El largo viaje a un pequeño planeta iracundo (Runas 1) El trabajo #2
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El trabajo #2

Sissix meditó sobre ello. La idea de los humanos como conquistadores siempre había sido de risa.

No solo porque tenían recursos exiguos o porque la Diáspora jamás conseguía llevar nada a cabo, sino porque los humanos que conocía en persona eran modestos.

Ashby era uno de los individuos más amables que había conocido, de cualquier especie.

Jenks no tenía ambiciones más allá de vivir cómodo junto a la gente que le gustaba.

Kizzy se las había arreglado para tirar un bocadillo en un conducto de aire diez días atrás, así que no tenían que preocuparse por que iniciara un golpe de estado.

Corbin era un odioso grano en el culo, pero era inofensivo y también cobarde.

Y, a pesar de ello, la historia humana —pre-Éxodo, por lo menos— estaba plagada de crueldad y guerras infinitas.

Sissix no había sido capaz de encontrarle sentido.

Doctor Chef puso las piezas de ajedrez alrededor del tablero.

—Los juegos grum son bastante parecidos en temática.

Creo que nuestras especies son muy parecidas en algunos aspectos.

Los humanos también habrían muerto si los aeluones no se hubieran encontrado por casualidad con la Flota.

La suerte es lo que les salvó, y descubrir la humildad.

Eso es lo que en realidad hace diferentes a los humanos de los grum.

Bueno, sin contar lo obvio. —Soltó una risita mientras señalaba su cuerpo.

Sissix puso las manos en la pierna delantera más cercana de Doctor Chef.

Dentro de cosa de un siglo no quedaría ningún grum, y no había nada que se pudiera hacer al respecto.

Sabía que Doctor Chef hacía tiempo que había hecho las paces con la inminente extinción de su especie.

Incluso ahora, cuando hablaba de ello, era sin tristeza en la voz, sin amargura.

Pero eso no quería decir que ella no pudiera sentirlo por él.

Doctor Chef le palmeó la mano, más por ella que por sí mismo. Miró por encima del hombro a Ashby, que estaba apoyado en la encimera de la cocina leyendo noticias en el escrib. Doctor Chef habló con un suave susurro, silenciando las voces que provenían de su boca.

—¿Me equivoco o Ashby mira las noticias mucho más de lo habitual?

Sissix asintió, sabía qué le preguntaba.

—Los rosk han atacado las colonias en Kaelo con gran intensidad.

—¿Es ahí donde…?

—Donde ella fue por última vez, sí. Tampoco es que los canales de noticias den muchos detalles.

Se entendieron sin hablar. Ambos sabían que Ashby no estaba preocupado por una guerra que jamás llegaría a su puerta.

Su inquietud giraba en torno a una de las aeluonas atrapada en la periferia de la guerra.

Se llamaba Pei, y ella y Ashby habían tenido relaciones tantas veces como habían podido durante años.

Era una cadete de un carguero civil, contratado para llevar suministros médicos, munición, tecnología, comida y cualquier cosa que las fuerzas aeluonas necesitaran.

Dada la naturaleza de su trabajo, no siempre podía enviar mensajes o ponerse al ansible cuando iba de camino a territorio disputado, por temor a facilitar la localización de las tropas o convertirse en un blanco fácil.

A menudo, Ashby pasaba semanas sin saber nada de ella, y durante tales periodos era habitual encontrarlo comprobando los canales de noticias.

Cuando sabía de ella y tenía una cierta idea sobre su localización, la comprobación se hacía más concreta.

No ayudaba al bienestar de Ashby para nada, no de una forma que Sissix pudiera discernir, pero los humanos siempre se volvían un poco tontos cuando se trataba de sus parejas sexuales.

Por muy cercana que Sissix fuera a Ashby, nunca había conocido a Pei, ni siquiera la había visto.

Aquella mujer era un enigma. Pero la falta de comunicación de Ashby no tenía nada que ver con Sissix, y todo con el puritanismo de los aeluones.

Un aeluón, en concreto uno que trabajaba con soldados respetables, podía meterse en serios problemas por emparejarse con alguien de otra especie.

Todos a bordo de la Peregrina sabían lo de Pei, claro, pero comprendían por qué Ashby necesitaba mantenerlo en secreto.

Todos habían dejado de hacer preguntas sobre ella (por lo menos, mientras Ashby estaba en la sala) e incluso Kizzy había sido lo bastante perspicaz para mantener la boca cerrada sobre el tema cuando estaba con otras personas.

—No es bueno para él estar pendiente de las noticias todo el rato —dijo Doctor Chef—. No van a publicar su nombre en caso de que le ocurra algo..

—Díselo tú —replicó Sissix.

—No puedo —suspiró él—. Hice lo mismo cuando mis hijas fueron a la guerra.

Por eso no me gusta lo haga. Sé cómo puede devorarte la incertidumbre.

—Sacudió las mejillas, como sacándose de encima esas ideas—.

Esta conversación se ha puesto muy seria.

¿Te gustaría jugar conmigo? ¿O ya has tenido suficiente esta mañana?

—Estoy lista para otra partida. ¿Quieres jugar al ajedrez?

—Estrellas, no. Juguemos a algo aandrisk. Uno de tus encantadores juegos de formar equipo y resolver un puzle.

—¿Tikkit?

—Sí, me gusta el tikkit. Aunque hace años que no lo juego, no desde que vivía en Puerto Coriol.

—Bueno, no se me da demasiado bien, así que estaremos a la par. —Ordenó al tablero que cambiase el juego. Los píxeles se reagruparon de forma pertinente—. Entonces, ¿qué te parecen los juegos aandrisk?

—¿Mmm?

—¿Qué te dicen los juegos aandrisk sobre nosotros?

—Que sois inteligentes, que os gusta compartir, y que sois igual de disfuncionales que el resto.

Sissix rio.

—No voy a discutírtelo.

Empezaron el juego, y la conversación fluyó hacia la estrategia tikkit. Sissix empezaba a pensar que quizá podrían ganar cuando Ashby rompió el silencio.

—Vaya —exclamó para sí. Entonces, de nuevo, más alto, mientras corría hacia ellos—. ¡Vaya!

—¿Va todo bien? —preguntó Sissix. Todos los espaciales sabían que, en una nave, podían pasar un montón de cosas malas en muy poco tiempo, especialmente al estar estacionados en la boca de un túnel recién perforado. Ver correr a un miembro de la tripulación le disparaba la adrenalina.

—Estamos bien —dijo Ashby. Dejó su escrib junto al tablero píxel e hizo un gesto sobre la pantalla.

El canal de vídeo que se reproducía en la pantalla saltó al aire y flotó sobre el escrib.

Era un programa de noticias humano; de la Flota, a juzgar por el acento del presentador.

Sissix y Doctor Chef se inclinaron a escuchar.

—… todavía está por confirmar durante cuánto tiempo se han desarrollado las charlas de los miembros, pero fuentes informan que un pequeño equipo de embajadores de la CG ha estado comunicándose en secreto con el Toremi Ka durante al menos dos años estándar.

—¿Los toremi? —preguntó Doctor Chef, sacudiendo los bigotes sorprendido.

Sissix no podía imitar su respuesta física, pero compartía el sentimiento.

Los toremi no eran una especie que mencionasen a menudo en las noticias.

No era una especie que fuera mencionada en absoluto.

Sissix no sabía mucho de ellos, tan solo que controlaban un estrecho anillo de territorio que rodeaba el núcleo galáctico, y que habían estado matándose con diligencia los unos a los otros durante décadas.

Ashby sacudió la cabeza, un gesto tanto de confirmación como de incredulidad.

—Acaban de otorgarle membresía en la CG a uno de sus clanes.

Sissix dejó la taza.

—¿Qué? —Le dio vueltas la cabeza—. Espera, ¿¡qué!

? —Si eso era cierto, el Parlamento de la Confederación se había vuelto loco.

Los clanes toremi, por lo poco que se sabía de ellos, eran tan violentos como incomprensibles.

Mala mezcla. Los clanes fueron descubiertos por los harmagianos casi quinientos años estándares antes, cuando una sonda encontró naves toremi que navegaban (lo cual era peligrosísimo) en círculos alrededor del núcleo galáctico, como peces que siguen una corriente.

Nadie sabía por qué, y los propios toremi no mostraron interés en dialogar con sus vecinos galácticos.

Siguieron con su trayectoria circular nómada hasta hacía cuarenta estándares, cuando interrumpieron el viaje y empezaron a masacrarse entre ellos por territorios estacionarios.

Y, de nuevo, sin que nadie supiera el motivo.

Nadie podía acercarse a preguntar. Los toremi bloquearon todo acceso al núcleo.

Las naves que se acercaban demasiado eran rechazadas.

Las naves que se colaban volvían echas trizas o no volvían.

Pero aparte del asesinato de intrusos, los toremi no tenían más relación con otras especies, y nadie se preocupaba por ellos excepto los científicos y los empresarios frustrados por tener el núcleo amurallado.

Ashby se llevó un dedo a los labios y señalo el escrib.

—… declaraciones oficiales del comité de la embajada de la CG aclaran que Toremi Ka es el único clan toremi que toma parte en este acuerdo de afiliación —explicó el reportero—.

Otros clanes se han mantenido neutrales hacia este acuerdo, y según consta no han mostrado hostilidad alguna contra la CG.

La CG ha dado su apoyo al Toremi Ka declarando, cita, «apoyamos las buenas intenciones de nuestros nuevos aliados, los cuales están decididos a disfrutar de los beneficios de una galaxia más unificada».

Como parte de este nuevo acuerdo de afiliación, la CG no ayudará al Toremi Ka en los ataques contra otros clanes toremi.

Sin embargo, estará autorizado el uso de fuerza militar para defender territorios compartidos por el Toremi Ka y la CG.