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Piso de Elena, 19 de octubre, 23:47h.
El teléfono de Elena sonó. Estaba sola. Su marido, el también inspector Urko Ayestarán, compañero suyo en la misma Comisaría, había sido asignado para colaborar activamente con el CNP de Llanes en un caso sobre una mujer que presuntamente había asesinado a su marido para cobrar el seguro. Allí se quedaría unos días. Al otro lado, el comisario Mauleón.
—Inspectora, supongo que lo habrá visto.
—¿El qué?
—¿Tiene Smart TV?
—Sí, claro.
—Ponga YouTube, en el buscador ponga ‘Caronte’.
—¿El barquero?
Mauleón se mantuvo en silencio. Elena también.
—Hay una señal en directo, señor.
—Entra…
Volvió a haber un silencio bastante largo.
—¿Qué es exactamente?
—Es lo que están averiguando en Comisaría, pero desde Madrid nos dicen que todo apunta a Oviedo.
—Es que, permítame, pero no entiendo. Son varios operarios montando un escenario, como un laberinto.
—Si es como dicen desde Madrid, es posible que no duerma mucho.
—Con esta panza y las patadas del bebé, créame, no duermo mucho en sí.
—Creemos que han secuestrado a ocho personas por la zona, y el comisario de Pola de Siero ya me ha confirmado que ayer se interpuso una denuncia por la desaparición de Rocío Blanco Soto, su marido la interpuso allí, llevaba cuatro días desaparecida. Y adivine qué… Está en streaming. Pase lo que pase en la retransmisión, mañana la quiero temprano en mi despacho, esto huele muy mal. E intente descansar.
Elena se quedó mirando la retransmisión. Un hombre y una mujer enmascarados presentaban aquello y comenzaban a explicar lo que iba a suceder a continuación.