Capítulo 18
ÚLTIMA HORA: TANNER LONG VISTO EN UNA COMIDA FAMILIAR Fuentes informan de sentimientos inesperados en desarrollo
Tanner
Silbo mientras subo por el camino hacia la casa de Alaia. Sus padres me han invitado a la comida del domingo. Y no voy a perder la oportunidad de pasar tiempo con ella.
—¿Qué haces aquí? —pregunta Alaia cuando abre la puerta.
Ignoro cómo esas palabras me atraviesan. No se está alejando ni me está evitando. Solo está sorprendida.
Le doy un beso en la mejilla— ¿Es que no quieres verme?
—En serio, Tanner, ¿qué está pasando? ¿Hay algún problema?
Le cojo la mano— Ningún problema. Tus padres me han invitado a la comida del domingo.
Frunce el ceño— ¿Ah, sí? Mis padres son unos entrometidos. —Abre la puerta—. Supongo que será mejor que entres.
Benny sale disparado hacia mí y se me lanza encima— Hola, Benny.
—Benny, deja en paz a nuestro invitado. —Alaia tira de su collar, pero es inamovible.
Le rasco la barbilla— ¿Se puede saber lo adorable que eres? —Él se deja caer y se pone panza arriba para enseñarme el vientre—. ¿Alguien quiere que le rasquen la barriga?
—Siempre quiere que le rasquen la barriga. No tiene vergüenza.
Cruzo la mirada con ella y bajo la voz—. No tiene nada de malo saber lo que quieres e ir a por ello.
Las mejillas se le oscurecen— No siempre puedes tener lo que quieres.
—¿Y si lo que quiero también me quiere a mí?
—Eres un problema.
—Eso no es ninguna novedad.
Beth y Anne se deslizan en la habitación— Nuestro invitado sorpresa ya está aquí.
Alaia gime— Tenía que haberlo imaginado.
Parpadean, la imagen de la inocencia— ¿Qué?
—Tanner y yo no somos una pareja de verdad.
Beth frunce el ceño— Ese beso me pareció bastante real.
Anne se abanica— Y caliente. No te olvides de lo caliente.
Suelto una carcajada mientras las mejillas de Alaia arden. Conozco bien este rubor. Le baja de las mejillas por el cuello hasta la parte superior de los pechos. Mi polla da un respingo cuando los recuerdos del cuerpo de Alaia extendido ante mí me cruzan la mente.
Alaia se cruza de brazos sobre el pecho, empujando los pechos hacia arriba. No ayuda precisamente con lo ajustados que tengo los vaqueros.
—¿Se lo habéis dicho a mamá y a papá? ¿Hay comida suficiente para él?
Su madre sale a través de la puerta de la cocina con su padre pegado a sus talones. A todas luces han estado tramando algo en la cocina, a juzgar por lo hinchados que tiene Sally los labios. ¿Cómo sería encontrar el amor que ellos han encontrado? Confiar en alguien para que esté ahí.
Lástima que la gente no sea de fiar. Aunque sí confío en Alaia. Al menos, le he dicho que confío en ella. Pero ¿es verdad?
Alzo la vista hacia ella. Está fulminando con la mirada a sus padres y a las gemelas. Sí. Confío en ella. Siempre es honesta y no duda en cantarle las cuarenta a la gente cuando la sacan de quicio.
¿Me estoy enamorando de ella? ¿Es así como se siente el amor? Querer pasar cada minuto despierto con una persona. Preocuparte por su felicidad más que por la tuya. No querer decepcionarla.
—Sabíamos que Tanner venía —dice Sally, sacándome de mis pensamientos.
Alaia alza los brazos—. ¿Por qué nadie me lo ha dicho?
—Dimos por hecho que sabías que tu novio es bienvenido en nuestra mesa para las comidas familiares de los domingos —añade su padre.
¿Comidas familiares de los domingos? El corazón se me encoge. Quiero formar parte de esta familia. La mía no se merece ese nombre, pero ¿los Jackson? Ellos sí saben lo que significa ser una familia. Se quieren con fiereza. Se chinchan aún más. Se protegen los unos a los otros.
Suena mi móvil y lo saco del bolsillo. Leo la pantalla y mascullo una maldición. Hablando de familias.
—Perdonadme. Tengo que coger esto.
Le doy una última palmadita a Benny antes de ponerme en pie y salir de la casa.
—¿Qué?
—Tanner. —Oigo la decepción en la voz de mi padre.
Me froto el cuello— ¿Qué quieres?
—¿Así es como se habla con tu padre?
Procuro no hablar con mi padre si puedo evitarlo. No desde que fui seleccionado en el draft de la NFL y mi padre y mi madre amenazaron con desheredarme por mi decisión de jugar al fútbol americano en lugar de ir a la facultad de medicina.
—Córtala ya. ¿Qué quieres?
—Tu madre y yo creemos que ha llegado la hora de hablar de tu futuro.
—¿Mi futuro? ¿De qué estás hablando?
—De cuando termines de ganarte la vida con un juego.
Inspiro hondo antes de arremeter contra él. Perder los estribos solo hará que insista aún más en lo que quiere. Sin importar lo que quiero yo.
—Juego al fútbol americano. Es mi carrera. Mi futuro no está abierto a debate.
—No puedes jugar al fútbol americano para siempre. Debes entender los riesgos, teniendo en cuenta que estuviste en la recaudación de fondos para la encefalopatía traumática crónica. Sufrir múltiples conmociones cerebrales está vinculado a CTE.
—Soy consciente.
—Y has sufrido múltiples conmociones cerebrales.
Odio admitir que tiene razón, así que arremeto en su lugar— ¿Y tú cómo lo sabes?
Carraspea— Eres mi hijo. Estoy pendiente.
Una pequeña chispa de esperanza se enciende en mi estómago. ¿Ve mis partidos? ¿Entiende lo duro que he trabajado para llegar hasta aquí?
—¿Me has visto jugar?
—Claro que no. No seas obtuso.
Me odio por haber albergado esperanzas. A estas alturas debería saberlo. Mis padres siempre han sido completamente sinceros conmigo. Lo que ellos llaman honestidad, yo lo considero hiriente. Pero trata de explicárselo. Sus fríos corazones no entienden nada que no sea dinero y reputación.
Mierda. La reputación. ¿Es por eso por lo que me ha llamado mi padre? ¿Porque ha oído los rumores sobre lo que hice? ¿Se ha acabado mi carrera antes de que tenga la oportunidad de ganar un anillo de la Super Bowl?
Me froto la frente con la mano—. Ve al grano, papá.
—Ya he ido al grano. Quiero que nos veamos para hablar de tu futuro.
—Mi futuro es el fútbol americano.
—No ignores la realidad. No puedes jugar al fútbol americano para siempre.
—Todavía me quedan unos cuantos años.
—¿Unos cuantos años? Sé realista.
No tiene sentido seguir con esta conversación. Daremos vueltas en círculo hasta que mi padre me cuelgue o yo explote. Ya estoy harto de este círculo vicioso.
—Adiós, papá.
—Ni se te ocurra colgarme.
Demasiado tarde. Ya lo he hecho.
Guardo el móvil en el bolsillo e inspiro varias veces, hondo. No quiero entrar con mal humor en la casa de la familia de Alaia. Se merecen algo mejor.
Cuando tengo la rabia bajo control, me doy la vuelta para subir por la acera. Alaia me espera en los escalones.
—Te prometo que no he escuchado la conversación.
—No he dicho que lo hayas hecho.
—Pero parecías alterado, y quiero apoyarte.
¿Apoyarme? Esas palabras hacen que el corazón me golpee el pecho. Nunca nadie me ha apoyado antes.
—¿Hay algo que pueda hacer?
—¿Qué podrías hacer tú?
—Si estás enfadado, podemos romper platos.
Parpadeo—. ¿Romper platos?
—Mamá tiene una reserva en el cobertizo del jardín.
Me río—. ¿Tu madre guarda una reserva de platos rotos?
—Has conocido a mis hermanas. Había mucho enfado en esta casa cuando crecíamos.
—Estoy bien.
Me estudia— ¿Sí? Tu conversación parecía intensa. Pensé que se te iba a explotar la vena de la frente. ¡Pum! Sangre por todas partes. He cogido las llaves del coche por si tenía que llevarte al hospital. Tengo al médico de urgencias en marcación rápida.
—Estoy bien. No hay motivo para que me lleves al hospital.
Suelta el aire—. Menos mal. En realidad no me apetecía que me pusieran otra multa por exceso de velocidad. Hay un número limitado de veces que puedes decir que tienes diarrea antes de que los polis dejen de creerte.
—¿Diarrea?
Se encoge de hombros— No es como si pudieran comprobarlo.
—Estás loca.
—¿Has conocido a mi familia? Yo soy la cuerda. —Se muerde el labio inferior—. Prometí no meterme en tu vida, pero, ¿de verdad estás bien?
Si quiero a esta mujer en mi vida —y, para mi absoluta sorpresa, quiero a Alaia en mi vida de verdad—, tengo que ser sincero con ella. Dejarla entrar en mi vida.
—Ha llamado mi padre.
—¿Y? ¿No os lleváis bien?
—En absoluto. Como sabes, mi madre y él son neurocirujanos famosos. Esperaban que todos sus hijos nos dedicáramos a algo de medicina. Mis hermanos lo han hecho. Uno de mis hermanos es cirujano cardiotorácico. El otro es cirujano pediátrico. Y mi hermana es oncóloga radioterápica.
—Y tú eres wide receiver en la NFL.
—Prácticamente me desheredaron cuando fui seleccionado en el draft.
Se le arruga el entrecejo— Pero jugabas al fútbol americano en la universidad. Estuviste en uno de los mejores equipos universitarios de la historia. Literalmente ganaste el Heisman trophy. ¿Qué pensaban que iba a pasar?
—Pensaban que dejaría de jugar después de la carrera y que iría a la facultad de medicina.
—Pero no lo hiciste.
—Solicité plaza en la facultad de medicina. Me admitieron en varias. Pero mi corazón no estaba en eso. Mi corazón está en el campo.
—Pero tus padres no estaban contentos, supongo.
—No. Amenazaron con desheredarme si no voy a la facultad de medicina cuando termine de “ganarme la vida con un juego”.
Ella deja escapar un jadeo—. No puedo imaginar lo duro que debe de ser tener una familia que no te apoya.
Nunca me he atrevido a contarle a nadie mi mala relación con mi familia. Suponía que nadie lo entendería. Al fin y al cabo, no es que me maltrataran físicamente. Pero Alaia lo entiende. Entiende por lo que estoy pasando.
Por eso me estoy enamorando de ella. Por eso quiero quedarme con ella después del verano. Por eso no quiero dejarla ir nunca.
Tiro de su mano para acercarla. Se estrella contra mí. Cuando alza la vista, no dudo. Estrello mis labios contra los suyos. Ella se abre con un suspiro y hundo la lengua en su boca.
Ella es todo lo que necesito.