CAPÍTULO 14 — EL TESTIMONIO EN LA UCI DE TRAUMA Y EL COMITÉ DE CRISIS #2
—Instrucciones comprendidas, señor Fiscal. Actuaremos con estricta proporcionalidad pero con una contundencia implacable para asegurar el buque y salvar el mar.
A las cinco de la madrugada, a tres millas de la posición estimada del buque nodriza, el oficial técnico Zabaleta lanzó una advertencia desde la consola de guerra electrónica.
—¡Alerta de contramedidas! El radar de barrido del Oceanic Leviathan acaba de emitir una señal de interferencia electrónica activa en banda X mediante barrido de ruido blanco modulado ( radar jamming ).
Intentan cegar nuestros magnetrones y generar falsos ecos en la pantalla para desorientar nuestra aproximación.
Unai se acercó a la consola de telecomunicaciones.
—Zabaleta, conmuta de inmediato el radar principal al modo de salto ágil de frecuencias ECCM (Electronic Counter-Countermeasures) con modulación de pulso codificado en fase. Apaga el emisor activo y activa el sistema electroóptico pasivo de seguimiento térmico FLIR SeaFLIR 280-HD .
El operador técnico accionó los conmutadores de la torreta electroóptica giroscópica instalada en lo alto del mástil de proa.
En la gran pantalla táctica, la imagen térmica de infrarrojos de onda media ( MWIR ) atravesó la densa cortina de niebla y lluvia, revelando con una nitidez asombrosa la silueta imponente y amenazadora del Oceanic Leviathan .
El carguero nodriza, de ciento sesenta metros de longitud con casco negro y superestructura blanca coronada por una selva de antenas satelitales y radares de navegación, cabeceaba pesadamente sobre las aguas de la fosa de Capbreton.
En la cubierta de popa se distinguía claramente la plataforma circular del helipuerto y la compuerta abierta del Moon Pool , donde la grúa pórtico de alta capacidad maniobraba para izar uno de los minisubmarinos Nautilus-4 recién emergido de las profundidades.
Cuatro guardias mercenarios equipados con fusiles de asalto y uniformes de camuflaje naval patrullaban las pasarelas exteriores, ajenos a la presencia del patrullero de la Ertzaintza que se deslizaba a su sotavento como una sombra invisible en la tempestad.
El patrón Goikoetxea ajustó los mandos de propulsión, reduciendo la velocidad a doce nudos para situar al Itsas-Zaintza exactamente en el ángulo muerto del radar de popa del carguero.
—Estamos a seis cables de su aleta de babor, sargento. El viento de sesenta nudos y el estruendo de los motores diésel auxiliares del carguero amortiguan por completo el sonido de nuestras hélices.
Unai Etxebarria ajustó su chaleco balístico nivel IV, verificó el visor holográfico EOTech EXPS3 de su subfusil HK MP5-SD y colocó la máscara estanca con filtro de partículas y gases orgánicos.
—Equipo de asalto: colocad las gafas de visión nocturna de fósforo blanco L3Harris GPNVG-18 de cuatro tubos panorámicos. En cuanto alcancemos los cincuenta metros de distancia, el cabo Aldai disparará el arpón neumático a la amura de babor y fijaremos la escala de carbono.
Los ocho operadores de Berrozi se alinearon en la esclusa de popa, con los mosquetones de seguridad en la mano y la respiración acompasada por una disciplina de combate forjada en cientos de horas de entrenamiento extremo.
A las cinco y diez de la madrugada, antes de abrir la compuerta exterior que daba acceso a la cubierta azotada por la galerna, Unai Etxebarria se detuvo frente a Miren Mendiluze en la antesala estanca del puesto médico.
El sargento tomó suavemente los hombros de Miren con sus manos enguantadas, mirándola a través del visor balístico con una intensidad que condensaba todo el amor, el respeto y la devoción que sentía por la cirujana.
—Miren... el momento ha llegado. En pocos minutos estaremos a bordo del buque nodriza. Mantén la radio médica en el canal cuatro y no salgas a cubierta hasta que escuches mi confirmación de que la superestructura está totalmente bajo control policial.
Miren levantó sus dos manos, apoyándolas con firmeza sobre la placa pectoral del chaleco de Unai, sintiendo el latido fuerte, rítmico y valiente de su corazón bajo el blindaje de titanio.
—Unai... tú eres la fuerza y el escudo de esta tierra. Cada vida que salvemos hoy en este mar llevará tu nombre grabado en el alma. Vuelve a mí, sargento... Te estaré esperando en este puente para curar cualquier herida y navegar juntos hacia la paz.
Unai besó la frente de Miren con una unción casi sagrada, cerró el visor de su casco táctico y levantó el pulgar hacia el patrón Goikoetxea.
—¡Abramos la compuerta! ¡Adelante, Berrozi!
Mientras los operadores de asalto ultimaban los ajustes de las armas, la doctora Miren Mendiluze realizó una exploración ecográfica protocolizada en el puesto médico de proa al sargento especialista Joseba Agirre , quien había participado en la inmersión profunda de la esclusa horas antes.
Con la sonda sectorial de matriz en fase de dos coma cinco megahercios del ecógrafo Sonosite PX , Miren exploró las cuatro ventanas cardíacas estándar: paraesternal eje largo, paraesternal eje corto, apical cuatro cámaras y subcostal.
—Fracción de eyección del ventrículo izquierdo en sesenta y cinco por ciento, contractilidad global conservada y ausencia total de derrame pericárdico —verificó Miren mientras el Doppler pulsado analizaba el flujo transvalvular mitral—.
El diámetro de la vena cava inferior es de dieciséis milímetros con un colapso inspiratorio superior al cincuenta por ciento, confirmando un estado de volemia óptimo y sin signos de sobrecarga hídrica.
A continuación, Miren deslizó la sonda lineal vascular de diez megahercios sobre el triángulo femoral derecho y la fosa poplítea.
—Flujo venoso femoral trifásico, compresibilidad completa del vaso y ausencia de imágenes ecogénicas intraluminales. No hay microburbujas vasculares ni fenómenos trombóticos derivados de la descompresión. Estás al cien por cien de capacidad física, Agirre.
El artificiero se ajustó el arnés pectoral y sonrió con confianza.
—Gracias, doctora. Con esta revisión médica salgo a la cubierta como si fuera de titanio.
A las cinco y quince de la madrugada, el comandante de la Gendarmería Marítima de Bayona, Philippe Laroche , estableció un enlace directo por radio VHF canal 16 encriptado en modo SecureVoice .
— Patrullero Itsas-Zaintza, aquí la patrullera oceánica Géranium de la Marine Nationale francesa —transmitió el comandante Laroche desde su puente de gobierno—.
Nos encontramos a cuatro millas náuticas al norte de vuestra posición, cerrando la derrota del Oceanic Leviathan hacia el sector norte del golfo de Vizcaya.
Hemos desplegado una barrera de intercepción con aviso formal de zona marítima de exclusión temporal.
Si el buque nodriza intenta virar hacia aguas jurisdiccionales francesas para huir, abriremos fuego de advertencia con nuestro cañón automático Nexter de veinte milímetros sobre su proa.
Unai tomó el micrófono del transmisor de mando.
— Comandante Laroche, aquí sargento Etxebarria. Nuestro equipo de asalto inicia la aproximación final a la aleta de babor. Procederemos al abordaje por escala de carbono en tres minutos. Mantengan la posición de bloqueo en el cuadrante norte.
— Comprendido, Ertzaintza. Tenéis cobertura naval completa por nuestra proa. Bonne chance.
En la mesa de reanimación médica, Miren y Maite Bilbao dispusieron en bandejas magnéticas numeradas los fármacos de emergencia toxicológica avanzada.
Veinte ampollas de sulfato de atropina de un miligramo listas para inyección en bolo endovenoso directo en caso de intoxicación por agentes colinérgicos.
Diez viales de pralidoxima (2-PAM) de un gramo diluidos en matraces de doscientos cincuenta mililitros de suero glucosado al cinco por ciento.
Cinco frascos de bicarbonato sódico molar 1M de doscientos cincuenta mililitros, indicados para alcalinizar el plasma sanguíneo y revertir el ensanchamiento del complejo QRS provocado por el bloqueo de los canales de sodio Nav1.5 del Neurocaine-7 .
Miren extrajo de la nevera médica tres bolsas de quinientos mililitros de emulsión lipídica intravenosa al veinte por ciento (Intralipid 20%) .
—Si alguno de nuestros operadores sufre una exposición aguda al anestésico por rotura de vial o herida punzante con arma impregnada, iniciaremos de inmediato la terapia de rescate lipídico ( Lipid Rescue Therapy ): bolo intravenoso de uno coma cinco mililitros por kilogramo de peso en un minuto, seguido de una infusión continua de cero coma veinticinco mililitros por kilogramo por minuto —instruyó Miren con voz firme—.
Los lípidos capturan las moléculas liposolubles de Neurocaine-7 en el torrente circulatorio actuando como un sumidero metabólico ( lipid sink ) y restablecen la conducción cardíaca en menos de cinco minutos.
Maite etiquetó las jeringas de infusión rápida con cinta adhesiva de color rojo flúor.
—Todo el arsenal toxicológico y metabólico listo para administración inmediata, doctora.
En la sala de máquinas del Itsas-Zaintza , el jefe de máquinas Gorka Bilbao completó la presurización de los colectores de contraincendios y salvamento naval.
Verificó la presión de la bomba centrífuga principal a doce bar y comprobó el estado de las botellas de gas extintor limpio fluorocetona Novec 1230 (dodecafluoro-2-metilpentan-3-ona).
—Sistema de inundación total de la sala de máquinas y pañol de armas con Novec 1230 armado y en modo automático —comunicó Bilbao al puente por el tubo acústico—.
El gas suprime el fuego por absorción térmica sin reducir la concentración de oxígeno por debajo de niveles seguros para la vida humana y sin dejar residuos corrosivos en los componentes electrónicos.
Bilbao cerró manualmente las compuertas estancas de la cubierta inferior con las palancas de cierre rápido de seis puntos, garantizando la flotabilidad del buque incluso en caso de inundación accidental de dos compartimentos contiguos por vía de agua.
Desde la torreta electroóptica giroscópica FLIR , el oficial Zabaleta amplió el zoom térmico sobre la cubierta de vuelo del Oceanic Leviathan .