El juego de Caronte (Elena Carrasco 2) 20
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“El juego de Caronte” dejó secuelas a nivel mundial, tanto positivas como negativas. La presión pública funcionó. El ‘efecto Caronte’ dio paso a una legislación global. El Congreso aprobó una Ley de Revisión de Sentencias por Crímenes Graves, con la creación de una comisión especial para revisar sentencias consideradas ‘desproporcionalmente leves’. Antes solo fiscalía podía solicitar una revisión del caso, ahora serían las familias de víctimas quienes podrían tener derecho a ello. Se reformó el código penal hacia el acoso sexual en el trabajo, con una pena mínima aumentada de 1-2 años a 4-5 años, con un agravante si hubiese abuso de poder, aumentando dos años más la pena, inhabilitación profesional permanente, entrando en un registro público de condenados, accesible para empleadores.

También se aplicó una Ley de Protección a la Tercera Edad contra Estafas, con una pena mínima para estafas a mayores de 65 años pasando de 1-3 años a 4-8 años, confiscación total de bienes del estafador como compensación a las víctimas, y la creación del ‘Fondo Nacional de Víctimas de Estafa’, dotada de 50 millones de euros al año.

El Congreso también aprobó una Transparencia Judicial, con las consiguientes transmisiones públicas de juicios por crímenes graves por un canal de streaming oficial del Estado, acceso público a sentencias completas y no solo a resúmenes, y la publicación obligatoria de nombres de condenados, eliminando la Ley de Protección de datos en favor de criminales.

El Gobierno, así, respondía a una demanda ciudadana de justicia real, mientras la oposición creía que se estaba cediendo al populismo punitivo por miedo. Los familiares de víctimas a nivel global, de manera controversial, agradecieron a Caronte haber hecho historia.

En otros países, como Francia, aumentaron las penas para la violencia sexual, y se creó un ‘Tribunal de Víctimas’ con participación directa en las sentencias.

Alemania comenzó a revisar más de mil casos de negligencias médicas sin condenas, perdiendo casi un centenar de médicos su licencia de manera retroactiva.

En México entró en vigor la ‘Ley Caronte’, con penas más duras para feminicidios y desapariciones, así como la creación de una base de datos pública de agresores sexuales.

En Argentina se reformó el código penal, eliminando atenuantes para crímenes violentos, y en Brasil aumentaron las penas para corrupción, con condenas mínimas de diez años y la confiscación de todos los bienes de políticos corruptos, sin excepción.

Estados Unidos, por su parte, tuvo una reforma parcial, solo en algunos estados, como California, que aumentó las sentencias por acosos sexuales en Silicon Valley, Nueva York, que endureció las penas para estafa financiera a personas de la tercera edad, o Texas, con su ‘Ley de strikes’, más estricta, con cadena perpetua al tercer crimen grave.

La ONU condenó la ‘justicia vigilante’, pero a su vez reconoció las fallas sistemáticas en justicia penal global, con recomendaciones a estados miembros, como revisar sentencias desproporcionadas, o la creación de una comisión global de justicia para víctimas.

29 países habían aumentado las penas para crímenes sexuales, 19 países habían hecho reformas en negligencias médicas, 15 países formalizaron leyes específicas contra las estafas a personas de la tercera edad, 31 países contaron con mayor transparencia judicial, y 12 países crearon fondos de compensación a víctimas.

Caronte se había vuelto un mito. Hubo una llamada ‘Streaming wars’, Netflix estrenó la docuserie de seis capítulos “Caronte:52 horas”, donde aparecían entrevistas con familiares de víctimas, expertos legales o psicólogos, incluyendo grabaciones de las pruebas. Un documental que generó controversia: ¿Es ético monetizar el sufrimiento?

HBO estrenó “El juicio de Némesis”, un documental en tres partes sobre Valeria Cortés, con entrevistas exclusivas desde prisión, explorando su pasado militar. Fue nominado a un Emmy en la categoría de mejor serie documental.

Amazon Primer estrenó “Darío: El hombre detrás de Caronte”, una biografía completa de Darío Santamaría, desde su infancia hasta su muerte, con entrevistas a ex empleados suyos, amigos y médicos. La opinión quedó dividida. Algunos humanizaron demasiado, otros lo demonizaron.

Apple TV hizo honor a los concursantes con “Los Ocho: Historias de los Condenados”, con ocho capítulos, dedicando uno a cada participante en el show, explorando sus crímenes, juicios originales y víctimas, entrevistas a familiares de víctimas, a gente de su entorno, y una opinión general más equilibrada, mostrando humanidad de criminales sin justificarlos.

Pero no solo se limitó a ser pasto de streaming, también se hicieron películas que llegaron al cine, como “Caronte”, distribuida por Warner Bros, un thriller dramático en el que Oscar Isaac interpretó a Darío y Charlize Theron a Valeria, con un reparto internacional para los ocho criminales, una película que causó polémica entre las familias de las víctimas, que demandaron a la productora en una producción que logró más de ochocientos millones de dólares en la taquilla mundial.

A24 también estrenó su versión: “500 jeringuillas”, inspirado en la novela de Rocío Blanco, que donó un 30% de sus derechos a las familias de sus víctimas, así como otro 30% para una ONG. La crítica la acusó de lucrarse con su crímen, a lo que ella alegó que ya estaba pagando su deuda de otra manera.

Se hicieron libros, decenas, pero lo más curioso fue que un estudio independiente sacó “Caronte: The Game”, un videojuego en el que el jugador era uno de los participantes a elegir, un simulador de las pruebas, con gráficos realistas, que fue prohibido en veintitrés países por glorificación de violencia, y que, a pesar de ello, vendió más de dos millones de copias. “Escape from Caronte” fue un videojuego para móviles tipo juego de puzle o escape room, menos violento con enfoque en la estrategia, con más de cincuenta millones de descargas. Juego gratuito que se lucró gracias a los extras disponibles para comprar dentro del juego, tales como el mapa de Silvia o tiempo extra.

Caronte también llegó al merchandising, con récord de ventas en máscaras para Halloween, como la máscara de Caronte, una calavera con corona dorada, así como camisetas con frases icónicas, así como jeringuillas de plástico, réplicas de la prueba final, figuras de acción de Némesis y de Caronte, con coleccionistas pagando más de quinientos dólares por ediciones limitadas, o posters de las pruebas con un estilo artístico y no gore explícito, vendidos en galerías de arte urbano.

Los memes también se hicieron virales en algunos casos, tales como “Yo buscando el antídoto en mi vida”, y una imagen de Silvia inyectándose, usado principalmente en Tinder, como una manera especial de buscar pareja, pero también para el trabajo o como sentido de la vida. “Caronte cuando ve sentencias de dos años”, y una imagen de Darío frunciendo el ceño, y cientos más.

En TikTok se puso de moda varios retos, #CaronteChallenge, donde los tiktokers recreaban pruebas de manera humorística, #500jeringuillas, que fue prohibido por la plataforma y que consistía en inyectarse agua, actuando con drama, o #JusticiaReal, donde los influencers comentaban sus posturas sobre la justicia, con casos reales. En Twitter #Caronte fue Trending Topic durante seis meses consecutivos, logrando otro récord, con debates diarios y cuentas parodia seguidos por millones de usuarios.

La música también le recordó. “500 Needles”, de una artista indie española, “Caronte’s Lullaby”, de una banda de metal alemana con una letras inspirada en las pruebas, “Némesis”, de una rapera mexicana que hablaba de la justicia fallida, o “The Last Breath”, de una cantante estadounidense, cuya letra se centraba en las dos finalistas.

El turismo macabro tampoco pudo faltar. Turón aumentó sus visitas un 300%. La gente que visitaba Asturias tenía aquella parada obligatoria para conocer la nave, por fuera, pero la empresa dueña del recinto aprovechó el tirón y organizó excursiones con un guía que contaba dónde se hacía cada prueba, o dónde estaba Caronte. Un empresario local creó el ‘Museo Caronte’, sin autorización oficial, donde exhibía réplicas de pruebas, cronología y entrevistas, con cincuenta mil visitantes durante los primeros seis meses. El Gobierno del Principado intentó cerrarlo, pero, al ser una propiedad privada legítima, los intentos fueron en balde. Los hoteles locales ofrecían un ‘Paquete Caronte’, con visitas a la nave, al museo y noche de hotel.

Rocío Blanco se había convertido en una celebridad global, con cientos de apariciones públicas. En Estados Unidos fue entrevistada por Oprah y estuvo invitada en el show de Jimmy Fallon, también dio una conferencia en la ONU titulada “Justicia, redención y segundas oportunidades”, y en sus redes sociales sumaban más de cuarenta millones de seguidores entre Instagram, Facebook y Twitter.

Creó la ‘Fundación Rocío Blanco’, ayudando a víctimas de estafas, y la opinión pública sobre ella fue creciendo, logrando que un 62% de las personas encuestadas la viesen positivamente, como una heroína, una superviviente, redimida, aunque aún un 28% la veía de manera negativa, una criminal con suerte que no merecía fama. Al 10% restante, sencillamente, le era indiferente.

Caronte logró en números un hecho sin precedentes. Trecientos millones de espectadores en vivo al mismo tiempo, cinco documentales, dos películas, cuarenta y seis libros, dos videojuegos, más de doscientos millones de dólares en merchandising, casi doce millones de views en TikTok con #JusticiaReal, cuarenta y siete países con reformas legales inspiradas, más de cincuenta murales urbanos a nivel global y un 300% de aumento de turismo en Turón.

Como dijo un crítico cultural en ‘The Guardian’…

“Caronte no fue solo un crimen. Fue el evento cultural definitorio de nuestra era. Y eso debería aterrarnos…”