El largo viaje a un pequeño planeta iracundo (Runas 1) Perforación a ciegas
17%

Perforación a ciegas

El desayuno estaba dispuesto en la encimera de la cocina cuando Rosemary volvió a la Pecera por la mañana.

Dos grandes cuencos de fruta (almacenada en estasis, a juzgar por la pálida piel), una cesta de bollos inusuales y una gran cacerola repleta de una especie de gachas marrón oscuro.

Doctor Chef se alzó tras la encimera mientras cortaba verduras con dos manopiés y secaba la cubertería con otro par.

Se le hincharon las mejillas cuando ella se acercó.

—¡Buenos días! —saludó—. ¿Qué tal has dormido?

—Bien —respondió Rosemary mientras se sentaba en un taburete—. Me desperté algo confusa un par de veces.

Doctor Chef asintió.

—Nunca es fácil dormir en un sitio nuevo.

Tienes suerte de tener una cama de estilo humano ya instalada en la cabina.

Cuando me uní a la tripulación, tuve que esperar unos cuantos días antes de conseguir muebles en los que me pudiera encajar.

—Hizo un gesto hacia la comida de la encimera—.

El desayuno aquí es un sírvete tú misma, como la comida.

Hay cosas para picar disponibles todo el día, así que pásate cuando tengas el gusanillo.

Ah, y siempre hay té. Puedes servirte una taza siempre que quieras.

—Señaló hacia dos grandes decantadores en la otra punta de la encimera, con un estante de tazas al lado.

Había dos etiquetas escritas a mano enganchadas en los decantadores.

«¡Té de la felicidad!», decía una sobre el dibujo de un humano de ojos anchos y sonriente con pelos rizados de punta.

«Té aburrido», decía la otra. El humano dibujado ahí parecía satisfecho, pero indiferente.

La caligrafía era la misma que en el cartel sobre la puerta de la Pecera. La de Kizzy.

—¿Té aburrido? —preguntó Rosemary.

—Sin cafeína. Tan solo té de hierbas normal y corriente pero maravilloso —respondió Doctor Chef—.

Nunca entenderé por qué a los humanos os gustan tanto las cosas que os alteran.

Como doctor, odio empezar vuestras mañanas con estimulantes, pero como cocinero, entiendo lo importante que es el hábito de desayunar.

—Meneó un dedo rollizo hacia ella—. Pero no más de tres tazas al día y, desde luego, no con el estómago vacío.

—No te preocupes —contestó Rosemary; cogió una taza—. Soy más de té aburrido. —Doctor Chef pareció complacido. Ella señaló los bollos—. Huelen genial. ¿Qué son?

La respuesta llegó desde detrás.

—¡Bollitos ahumados! —vitoreó Kizzy. Saltó a un taburete y agarró una de las pastas amarillentas. Empezó a comérsela con una mano y a servirse gachas con la otra.

—¿Bollitos ahumados?

—Otra cosa más de mi hogar que no tiene un nombre de fácil traducción —dijo Doctor Chef.

—Los cocina siempre que tunelamos —explicó Kizzy mientras se llenaba un plato con más bollos y una pila de frutas.

—Son buenos; combustible consistente para un día de trabajo duro. —Dirigió la mirada hacia Kizzy, que se estaba llenando la taza con té feliz—. Al contrario que eso .

—Lo sé, lo sé, límite de tres tazas, lo prometo —dijo esta. Se giró hacia Rosemary sujetando la taza con las palmas de las manos—. ¿Cuál es el veredicto sobre las cortinas?

—Son estupendas —respondió Rosemary—. Dan un toque hogareño.

—Era cierto. Casi se había olvidado de que ya no vivía en la superficie de un planeta hasta que descorrió las cortinas por la mañana y se encontró un sistema estelar flotando con majestuosidad ahí fuera.

Aunque ya había viajado entre planetas, todavía no había asumido la noción de que ahora vivía en el vacío del espacio.

Le dio un bocado a un bollito ahumado. El pan era esponjoso; el contenido sin identificar era rico y sabroso, pero también algo especiado, con tan solo la cantidad justa de sal. Miró a Doctor Chef, que la observaba expectante.

—Están buenísimos.

Doctor Chef sonrió, radiante.

—El relleno está hecho de jeskoo . Creo que los solanos lo llamáis hongo de nieve. Es bastante diferente a los ingredientes a los que estaba acostumbrado, pero se parece un poco. Y los bollos también son altos en proteínas. Suplemento el cereal con harina de gusano de tenebrio.

—No nos revela sus recetas —intervino Kizzy—. El cabrón se las llevará a la tumba.

—Grum no tiene tumbas.

—Pues al fondo del océano, que es peor todavía. Al menos las tumbas las puedes cavar. —Sacudió un bollo hacia él—. Algún pez estúpido va a comerse la parte de tu cerebro que almacena la receta, y estaremos perdidos sin ella.

—Entonces aprovecha para comerlos mientras puedas —dijo Doctor Chef. Las mejillas aletearon. Rosemary había deducido que, a más rápido el aleteo, mayor la «sonrisa».

—Bueno… —dijo Kizzy, volviendo su atención a Rosemary—. Esta es la primera vez que te cuelas en una perforación, ¿no?

—Disculpa, ¿una qué?

Kizzy soltó una risita.

—Eso responde mi pregunta. Una perforación es la acción de crear un túnel.

—Ah, de acuerdo. —Rosemary le dio un sorbo al té.

Algo dulce, nada especial. Vale, sí que era un poco aburrido, pero de todas formas resultaba reconfortante—.

De hecho, me preguntaba… —Hizo una pausa; no quería parecer estúpida—.

Sé que no voy a tener que ayudaros con la tunelación, pero me gustaría comprender mejor cómo funciona.

Kizzy apretó los labios con entusiasmo.

—¿Quieres que yo te dé un curso básico?

—Si no es molestia, claro.

—Anda, cielos estrellados, por supuesto que no es molestia. Me halagas, y además eres adorable. A ver, vale, de acuerdo. ¿Has hecho algún curso de manipulación interespacial? Lo más probable es que no, ¿cierto?

—Admito que no.

—¿Topología del espacio tiempo?

—Nop.

—¿Teoría transdimensional?

Rosemary puso cara de disculpa.

—¡Oooh! —exclamó Kizzy, llevando las manos al corazón—.

¡Eres virgen en física! Vale, vale, simplificaremos.

—Miró por la encimera en busca de decorado—.

Vale, guay, mira. El área alrededor de mi cuenco de avena —recalcó con un gesto exagerado— es el tejido del espacio.

La avena es la subcapa; en esencia, el espacio entre el espacio.

Y esta grub —cogió una pequeña fruta negra del plato— es la Peregrina.

—Uy, esto no me lo pierdo —intervino Doctor Chef, apoyando los brazos superiores en el lado opuesto de la encimera.

Kizzy se aclaró la garganta y se puso derecha.

—Pues aquí estamos nosotras. —Pasó la baya por encima del cuenco—.

Tenemos que conectar dos extremos del espacio, ¿vale?

Aquí y aquí. —Hincó el dedo en las gachas, en lados opuestos del cuenco—.

Así que viajamos a un extremo, zuuum , y toda la gente esparcida por las estrellas que nos ve pasar volando está en plan, mirad esa nave ultramolona, qué genio técnico debe haber parcheado tal cosa, y yo en plan ah, pues, soy yo, Kizzy Shao, podéis poner mi nombre a vuestros bebés, zuuum , y entonces llegamos a nuestro punto inicial.

—Hizo planear la baya sobre la muesca que desaparecía en la avena—.

Una vez que estamos en posición, pongo en marcha el taladro interespacial.

¿Lo viste cuando llegaste volando? La pedazo de máquina monstruosa pegada a nuestra panza.

Es una bestia. Funciona con ambicélulas; ni ocupando la nave entera podríamos llevar la cantidad de algas necesarias para ponerla en marcha.

Ah, y te aviso, hace un ruido infernal, así que no te asustes cuando haga sus cosas.

No saltaremos por los aires ni nada parecido.

Así que, sí. El taladro se calienta. Entonces perforamos.

—Estampó la baya en la avena—. Y entonces la cosa se pone rara.

—¿Cómo de rara?

—Bueno, somos criaturitas blandas y tridimensionales.

Nuestros cerebros no pueden procesar lo que ocurre en la subcapa.

Técnicamente, la subcapa está fuera de lo que consideramos «tiempo normal».

Comprender lo que ocurre ahí es como… como decirle a alguien, a un humano, quiero decir, que vea en infrarrojos.

No podemos. Así que en la subcapa sientes que algo va mal con el mundo, pero no pillas qué.

Es muy, muy raro. ¿Has probado el lerdo?

Rosemary parpadeó. De donde venía, la gente no preguntaba de forma despreocupada sobre alucinógenos ilegales durante el desayuno.

—Ah, no, no lo he probado.

—Mmm. Bueno, es parecido. Tu percepción visual y tu sentido del tiempo se van a tomar por el culo, pero la diferencia es que tienes control completo sobre tus actos.

Cuando estudias para la licencia de tunelación (va aparte de los estudios básicos para técnico, así que confía en mí cuando digo que estoy supercontenta de no tener que poner un pie en esa escuela de nuevo), tienes que practicar cosas como arreglar motores o meter comandos tras meterte una dosis de sofro, lo que viene siendo una versión suavizada y autorizada del lerdo.

Te aseguro que fueron las peores tareas que he hecho nunca.

Pero te acostumbras. —Metió los dedos en la avena y agarró la baya oculta—.

Vale; pues mientras estamos flipando a tope, la nave atraviesa la subcapa, y al mismo tiempo suelta boyas para forzar la apertura del túnel.

Las boyas están por dos razones. La primera es para evitar que el túnel colapse, y la segunda es porque generan un campo hecho con las mismas cuerdas y partículas y cosas de las que está hecho el espacio normal.

Rosemary asintió.

—Espacio artificial. —Al fin un concepto que más o menos comprendía—. Pero ¿para qué todo esto?

—Para que sea un viaje sencillo para cualquiera que viaje a través. Por eso no notas la diferencia cuando haces un salto túnel.

—¿Y todo esto no fastidia el espacio de fuera? Quiero decir aquí, en nuestro espacio.

—Nop; no si lo haces bien. Por eso somos unos pros.

Rosemary asintió de cara a las gachas de avena.

—¿Y cómo salimos de la subcapa?