Capítulo 27
ÚLTIMA HORA: UNA PAREJA FALSA DESCUbrE QUE FORMA UN EQUIPO REAL Los niveles de negación bajan más rápido que las mareas del océano
Alaia
Tanner se pone las manos en jarras y respira hondo. —Es un día precioso para pasarlo en la playa.
Frunzo el ceño. —Estamos aquí para trabajar, no para jugar.
Mueve las cejas con picardía. —Seguimos pasando el día en la playa.
¿Todo es un juego para él? El fútbol es serio y lo demás —incluida yo— ¿es solo un juego?
Me coge de la mano y me guía hacia el grupo de voluntarios. —Esto va a ser divertido. Y puede que cuando terminemos de limpiar la playa, te pongas un bikini y vayamos a nadar. Juro solemnemente que intentaré dejarte sin la parte de abajo del bikini.
Nadar en el océano con Tanner suena peligroso, en el sentido sexi de la palabra. No dudaría no solo en bajarme la braguita del bikini, sino en robármela. Pero no hemos venido a jugar.
—Estamos aquí para ayudar, no para coquetear.
Me guiña un ojo. —Puedo hacer varias cosas a la vez.
Llegamos al grupo. —Hola, Sophia. ¿Te han dejado estar al mando este año?
Ella pone los ojos en blanco. —¿Dejado? Esto son servicios a la comunidad.
¿Servicios a la comunidad? ¿Qué ha hecho? ¿Y por qué no me he enterado?
Sophia y sus amigas, que son copropietarias de la Five Fathoms Brewing Company , son de las mayores alborotadoras de la isla. Durante un tiempo, consideré ponerle su nombre a la columna de cotilleos: Five Fathoms Unfiltered . Pero luego se enamoraron todas y arruinaron un material excelente.
—¿Qué hiciste?
Gruñe. —No fue para tanto. Accidentalmente le hicimos una autopsia a la sirena del Mermaid Mini Golf .
—¿Cómo se le hace accidentalmente una autopsia a una sirena de plástico?
Hace un gesto de desdén con la mano. —Hubo Moonshine, apuestas y prometidos y maridos capullos por medio.
Suelto una risita. —Necesito la historia completa.
Tanner levanta la mano. —Yo también.
Sophia abre mucho los ojos. —¿Tú no eres Tanner Long?
Él hace una reverencia. —En carne y hueso.
El marido de Sophia, Flynn, se acerca deprisa hacia nosotros. —Nada de flirtear con jugadores famosos de la NFL.
Tanner saca pecho. —Soy yo. Yo soy el jugador famoso de la NFL.
Le doy un palmetazo en el pecho. —¿Puedes ponerte serio un minuto? Limpiar las playas es importante.
Me pasa un brazo por los hombros. —No te preocupes, preciosa. Puedo limpiar playas, flirtear contigo y presumir ante mis fans al mismo tiempo.
Le quito el brazo de encima. ¿Todo tiene que ser así de fácil para él? Yo necesitaré un baño caliente después de un largo día agachándome para recoger basura. Él probablemente se irá a correr diez kilómetros para «relajar los músculos».
—Lo tienes difícil con él —se ríe Sophia mientras me entrega un rollo de bolsas de basura, dos pares de guantes y dos pinzas para basura—. A Tanner y a ti os toca la parte norte de la playa.
—Muy bien. Vamos a ello.
Camino hacia nuestra zona de la playa con Tanner siguiéndome los pasos. Saluda a todo el mundo como si fuera la atracción principal de un desfile.
—Vamos, rey del baile, tenemos trabajo que hacer —le entrego una bolsa de basura.
—Apuesto a que puedo recoger basura más rápido que tú.
—Esto no es un concurso.
—Todo es un concurso.
Corretea por la playa recogiendo la basura grande y obvia lo más rápido que puede. Se deja los microplásticos y los fragmentos de vidrio.
Lo sigo y recojo todo lo que él se deja. Que es mucho. Debería haber sabido que no era buena idea traerlo conmigo hoy. No se lo está tomando en serio.
Por supuesto, no lo entiende. ¿Por qué iba a hacerlo? Este no es su hogar. Y probablemente nunca ha limpiado nada importante en su vida.
—¡Tachán! —hace una pirueta antes de hacer una reverencia y ofrecerme su bolsa de basura—. He terminado. He ganado.
—¿Estás de broma? —estallo.
—¿Qué?
—¿Qué? —inspiro profundamente en un esfuerzo por controlar mi genio. No funciona—. Aquí no se gana. Esto no es un concurso. Estamos limpiando una playa. Y estás haciendo un trabajo de mierda.
Frunce el ceño. —¿Un trabajo de mierda? Pero si he llenado mi bolsa.
Levanto mi bolsa de basura. —Y mi bolsa está llena de toda la basura que te has saltado.
—¿La basura que me he saltado?
—Todo el vidrio y los microplásticos. Los has ignorado y has ido a por la basura grande.
Me mira fijamente un momento antes de soltar un suspiro. —Vale. Enséñame cómo quieres que se haga.
Espero el chiste, pero no llega. Habla en serio. Por ahora. Ya veremos cuánto le dura la seriedad cuando se dé cuenta del trabajo que supone.
—Has estado ignorando las algas. Los hilos de pescar, el vidrio y los plásticos se quedan atrapados en ellas. Es fácil pasarlos por alto, pero son potencialmente dañinos.
Arruga la nariz. —Las algas dan asco.
Parpadeo mirándolo. —¿Acaso el gran jugador de fútbol no puede lidiar con un poco de algas?
Yergue la espalda. —Claro que puedo.
—Vamos —le hago un gesto para que se acerque—. Deja que te enseñe cómo se hace.
Espero una broma, pero se queda callado mientras me observa rebuscar entre las algas y sacar trozos de vidrio e hilo de pescar.
Le enseño el hilo. —Este es uno de los objetos más peligrosos de la playa. Los animales se quedan atrapados en ellos.
—Ni siquiera lo había visto.
—Tienes que ir más despacio y mirar de verdad. No correr de un lado a otro cogiendo latas y botellas y pensar que ya has terminado.
—Vale, jefa. Entendido.
—Te vigilaré mientras revisas el siguiente montón de algas.
Espero que se indigne. Después de todo, no soy su jefa. Pero asiente antes de pasar al siguiente montón de algas. Retira meticulosamente los fragmentos de vidrio.
—No veo ningún hilo de pescar, pero quizá podrías comprobarlo tú. No quiero que se quede atrapado ningún animal.
¿Está bromeando? ¿Me está siguiendo la corriente? Lo miro a los ojos. No le brillan con picardía. Realmente me está escuchando.
Reviso las algas. —No hay hilo. Buen trabajo.
Su sonrisa está llena de orgullo. Se está tomando en serio la tarea de limpiar una playa en la isla que yo amo. Este Tanner es irresistible.
Seguimos trabajando. Diviso una red en el agua y voy a cogerla. Tiro de ella pero no se mueve. Gruño por el esfuerzo.
Tanner examina la situación antes de meterse en el agua. Desliza la mano por la red. Se detiene cuando llega a un trozo de madera a la deriva.
—La red está enganchada en la madera. Yo la desenredaré y tú tiras de la red para sacarla del agua.
La desenreda y me hace un gesto con el pulgar hacia arriba. Intento sacar la red del agua, pero pesa. Me esfuerzo al máximo, pero no cede.
De repente, Tanner está ahí. Agarra la red a mi lado y juntos tiramos hasta que sale del agua.
—Puedes...
Me callo al notar que ya está doblando la red. Terminamos de doblarla juntos y la llevamos a la camioneta, que ya está cargada de bolsas de basura. Lanzamos la red a la parte de atrás.
—¿Ya habéis terminado, chicos? —pregunta Sophia.
—Todavía no. Tengo que volver a revisar las algas que me salté la primera vez.
No sé quién está más sorprendida, si Sophia o yo. Porque este no es el Tanner Long que el mundo conoce. Este es el hombre dulce que mantiene oculto del resto del mundo.
Esperaba que hoy apareciera el Tanner payaso. Y al principio lo hizo. Pero en cuanto se ha dado cuenta de lo importante que es la playa para mí, las bromas han desaparecido y se ha centrado en la tarea.
Por mí. Su novia falsa. Excepto que nada de lo de hoy parece falso. Ni los toques suaves que me da, ni sus sonrisas. Parece real. Parece como si Tanner se preocupara por mí tanto como yo por él.
—Vamos, preciosa. Volvamos al trabajo.
Me doy cuenta de que está sudando. Me muerdo el labio inferior. —¿Deberías estar aquí fuera sudando después del golpe que recibiste en el entrenamiento el otro día?
Su golpe me ha causado demasiadas noches de insomnio preocupada por él. Lo revisó la unidad médica del equipo y le dieron el alta para seguir jugando. Pero ¿y si se equivocaron? ¿Y si pasaron algo por alto?
Tanner me acaricia la mejilla. —Estoy bien.
—¿Lo prometes?
—Lo prometo. Si me siento mareado o con náuseas, te lo diré.
—Vale, pero tienes que hidratarte.
Nos dirigimos a la mesa de refrigerios, repleta de botellas de agua y galletas. Cojo una galleta y una botella de agua. Tanner solo bebe agua.
Me echa el brazo por encima de los hombros mientras volvemos a nuestra zona de la playa. —Formamos un buen equipo.
—¿Recogiendo basura?
Se encoge de hombros. —Recogiendo basura, jugando a los bolos, lo que sea. Somos un buen equipo.
Sí, lo somos. La pregunta es: ¿cuánto tiempo funcionará este equipo? Estoy bastante segura de que Tanner me quiere. Pero ¿será suficiente para que abandone su vida de playboy e intente una relación de verdad? ¿O va a romperme el corazón?
¿Y qué pasará cuando termine el campo de entrenamiento y abandone la isla para empezar la temporada regular de fútbol?