Capítulo 15
Callum
Al llegar a cuatro, Rhys arranca tras ella.
—Ha dicho diez —le digo.
—Voy andando.
No va andando. Gabe lo agarra de la manga antes de que llegue al primer giro.
—Puedes aguantar seis segundos más —dice Gabe—. Te he visto esperar más rato por un ascensor.
Rhys se queda. Cuento hasta diez y los tres nos ponemos en marcha.
Los pasos de Sage ya se han perdido en la siguiente sección. Su aroma, no. Se entreteje con el olor a sidra, a heno y a tierra húmeda y nos arrastra más adentro del laberinto con una insistencia que noto bajo las costillas.
—Una compatibilidad —dice Gabe—. ¿Tú qué crees?
—Eso creo.
Llego al pasillo de las cintas y aparto una tira de mi camino.
—También creo que deberíamos dejar que ella decida cómo llamarlo cuando salgamos de aquí.
Rhys mira atrás.
—Ya sabemos lo que queremos.
—Eso no nos dice qué querrá ella mañana.
Es la pregunta que ninguno de nosotros puede responder por mucho que la persigamos esta noche. Saint, el restaurante y la clínica seguirán ahí cuando nos quitemos las máscaras. Y también seguirá ahí lo que lleva años creciendo entre los cuatro.
Gabe me lanza una mirada breve.
—Esta noche quiere que corramos.
Entonces toma el pasillo de la izquierda. Rhys se va por la derecha. Yo sigo por el centro, donde una linterna ámbar se balancea como si alguien la hubiera rozado hace un instante.
Sabemos buscar juntos. Rhys vigila el camino que tenemos delante. Gabe se fija en todo lo que alguien ha movido. Yo escucho. Sage lleva un paso rápido pero irregular: tres pasos, una exhalación más brusca y otros tres. Se está riendo en algún punto al otro lado de la pared.
En el siguiente cruce encuentro el alfiler de fresa que Molly le colocó en la máscara. Se ha enganchado en una brizna de heno y el esmalte rojo destella bajo la linterna. Lo libero y me lo guardo en el bolsillo.
—¿Has perdido algo? —grita Sage desde el otro lado.
—Te lo devolveré.
—Si me encuentras.
Gabe aparece en el giro contiguo. Señala el más oscuro de los dos pasillos ámbar y vuelve a desaparecer antes de que ella pueda verlo.
Sigo el pasillo que ella espera que tome. Un dobladillo negro asoma más adelante. Sage da media vuelta y se cuela entre nosotros, tan rápido que su hombro roza el mío. Podría cerrar la mano en torno a su brazo. En vez de eso, me giro para no perderla de vista.
—Deberías tener más cuidado, doctor.
—Deberías dejar de tomar las curvas descalza.
—Eso suena a consejo médico.
—Es el consejo de un hombre que preferiría llevarte en brazos por un motivo que te guste.
Tropieza medio paso. La risa de Gabe llega por encima de la pared de heno.
Sage se recupera y corre más deprisa.
Rhys llega primero al siguiente cruce. Ella se desvía al verlo aparecer y se lanza directa hacia Gabe. Él abre los brazos. Ella le planta una mano en el pecho, gira a su alrededor y escapa antes de que ninguno de los dos pueda acortar la distancia.
—Está jugando con nosotros —dice Rhys, y suena orgulloso.
—Va ganando —responde Gabe.
Más adelante, una linterna blanca marca una salida recta hacia la iglesia. Sage pasa de largo sin aminorar la marcha. No corre a ciegas. Ve la salida cada vez que aparece y elige el camino ámbar.
Aquí el laberinto se estrecha. De las paredes de heno cuelgan máscaras decorativas y sus caras pintadas cambian con la luz de las linternas. Sage se agacha bajo una y desaparece al doblar una esquina. Su respiración se oye cada vez más fuerte mientras los tres cerramos el cerco.
Podría decirle a Rhys que tomara el último cruce y a Gabe que cortara por el centro. La atraparían en segundos. En vez de eso, los detengo.
—Esperad.
Los dos se vuelven.
—Se está cansando.
Señalo la marca de un pie descalzo en la tierra.
—Nos quedamos lo bastante cerca para ayudarla si resbala.
—¿Y lo bastante cerca para atraparla? —pregunta Gabe.
—Si todavía lo quiere.
La expresión de Rhys cambia.
—Ha dicho que sí.
—Puede cambiar de opinión.
Asiente. Ya hemos tenido esta conversación otras veces, pero el laberinto la convierte en algo más que una norma acordada en un vestuario. Estamos lo bastante cerca para actuar en consecuencia.
Levanto la voz hacia el pasillo siguiente.
—Sage. ¿Todavía quieres que te sigamos?
Durante un instante solo se oye la música que se filtra entre el heno desde la plaza lejana.
—Tenéis que hacer algo mejor que seguirme —responde ella—. Intentad atraparme.
Gabe sonríe. Rhys se mueve. Yo voy con ellos.
El camino se curva hacia un último círculo de luz ámbar. Sage está ya tan cerca que oigo la inspiración rápida antes de que se ría. Quería la persecución y nos ha vuelto a dar la respuesta. Dejo que eso me guíe en lugar de la parte de mí que quiere decidir todo por ella.
Llego al cruce justo cuando su vestido negro pasa como un destello.
—Sage.
Mira atrás. Tiene la máscara torcida, las mejillas encendidas y ni una sombra de duda en la sonrisa.
Entonces corre hacia el último giro y nosotros corremos tras ella.