18
Llegaron a Irlanda unas semanas después a una mansión muy antigua cerca de los acantilados. Prudence se sintió deslumbrada al ver ese paisaje hermoso con ese mar índigo a la distancia. Se detuvo para contemplar la hermosa vista y su esposo la abrazó.
Prudence pensó que su vida había cambiado tanto esos meses, era tan guapo y pensó que era un hombre tan maravilloso. No sólo le daba sexo y la satisfacía una y mil veces, él la entendía y podían estar el día entero juntos sin aburrirse o sin tener conflictos.
Su depresión había desaparecido y sólo estaba somnolienta y cansada.
Después de dos meses haciéndolo sin parar ahora se quedaba dormida y se preguntaba si no estaría esperando un bebé.
Le daba miedo pensar en eso, sabía que no estaba preparada y lo que más la asustaba era ese viaje a Irlanda y pensar que él lo había hecho todo para complacer a su tío solterón.
Diablos, estaba loca por ese hombre, era su marido y se entendían tan bien que temía que todo fuera mentira. La aterraba pensar en eso.
—Ven, entra. Hace frío aquí—dijo y la envolvió entre sus brazos.
Prude sonrió y él la besó apasionado sin pensar que cerca de allí había criados que los estaban mirando a la distancia.
Entraron tomados de la mano y Prude vio deslumbrada que era una casa inmensa y lujosamente amueblada. Antigua y moderna a la vez, con un sofisticado sistema de seguridad y todos sus tesoros expuestos como trofeos. Todo lo que allí había debía valer una fortuna: los cuadros, las estatuas del salón, los jarrones chinos, el mobiliario…
Pero el tío Albert brillaba por su ausencia. Pero sí había muchos criados en toda la mansión vigilando cada rincón. Prude pensó que no sería agradable toparse con extraños todo el tiempo cuando vivieran allí.
De pronto apareció un hombre alto y fornido con un audífono en su oído.
—Señor MacNeil. Bienvenido. Felicitaciones por la boda—le dijo.
Su esposo sonrió y la abrazó protector.
—Gracias Fletcher. ¿Cómo está mi tío hoy?
La expresión del hombre cambió.
—No muy bien, el ataque de la semana pasada lo dejó conectado a una máquina, pero él ha querido quedarse aquí y los médicos lo visitan todos los días.
—Rayos. Pensé que estaba mejor.
Prude miró a su esposo consternada cuando él le explicó que estaba entubado y no quería que se impresionara.
—Iré a verlo, pero ven, te llevaré a nuestra habitación—dijo luego como si no quisiera dejarla sola en esa casa.
Ella lo siguió algo inquieta pues no entendía cómo su tío había tenido otro ataque, pensó que estaba distraída cuando él le dijo.
Cuando llegaron a sus habitaciones pensó que era un lugar hermoso y magnifico. Nunca había visto un lugar así, alfombras rojas, escudos, muebles antiguos y comedor, cocina y un baño inmenso comunicado a la habitación principal.
Y de pronto vio un emblema en la habitación, un emblema de plata que tenía el dibujo de un dragón de fuego.
—Oh vaya… —dijo y de pronto noto que su esposo había llegado y la miraba con fijeza.
—Es el emblema de mi familia, preciosa. Un dragón de fuego. ¿Te agrada?
Prudence sonrió.
—Sí, es hermoso. Se ve tan fuerte.
Él se acercó y la abrazó.
—Como te dije, soy tu dragón, el dragón que encontró a su virgen de fuego—le dijo al oído.
Ella sonrió y escuchó la leyenda del dragón que viajó muy lejos en busca de su virgen, era una leyenda familiar muy bonita.
Pero sabía que era mucho más que una leyenda y que de una forma extraña y rara todo lo que le había pasado en su vida, casi desde el comienzo la había empujado a los brazos de Malcolm MacNeil su jefe.
Y de pronto se lo dijo.
—Sabes, ya no pienso en el pasado ni me afecta porque de cierta forma quise ir a ti. No sé si tú me buscabas o yo te buscaba a ti, Malcolm. Eres el hombre que siempre pensé que sería mi esposo un día.
Él sonrió y la atrajo contra sí para abrazarla y darle un beso ardiente y apasionado.
—Te amo preciosa, creo que te amé desde el momento en que entraste en mi oficina para una entrevista de trabajo, pero estabas prometida a ese tonto. Ibas a casarte con él—le dijo y le dio un beso ardiente y apasionado.
—Y yo amo MacNeil y a pesar de todo lo que pasé me alegra que fuera así, que me diera cuenta a tiempo que Peter no era para mí. Yo iba a dejarlo antes de tu chantaje, iba a hacerlo.
Él miró sus labios y la arrastró a la cama para hacerle el amor. Acababan de llegar, pero no estaban cansados. Cerró la puerta para que nadie pudiera molestarlos…
Su nueva vida en Irlanda comenzaba y empezaba de la mejor forma posible.