El inquilino universitario 2. El reencuentro 6 #2
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6 #2

En cuanto entramos por la puerta, nos fuimos besando hasta el salón, yo estaba extrañamente excitado, más cachondo de lo normal.

Los últimos días habían sido muy intensos y necesitaba aliviar todas las tensiones acumuladas y volver a centrarme en mi chica.

Amasé sus enormes tetas con las manos, Sofía tenía unos pechos grandes, pesados, voluminosos, que sin ninguna duda eran lo mejor de su anatomía, junto con su precioso pelo rizado.

Lo malo es que no podía sacárselas por encima del vestido al ser tan ajustado, y, además, me apetecía follármela sin que se lo quitara.

Le di la vuelta, la puse contra la mesa y fui tirando de la falda hasta que desnudé sus glúteos cubiertos tan solo por un fino tanguita. Sujeté a Sofía por el pelo para que no se moviera, con la otra mano me desabroché los pantalones y, con esfuerzo, conseguí sacarme la polla.

De un solo tirón le bajé el tanguita, me agaché detrás de ella y le metí la lengua en el ojete.

Sofía protestó tímidamente, aunque el sexo anal le gustaba, no era de sus prácticas preferidas y tenía que estar muy caliente y preparada para dejar que la enculara.

Aun así, me permitió que se lo lamiera, y me apretó la cabeza contra su cuerpo.

―Aaaaah, Adrián, ¿qué haces? ―me preguntó con un gemido al notar que uno de mis dedos se abría paso en su estrecho ano.

―Me apetece follarte por el culo ―le dije dándole un mordisquito en la nalga derecha.

―Noooo, hoy no…

―Venga, por favor, tengo muchísimas ganas. ―Y tiré de sus glúteos abriéndoselos bien para meterle la lengua un poco más profundo.

―Aaaaah, cabrón, me vuelves loca cuando haces eso, pero…, aaaah, aaaah…

Seguí subiendo sus cachetes, tirando a la vez para descubrir su ano y se lo trabajé todo lo sucio y duro que pude. Le soltaba unos buenos lametazos y las piernas de Sofía se fueron tensionando, y cuando no pudo más, las dobló apoyando los codos en la mesa.

―Aaaaah, Adri, no, no, para, para…

Pero yo no estaba dispuesto a dejar escapar su culo, me puse de pie, sujetándomela con la mano, y apoyé la polla con decisión en el punto exacto.

Sofía gritó al notar la presión y volvió a protestar poniendo cara de dolor.

Con un golpe de cadera la penetré un centímetro y ella se dejó caer en la mesa.

―Aaaaaah, aaaaah, ¡te voy a matar!, ¡me estás partiendo!, ¡¡AAAAAH!!

Los gemidos de Sofía me ponían muy cachondo, eran graves, exagerados, le brotaba un sonido desde la garganta que no podía controlar aunque lo intentara, y yo continué perforándola hasta que mis abdominales rebotaron contra su culo, lo que me indicaba que ya tenía toda mi polla clavada en su esfínter.

Esta vez el grito de placer de Sofía se debió escuchar en todo el vecindario, y no le di ni tiempo a que se acostumbrara, casi de inmediato comencé a follármela a lo bestia, apoyándome en su espalda y manoseando sus dos tetazas.

―¡¡Aaaaah, hijo de puta, sigueeee, sigueeeee!!

Normalmente, me gustaba sodomizarla apartándole el hilito del tanga, sin embargo, esa noche me puso muy cachondo bajárselo a lo bruto.

Una vez dentro de ella, a los cinco minutos mi polla se había amoldado perfectamente a su estrecho paso y salía y entraba con facilidad.

Tiré de su pelo, ella se levantó y me sujetó los brazos a la vez que me amenazaba.

―¡¡Aaaaah, más despacio, te voy a matar, aaaaah, aaaaah!!

―¿Es que no te gusta?

―¡¡Me haces daño!!

―¿Y por qué sacas el culo hacia fuera?, ¿es que quieres que pare?

―¡Aaaaah, aaaaah, aaaaah!, ¡no me tires tan fuerte del pelo!

Pero no hice caso a lo que me pedía y seguí destrozándola hasta que llegó al orgasmo.

Entonces la zarandeé por su enorme melena y en el forcejeo la embestí más fuerte haciendo que Sofía se corriera mientras intentaba soltarse de mis garras.

Me puso muy cachondo el grito que soltó cuando liberó su clímax.

―¡¡¡¡¡AAAAH, AAAAAH, AAAAAH, AAAAAH, DIOSSSSS, ADRIIII, ME CORROOO, ME CORROOOO, SÍÍÍÍÍÍ, AAAAAH!!!!!

Aguanté como pude hasta que terminó y con un par de acometidas más noté que era mi turno.

―¡Uf, Sofi!, ¡lo tengo apunto, lo tengo apunto, aaaaah!

Pero Sofía apenas era capaz de articular palabra, bastante tenía con intentar recuperar el aliento, y todavía se dejaba encular con la cabeza agachada. Parecía una muñeca inerte y volví a tirar de su pelo con fuerza, haciendo que reaccionara de inmediato.

―¡Voy a correrme en tu boca!, ¡agáchate!

Ni tan siquiera protestó y se dejó caer de rodillas mientras yo me agarraba la polla; después comencé a meneármela a toda velocidad delante de ella. Sofía abrió la boca y me aseguré de que no pudiera moverse, volviendo a agarrar su pelo.

¡Un primer lefazo salió volando y le atravesó desde la barbilla hasta la frente!

―¡Hijo de puta!, nooooo… ―me insultó con la boca abierta y la lengua fuera esperando mi semen.

Este fue aterrizando por toda su cara. Y yo me aseguré de acertar de pleno, sin soltarla, corriéndome con rabia y tirando de su pelo mientras ella subía los brazos y forcejeaba, tratando de liberarse.

―Aaaah, cabrón, nooooo, cabrónnnn…, suéltame…

Al cuarto disparo le metí la polla en la boca y solté su preciosa melena, pero fue solo para poner las manos en su cabeza y clavársela hasta la garganta.

Sofía se agarró a mis muslos y dejó que terminara de vaciar mis huevos en una potente corrida, mientras seguía follándome sus preciosos labios hasta que comencé a perder dureza.

―¡¡Aaaaah, hijo de puta, sabes que en la cara no me gusta!! ―me increpó de rodillas pasándose los dedos por la mejilla para intentar retirar los restos de mi lefada.

Hacía tiempo que no me corría con esa rabia, con esa potencia, de esa manera tan abundante. La cara de Sofía era un poema y de la comisura de sus labios se escapaban goterones mezclados con su saliva.

―Perdona, cariño, es que hoy me tenías muy cachondo…

―Joder, Adri, ¡no me gusta esto!, has estado muy bestia, ¡te has pasado!

―Yo pensé que… ¡Me ha gustado que te corras con esa intensidad!, aunque, sí…, tienes razón, es que llevo unos días con mucho estrés, entre el trabajo, lo del piso, la boda de tu hermano, las despedidas… me he pasado un poco… Perdóname, Sofía.

―¡Vete a la mierda!, ¡mira cómo me has puesto! ―gritó poniéndose de pie, y miró su empapado escote sin poder apoyarse en ningún sitio, porque tenía las manos llenas de semen.

Salió del salón en dirección al baño, ni tan siquiera se había podido bajar la falda y me mostró el culo, que me acababa de follar, mientras caminaba refunfuñando.

Yo me senté en el sofá con la polla fuera y los pantalones por los tobillos.

Sofía tenía razón, me había pasado con ella, y es que todo lo de Mónica, Elvira y Laura me estaba afectando.

¡Era inevitable!

Esa noche, Sofía se quedó a dormir conmigo y al día siguiente salimos a comer fuera.

Después del café volvimos a casa y antes de que Sofía regresara con sus padres follamos de nuevo en mi piso de alquiler.

Otra vez por el culo. Solo que en esta ocasión fue ella la que me pidió que la sodomizara, y yo terminé corriéndome dentro mientras la embestía a cuatro patas desnudos en la cama.

Necesitaba pasar un fin de semana así con Sofía, volver a centrarme en ella y en el trabajo, recuperar la normalidad; aunque todavía quedaba la boda de su hermano —que nos estaba alterando a todos—, y después ya llegaría el verano para poder disfrutar de la playa y de unas merecidas vacaciones.

Pero la tranquilidad me duró poco, apenas un par de horas. Mientras cenaba yo solo un sándwich viendo la película de la primera, me entró un whatsapp. Lo miré sin darle importancia, y al ver de quién se trataba el corazón me latió a toda velocidad.

¡No podía ser!

Mónica 22:12

Hola, Adrián

Qué tal?

Oye, siento molestarte, pero me gustaría hablar contigo…

¿Cómo tienes la semana que viene?

Si quieres quedamos donde el otro día, estaba bien el sitio. Me da igual el día.

¿Te parece bien?