Capítulo XXIX Frantxo no olvida.
En la calma tras la tormenta, Frantxo caminaba entre los escombros y los cuerpos, recordando a los que se habían ido. Sus rostros aparecían en su mente con claridad, cada uno una historia de coraje y sacrificio. “No os olvidaremos”, pensó, mientras colocaba una piedra sobre una cruz improvisada.
El pueblo, aunque herido y cansado, se mantenía unido. Las lágrimas y el silencio se mezclaban con las miradas firmes y las palabras de aliento. Frantxo sabía que la memoria era también una forma de resistencia, una manera de honrar a quienes dieron todo por El Jardín.
Los vecinos comenzaron a reconstruir, a sanar, a mirar hacia un futuro incierto pero posible. La sombra del miedo aún estaba presente, pero también la luz de la esperanza y el amor por la tierra.
Frantxo sintió el peso de la historia en sus hombros, pero también la fuerza de un pueblo que no se rinde. “Esto no acaba aquí, pero lo que hemos vivido nunca se borrará,” pensó con solemnidad.