Mendiluze golpeó la mesa con determinación.
—Si esa toxina se vierte en la corriente del Cantábrico, contaminará la plataforma pesquera desde Santoña hasta Biarritz en menos de veinticuatro horas. Movilizamos de inmediato a la Sección Central de Buceo, al Grupo de Intervención de Berrozi y al equipo quirúrgico de Cruces.
A las tres menos veinte de la madrugada, las sirenas de una ambulancia de Soporte Vital Avanzado de Osakidetza resonaron en la rampa de emergencias del Hospital Universitario de Cruces .
La unidad trasladaba a un buzo de la Gendarmería Marítima francesa, el cabo Pierre Delacroix , rescatado por un pesquero de Fuenterrabía tras haber sido atacado por los mercenarios en aguas fronterizas mientras realizaba labores de vigilancia submarina.
La doctora Miren Mendiluze , al frente del equipo de guardia de Cirugía de Trauma y Medicina Hiperbárica, recibió la transferencia en la esclusa de la nueva Cámara Hiperbárica Multiplaza .
—Varón de treinta y seis años —reportó el médico del SVA—.
Inmersión de escape de urgencia desde sesenta metros de profundidad sin paradas de descompresión tras explosión submarina con granada aturdidora.
Presenta síndrome de hiperpresión intratorácica con neumotórax a tensión derecho, paraplejía aguda por aeroembolismo espinal y pupilas anisocóricas con Glasgow 8.
Miren actuó con una rapidez fulgurante y una serenidad absoluta.
—Doctor Arriaga, toracocentesis descompresiva inmediata con aguja de catorce gauge en el segundo espacio intercostal derecho sobre la línea medioclavicular.
Conectamos válvula de Heimlich . Presurizamos la cámara hiperbárica a dos coma ocho atmósferas con heliox al ochenta por ciento según la Tabla 6 de la US Navy.
El silbido del gas a presión llenó la campana acorazada.
Miren se introdujo en la cámara junto al enfermero especialista, monitorizando la presión venosa central y la oximetría cerebral continua por espectroscopía de infrarrojo cercano ( NIRS ).
—Administramos bolo intravenoso de emulsión lipídica Intralipid al 20% a razón de uno coma cinco mililitros por kilo, seguido de perfusión continua a cero coma veinticinco mililitros por kilo por minuto para atrapar los residuos lipófilos de neurotoxina que el paciente inhaló en la profundidad —ordenó Miren insertando un catéter arterial radial con transductor de presión continuo.
A los doce minutos de tratamiento hiperbárico y perfusión lipídica, los émbolos gaseosos en la microcirculación medular se disolvieron por efecto de la ley de Boyle-Mariotte .
El cabo Delacroix abrió los ojos, recuperó la movilidad refleja en los miembros inferiores y balbuceó en francés entrecortado.
— Les réacteurs... ils ont posé des détonateurs thermiques sur les quatre cuves de Capbreton... l'explosion est programmée pour six heures du matin...
Miren tomó la mano del soldado francés con firmeza.
—Tranquilo, Pierre. Estás a salvo en Cruces. No permitiremos que destruyan el mar.
A las tres y media de la madrugada, Miren Mendiluze se conectó por videoconferencia encriptada desde la sala médica de Cruces con la Jefatura de Erandio y la sala de crisis de la Audiencia Nacional en Madrid.
La jueza Elena Orue presidía la sesión de urgencia junto al Viceconsejero de Seguridad y el oficial Unai Etxebarria.
—Doctora Mendiluze, ¿cuál es el estado clínico del buzo francés y la veracidad de su testimonio? —preguntó la magistrada.
—El paciente ha sido estabilizado y su cuadro neurológico está plenamente recuperado gracias a la descompresión hiperbárica —declaró Miren con voz firme—.
Su testimonio coincide al cien por cien con las firmas espectrométricas que analizamos en los viales de Bermeo: los reactores de la fosa contienen conotoxinas sintéticas de alta pureza.
Si las cargas de termita estallan a las seis de la mañana, la liberación térmica y química provocará una marea tóxica de consecuencias catastróficas.
La jueza Orue firmó digitalmente la orden de intervención armada en alta mar bajo el amparo del Convenio de Montego Bay sobre Derecho del Mar y los tratados antiterroristas de la Unión Europea.
—Autorizada la intercepción táctica, el abordaje militar y la neutralización inmediata del carguero Nordic Star II por parte de la Ertzaintza y las fuerzas navales combinadas.
A las cuatro menos cuarto de la madrugada, en el pañol de armas de la dársena de Santurtzi, el oficial Unai Etxebarria desplegó los planos estructurales del carguero Nordic Star II sobre la mesa de operaciones.
Doce operadores del Grupo de Intervención de Berrozi y seis buzos tácticos de la Sección Central escuchaban en silencio absoluto.
—El objetivo es un carguero de noventa metros de eslora, con puente de mando en popa, castillo de proa sobreelevado y dos bodegas centrales transformadas en talleres de buceo de saturación con una grúa pórtico de treinta toneladas —explicó Unai señalando las vías de acceso—.
Los mercenarios cuentan con fusiles de asalto CZ Bren 2 , visión nocturna de fósforo blanco y explosivos militares de termita Thermite-TH3 .
Unai distribuyó los cometidos.
—Equipo Alfa conmigo y con el cabo Iker Aldai: asalto por la popa mediante pértigas de carbono y escalas tácticas desde la semirrígida Itsas-Izarra . Objetivo: tomar el puente de gobierno y anular el sistema de detonación remota por radiofrecuencia.
—Equipo Bravo con Joseba Agirre: abordaje por el costado de estribor para neutralizar la sala de máquinas y el generador de cubierta.
—Equipo Charlie médico con la doctora Miren Mendiluze y dos enfermeros de rescate: permanecerán a bordo de la patrullera Itsas-Zaintza en posición de cobertura a doscientos metros, listos para acceder a bordo en cuanto el puente esté asegurado para desactivar los cebos químicos y atender posibles heridos.
Miren revisó su equipo de trauma de combate.
—Llevamos torniquetes arteriales CAT Gen7 , apósitos de celulosa regenerada QuikClot , drenajes torácicos de emergencia y bolsas de sangre completa liofilizada con calentadores de fluidos EnFlow . Estaremos listas para cualquier contingencia quirúrgica en cubierta.
Unai miró a Miren a los ojos, transmitiéndole una seguridad serena y una devoción inquebrantable.
—Cuidaremos el uno del otro, Miren. Vamos a salvar este mar una vez más.
A las cuatro y diez minutos de la madrugada, la patrullera oceánica Itsas-Zaintza y la lancha de asalto Itsas-Izarra soltaron amarras del muelle de Santurtzi, adentrándose en las aguas bravas del Abra exterior.
Una galerna cantábrica de fuerza ocho azotaba la costa vizcaína con vientos sostenidos de cuarenta y cinco nudos y rachas de cincuenta y cinco nudos del noroeste.
Olas de seis a siete metros de altura rompían con estruendo sobre el castillo de proa de la patrullera, levantando cortinas de espuma blanca y agua salada que barrían la cubierta.
En el puente de mando de la Itsas-Zaintza , el oficial Unai Etxebarria y el patrón de navegación mantenían el rumbo ciento ochenta y cinco con los cuatro motores turbodiésel MTU rugiendo a plena potencia, cortando el oleaje a veintiocho nudos.
Miren Mendiluze, sujeta con arnés de seguridad en la estación médica del buque, calibraba los monitores multiparamétricos Corpuls3 y preparaba los analizadores portátiles de neurotoxinas.
—Distancia al objetivo: doce millas náuticas al norte del cabo Matxitxako —informó el radarista—. El carguero hostil mantiene posición sobre la vertical de la fosa de Capbreton con maniobra de posicionamiento dinámico.
A las cinco menos cuarto de la madrugada, bajo un cielo de nubes negras y una lluvia torrencial que reducía la visibilidad a menos de trescientos metros, las siluetas de la flotilla vasca convergieron sobre el Nordic Star II .
El enorme carguero negro, iluminado únicamente por dos reflectores halógenos sobre la grúa pórtico de popa, balanceaba sus tres mil toneladas sobre el abismo marino.
En la cubierta central, cuatro mercenarios con trajes de intemperie negros y fusiles al hombro operaban el cabrestante principal que izaba un cable de acero desde las profundidades.