El inquilino universitario 2. El reencuentro 10
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Salimos por la puerta de embarque y Elvira ya nos estaba esperando en el aeropuerto de Ibiza. Había dejado su coche eléctrico en el parking y Sofía y yo metimos las maletas dentro. El viaje duró una media hora y, mientras, pudimos deleitarnos con los bonitos paisajes de la isla.

Luego subió una pequeña colina y entramos en una zona bastante exclusiva de Ibiza. Solo había que ver las casas de lujo que destrozaban el entorno natural que las rodeaba. Y en una de ellas era en la que íbamos a pasar la siguiente semana de vacaciones.

Nada más entrar en la mansión, nos saludó una señora filipina, que hablaba muy poquito español, la había contratado Elvira para que durante el mes que ellas iban a estar allí se ocupara de la limpieza en general y de tenerlo todo recogido, y con mucha amabilidad nos indicó dónde estaba nuestra habitación.

Sabíamos que a Elvira le iba muy bien en su empresa, pero aquello era otro nivel.

―¿Qué os parece? ―nos preguntó Elvira.

―¡Es una pasada! ―le contestó mi chica abriendo los armarios, visitando el baño y después asomándose a la ventana, que tenía vistas al mar.

―Ya lo creo ―dije yo―, podríamos quedarnos a vivir todo el año.

―Eso me gustaría, pero es muy difícil comprar aquí, hay poquitas viviendas y los propietarios no las venden, le he hecho una buena oferta a mi amigo para que me venda esta, pero creo que no está muy por la labor…

―No me extraña…

―Bueno, dejo que os pongáis el bañador y os espero abajo, comemos algo y si os apetece después, damos un paseo por la playa…

Casi no me había dado cuenta de que eran más de la una de la tarde y después del viaje en avión se me había despertado el apetito. Sofía y yo nos cambiamos rápido y bajamos al salón, donde nos estaba esperando la asistenta filipina.

―Por aquí ―nos indicó dirigiéndonos a una puerta trasera por la que se entraba a la piscina privada.

Casi me caigo de culo al divisar a Fiorella recostada en una hamaca tomando el sol. Al vernos se incorporó y se acercó a nosotros. Mi chica, con un pareo en la cintura y su bikini negro, se debió sentir ridícula al ver a la escultural modelo italiana en topless y con unas mini braguitas negras.

Tenía unas tetas pequeñas pero preciosas, con unos pezoncitos oscuros que parecían erectos y unas interminables piernas suaves y bronceadas que brillaban de manera espectacular. Se puso las enormes gafas de sol que reposaban en su cabeza, ocultando su cara, y nos dio un par de besos al saludarnos.

Se mostró mucho más simpática y efusiva que el día de la boda y eso fue de agradecer, pues nos hizo sentir menos incómodos por haber invadido su intimidad.

A pesar de su comportamiento, el que no estaba nada tranquilo era yo, ya que, como os podéis suponer, se me puso dura en cuanto vi a la top model casi como su madre la trajo al mundo.

Luego apareció Elvira con un minúsculo biquini blanco que le tapaba lo justo, sus excelsas tetas desbordaban la tela por todas partes y llevaba un tanguita con el que lucía orgullosa su culazo prieto y marcado después de tantas horas de gimnasio.

¡La semana con aquellas dos putas diosas iba a ser una tortura!

Había una mesa con vasos de cristal preparados debajo de una sombrilla, un par de jarras de zumo de naranja y varias brochetas de fruta fresca colocadas en una bandejita.

―Si os apetece una cerveza, refrescos, lo que queráis, se lo pedís a Imelda sin problema…

―Pues yo sí me bebía una cervecita fría ahora ―le dije yo.

―Vale, yo también…

Elvira llamó a su asistente y le pidió por favor un par de cervezas, que nos trajo casi al instante en unas jarras grandes.

―No hacía falta, con un par de botellines habría valido…

―Muchas gracias, Imelda ―la despidió Elvira―. Es un amor, cuando vengo a Ibiza, siempre le pido a ella a la agencia, porque es la mejor… Y ahora en un rato nos servirá la comida, sobre las dos y cuarto, antes os podéis dar un bañito…

Se sirvió un vaso de agua mientras probaba una brocheta con trozos de piña y Fiorella se acercó a su lado y la agarró de la cintura. Elvira le puso un trozo en la boca y después se dieron un pico. Menuda estampa: las dos de pie, abrazadas y dándose besitos.

¡Así no se me iba a bajar la empalmada en todo el día!

―Estáis en vuestra casa; ahí están las tumbonas; si os apetece comer o beber algo, se lo pedís a Imelda, y luego os diré por dónde se baja a la playa.

Es privada, así que solo van a estar los que tienen una casa aquí, que ya os digo que no suele haber nadie, es una calita muy pequeña y esta tarde íbamos a bajar a hacer una sesión de fotos…

, por si os apetece venir ―comentó Elvira.

―Sí, claro…

Nos sentamos a la mesa y los cuatro conversamos de manera distendida en lo que nos bebíamos las cervezas y, antes de la comida, Sofía y yo decidimos probar la piscina.

Tendría unos ocho metros de largo y cuando estabas dentro, hacía el efecto óptico de que era una prolongación del mar.

Con el agua parada era toda una invitación a meterse y mi chica y yo nos acercamos a la orilla.

Por suerte ya se me había bajado la erección y ninguna de mis acompañantes se había percatado del bulto bajo mis bermudas, pero una semana así iba a ser imposible disimular mis continuos empalmes. Me daba mucha vergüenza que me vieran, pero es lo que le hubiera pasado a cualquier mortal.

No puedes tener delante a dos mujeres como Elvira y Fiorella medio desnudas y que no se te ponga dura.

Bañarse en la piscina con vistas al mar era una gozada. Y en aquella casa de lujo todo era armonía y tranquilidad. Abracé por detrás a mi chica, mirando el horizonte dentro de la piscina, y le puse la polla entre sus dos glúteos.

Entendía que Sofía se sintiera cohibida o acomplejada delante de Elvira y Fiorella, aunque no tenía por qué.

Sus físicos no tenían nada que ver, aunque el de mi novia me volvía loco.

Era bastante más bajita que ellas, sobre 1,65, tenía un pelazo rizado natural que ya les gustaría tener a cualquiera de nuestras inquilinas y su cara era muy guapa y natural.

Y lo mejor eran sus dos enormes tetas, que no desentonaban con el resto de su voluminoso cuerpo.

Quizás la parte que menos le gustaba a mi chica de su anatomía era su culo, ella decía que lo tenía grande y plano, como una «carpeta», pero a mí me volvía loco ese enorme trasero con caderas, y follármela desde atrás era una gozada.

Le incrusté la polla entre los cachetes y casi al instante volví a recuperar la erección que había perdido unos minutos antes. Por supuesto que Sofía notó mi dureza y miró picaronamente hacia atrás.

―¡Joder, Adri!, así no vas a poder salir de la piscina…

―Me encantaría follarte aquí.

―Tú estás tonto.

―Otro día que estemos solos…, pero tú de esta piscina no te me escapas… ―dije restregándome contra ella.

―¡Este sitio es increíble!, vaya vistas…

―Ni que lo digas ―Y pasé las manos hacia delante y acaricié sus tetas.

―¡Vale ya, Adri!, que nos van a ver…

―Me da igual, la italiana no se ha cortado un pelo en presentarse medio desnuda.

―¡Menuda descarada!, y anda que el mini biquini de Elvira, por decir algo, porque joder, parece dos tallas más pequeño…

―Ya les gustaría a ellas tener el cuerpazo que tienes tú, sabes que me vuelves loco…

―Sí, sí…, menudo listo estás tú hecho, ¡te vas a poner las botas con esas dos!

―¿Y qué quieres que haga…?

―¡Chicos!, ya está aquí la comida ―nos anunció Elvira acercándose hasta el borde y se metió al agua con nosotros―. Necesito refrescarme un poco porque con este calor no hay quien pare…

Tuve que separarme a regañadientes de mi chica e hice un par de largos tratando de calmarme, pero al llegar al final Elvira me estaba esperando con los brazos abiertos apoyados en el bordillo.

Como se le había mojado el bañador ahora se le transparentaban los pezones por debajo de la tela y me echó una mirada traviesa, con una cara de morbo que en ese momento me dio miedo.

¡Mi amiga estaba tramando algo!

Lo pude ver claramente en sus ojos, con esa pose desinhibida y descarada mientras su chica se acercaba hasta la orilla, se sentaba justo sobre su cabeza y metía los pies en el agua.

La asistente filipina fue sirviendo la comida en la mesa en la que antes habíamos hecho el picoteo y me fijé en cómo Fiorella le acariciaba el pelo a Elvira, que inclinó la cabeza, la apoyó en uno de los muslos de la modelo y se dejó hacer.

Ahora crucé la mirada con Sofía, que también estaba atenta a las caricias que se brindaban nuestras anfitrionas y me acerqué a mi chica para agarrarla de la cintura y darle un beso en los labios.

Parecían los previos de una peli porno, y allí estaba yo, en el puto paraíso, rodeado de aquellas tres diosas.

Sofía fue la primera que salió de la piscina.

Y yo me quedé observando su voluminoso trasero y la tela del biquini negro que se le metía entre los cachetes.

Se echó el pelo hacia un lado y luego se apretujó las tetazas, en un gesto típico para escurrir el agua de la parte de arriba.

Me encantó ver cómo Fiorella y Elvira no perdían detalle de los movimientos de mi chica.

Desde luego que Sofía no tenía un cuerpazo esbelto y escultural como ellas, pero os aseguro que cualquier tío mataría por echar un polvazo con mi chica.

¡No podía estar más tremenda y me sentí muy orgulloso de Sofía viendo que no se amilanaba ante la belleza de la singular pareja lésbica!

Debería haber salido detrás de Sofía, pero no quería acaparar las miradas de todas, pues la erección que marcaba bajo las bermudas era escandalosa, así que me dejé llevar un poco en el agua y la siguiente en salir fue Elvira, con su biquini blanco y ese tanguita que se le perdía entre los glúteos.

Fiorella la recibió al borde de la escalera, se dieron un pico y se agarraron de la cintura para ir juntas hasta la mesa.