Capítulo 16
ÚLTIMA HORA: LOS PLANES POSGALA DAN UN GIRO INESPERADO McDonald’s no es el evento principal
Tanner
—Es una mala idea —murmuro.
Alaia saca el labio inferior en un mohín.—Me has prometido McDonald’s.
No es el McDonald’s lo que me preocupa. Es que compartamos cama mientras comemos comida rápida y vemos una película.
La polla se me ha pasado la noche medio dura, mirando a Alaia moverse por la gala. No bromeaba cuando he dicho que era la mujer más sexy del evento. Ninguna de las otras se acercaba a lo guapa que es ella.
Cada vez que otro hombre la miraba con lujuria en los ojos, casi perdía la cabeza. Los celos no son una emoción a la que esté acostumbrado. Normalmente disfruto cuando los tíos me envidian por la tía buena con la que voy.
Con Alaia no. No quiero que los hombres la miren con lascivia. Quiero envolverla en plástico de burbujas y protegerla.
Y ahora está dando golpecitos en la cama.—Date prisa. Las patatas del McDonald’s dan asco cuando están frías.
Suelto un suspiro y me subo a la cama.—No vamos a dejar que comas patatas asquerosas.
Ella coge el mando de la mesilla de noche de un tirón.—¿Qué quieres ver? Tienen todas las plataformas de streaming .
Me sonríe radiante y me olvido de su pregunta. Me entran ganas de tirar la comida de la cama y desnudarla. Quiero saborear cada centímetro de su piel. Quiero hundirme bien hondo en su interior. Quiero reclamarla como mía.
Guau. Yo no tengo relaciones. Y mucho menos ganas de tener a una mujer como mía. Alaia me tiene el cerebro haciendo cortocircuitos.
—¿Quieres ver deportes, mejor?
Cojo una bolsa de comida y me la pongo encima de la polla, que no para de crecer.—Una peli está bien.
—¿Qué tipo de pelis te gustan? Yo veo casi cualquier cosa. Menos de miedo —tiembla—. No voy a poder dormir en toda la noche si vemos algo de terror.
¿Dormir? ¿Quién ha hablado de dormir? Si fuera por mí, no pegaríamos ojo en toda la noche. Estaríamos enredados en estas sábanas.
Aclaro la garganta.—Lo que tú quieras ver está bien.
Me guiña un ojo.—Hombre listo.
Si fuera listo, estaría durmiendo en el sofá del salón en vez de tentarme con algo que no puedo tener. Nunca debería haber aceptado esta relación falsa. Nunca debería haber aceptado que no se metieran sentimientos reales por medio.
Suponía que no sería un problema. Nunca he desarrollado sentimientos antes.
—¿Qué tal The Big Lebowski ?
No espera respuesta antes de darle al play a la película y de abrir su bolsa de comida a tirones. Se mete un puñado de patatas en la boca y gime. Mi polla casi salta de mis pantalones en un intento de alcanzarla.
—No estás comiendo —frunce el ceño—. ¿Es por la comida rápida? ¿Habrías preferido algo más fino?
—Estoy bien —gruño, en vez de decirle que lo que quiero comer es a ella.
—Vale —no suena como si me creyera. Probablemente porque no debería.
Mete una patata en el kétchup y se la lleva a la boca. Solo que el kétchup cae en el vestido.
—Oh, no. Estoy estropeando este vestido que me has comprado. No es que tenga otro sitio donde ponérmelo, la verdad. Va a vivir en mi armario el resto de mi vida. Pero aun así. No quiero mancharlo.
Deja su bolsa de comida en la mesilla antes de agarrar el bajo de la falda. Me recorre una alarma súbita.
—¿Qué haces? —carraspeo.
—No te preocupes. No vas a ver nada que no hayas visto antes.
Se empieza a subir el vestido por las piernas, más allá de las pantorrillas y de los muslos. Le sujeto la muñeca antes de que pueda subirlo más.
—Para.
Frunce el entrecejo.—No es para tanto. No voy desnuda debajo de esto. De hecho, la ropa interior que la estilista me ha hecho ponerme es más grande que la braga del bikini.
Gimo.—¿Braga de bikini?
Pone los ojos en blanco.—Braga de bikini. Lo que te pones en la playa en verano. ¿Nunca has oído hablar de un bikini?
Y ahora me la imagino corriendo por la playa con una braguita minúscula. El pelo volando detrás. Las tetas botando.
Gime y me doy cuenta de que he estado dibujando círculos con el pulgar en su muñeca. ¿Está tan excitada conmigo como yo con ella? Hay una forma de averiguarlo.
Deslizo la mano libre por su pierna desnuda. Tiembla y mi paso deja un rastro de piel erizada.
Joder, sí. Me desea.
Empujo mi comida al suelo antes de arrastrarla a mi regazo. En seguida me cabalga a horcajadas. Sus ojos se agrandan cuando su centro choca con mi polla dura.
Le acaricio la mejilla con la palma.—La tengo dura y pesada desde el momento en que has abierto la puerta del baño y te he visto con este puto vestidazo tan sexy.
Se le acelera la respiración.—¿De verdad?
Le trazo una línea con el dedo por el cuello, cruzando el hombro y bajando por el brazo. Me flipan los vestidos sin tirantes. Toda esta piel suave, lisa y cremosa a la vista.
—Eres la mujer más guapa que he visto en mi vida.
Pone los ojos en blanco.—Para, Encantador. No lo soy.
Le mordisqueo la barbilla a modo de castigo.—El que decide quién es la mujer más guapa del mundo soy yo, y eres tú, guapa.
Empujo las caderas para clavar mi polla en su centro.
—V-v-vale —tartamudea.
—Te deseo. Quiero tocar cada centímetro de tu piel. Saborear cada centímetro de tu piel. Hundirme bien dentro de ti.
Sus ojos se oscurecen.—¿Y-y-y qué te lo impide?
—¿Me deseas?
No vacila.—Sí.
Esto no forma parte de nuestro acuerdo. Esta relación se supone que es falsa. Solo que nada en este momento se siente falso. Tener a Alaia en mis brazos y en mi cama es lo más real que me he sentido en mucho tiempo.
No quiero hablar de nuestro acuerdo. No quiero recordarle a Alaia que nuestra relación es falsa. Nuestra relación dejó de ser falsa hace un rato, pero ella no se ha dado cuenta y yo no voy a recordárselo.
—¿Estás segura?
—Tan segura como una sirena que sabe que no debe enamorarse de un pirata.
Me río por lo bajo.—Eres graciosa, guapa.
—Estoy impaciente, es lo que estoy —restrega su centro contra mi polla. Puedo sentir su calor a través de las bragas. Casi me corro en los pantalones.
—Si en algún momento quieres parar, solo tienes que decirlo.
—Créeme. No voy a querer parar.
—Confío en ti.
De golpe, me doy cuenta de que no miento. Confío en Alaia. Suelo tener problemas para confiar en cualquiera. Cuando creces con unos padres que intentan echarte del equipo de fútbol americano del instituto a tus espaldas, confiar se hace difícil.
Pero Alaia no es cualquiera. Ha demostrado que me cubre las espaldas. Ha estado a mi lado y me ha ayudado cuando no tenía por qué. Podría haberse reído de mí cuando le propuse nuestro acuerdo. Pero no lo hizo.
Se revuelve en mi regazo.—¿A qué esperas? ¿A una invitación personal para devorarme? Tanner Long, ¿quieres hacerme el favor de devorarme?
Mi polla está a punto de explotar. Inspiro hondo para calmarme.
—Empuja el vestido hacia abajo —gruño—. Enséñame esas tetas con las que llevo meses fantaseando.
—Creo que tienes que desabrocharme la cremallera.
Rodeo su cuerpo con el brazo y palpo hasta dar con la cremallera. La bajo hasta que el cuerpo del vestido se le descuelga hacia delante, revelando su pecho desnudo.
—No llevas sujetador —murmuro.
—Y tú te quedas mirando. Se supone que deberías estar tocando.
No hace falta que me lo repita. Le rodeo los pechos con las manos. Son pequeños pero firmes. Y, por el modo en que gime, sensibles.
Los masajeo y la cabeza se le va hacia atrás. Empieza a restregarse contra mi polla. Esta gotea como respuesta.
Se me hace la boca agua. Quiero saborearla. Le paso un brazo por la cintura y la alzo hasta que sus pechos quedan a la altura de mi boca. Sí.
No pierdo el tiempo con mordisquitos y juegos. Me trago un pecho entero. Casi se me escapa de los brazos.
Me aferro a su pezón y succiono. Ella gime antes de enredar los dedos en mi pelo para mantenerme justo donde estoy. No te preocupes, Alaia. No pienso irme a ningún sitio.
Mi polla no está de acuerdo. Presiona contra mis calzoncillos en su intento de llegar a la tierra prometida. Menos mal que no llevo vaqueros o ya tendría la cremallera incrustada en la piel.
—Tanner —su voz es exigente.
—¿Qué quieres, guapa?
—A ti.
—Me tienes. Estoy aquí mismo.
Gruñe.—A ti dentro de mí.
—Tenemos toda la noche, guapa.
¿Su respuesta? Se escabulle entre nuestros cuerpos con la mano. Desabrocha mis pantalones y me mete la mano dentro. Me agarra la polla y gimo.
—No estás jugando limpio.
—Jugar limpio es para el campo. No para el dormitorio.
Aprieto los dientes. No voy a aguantar mucho si sigue apretándome la polla. Tiene un agarre firme. Justo como me gusta.
Quería tomarme mi tiempo explorando el cuerpo de Alaia, pero no puedo esperar. Lo exploraré luego. Después de que se corra una o dos veces.
Le subo el vestido hasta dejar sus bragas al descubierto. Me río al ver la enorme prenda negra.—No estabas exagerando.
Ella salta de la cama y se baja la ropa interior por las piernas.—¿A qué mente enferma se le ocurrió la faja? Debería llamarse «ropa de tortura».
Cuando por fin tiene la prenda a la altura de las rodillas, le da una patada y la manda a tomar viento.—Nunca más.
He perdido el hilo de la conversación. No puedo articular palabra cuando el objeto de mis deseos está delante de mí con el vestido arremangado a la cintura. Los pechos y el centro al aire. Se quita el vestido por encima de la cabeza y ahora está completamente desnuda.
—Joder.
Vuelve a subirse a la cama.—Ahora sí que lo estás pillando.
—¿Cómo es posible que seas aún más guapa de lo que imaginaba?
—Basta ya, encantador. Vamos a la parte buena —me cabalga.
Me abro paso con la mano entre los dos hasta su centro. Necesito asegurarme de que está preparada para mí. Es alta pero delgada. Esquivo su clítoris y rodeo su abertura.
—Estás mojada.
—Pues claro. Pasa cuando vas a follar.
Le hundo un dedo y sus manos se me clavan en los hombros. Bombeo dentro y fuera de ella. Sus paredes se cierran en torno a mí. Quiero notar esas paredes apretándome la polla. Quiero sentir cómo me estrangulan mientras se corre.
Mi polla llora en respuesta. Ya se ha cansado de esperar. Saco el dedo de su coño.
—¿Qué…?
—Echa la mano detrás de mí. Coge mi cartera y saca el preservativo que hay dentro.
Se apresura a seguir mis instrucciones. Mientras busca el preservativo y lo abre, me bajo pantalones y calzoncillos hasta los tobillos.
—Pónmelo —le ordeno.
Se muerde el labio inferior mientras desliza el condón por mi polla.
—Cabalga.
—Das muchas órdenes.
—Y tú te das prisa en obedecerlas.
Le sujeto el cuello con la mano y la acerco. Fundo mi boca con la suya al mismo tiempo que coloco la polla en su entrada. Le hundo la lengua en la boca justo en el momento en que la penetro. Sus paredes se contraen en el acto a mi alrededor.
Esto es el cielo. El sexo nunca ha sido tan bueno. Quiero pasar todas las noches con Alaia en mi cama, explorando su cuerpo. No quiero que esta relación se acabe cuando empiece la temporada.
¿Es esto el amor? ¿Me estoy enamorando de Alaia?
No lo sé. Solo sé que no quiero tener que decirle adiós nunca.