El Infierno en el Paraíso 11 #3
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11 #3

Terry: Hoy no solo estás preciosa, estás suculenta…

(Mi vientre se estremece al sentir su cálido aliento cerca del oído).

Quiero arrancarte la ropa, que observes cómo saco mi miembro duro y deseoso de entre los pantalones y empotrarte en la pared mientras te penetro hasta el fondo.

(Imaginar lo que me dice me calienta). ¿Te gustaría?

(Asiento con la boca seca. Sediento de deseo, roza con el índice un camino desde mi oído, pasando por mi cuello hasta la orilla de mi escote, separa la tela y mi seno derecho queda expuesto, me aprieta con ambas manos la cintura y succiona con fuerza la punta erguida.

Cierro los ojos y disfruto de la sensación dura y exigente, deseando sentirlo entre mis piernas, desliza el pezón entre los dientes soltando suavemente para cubrirme y dejando la mirada a la altura de la mía). ¿No te da miedo que lo haga?

Paty: No, usted nunca me lastimaría. (Esboza una ligera sonrisa).

Terry: Así es, pero no será esta noche, tal vez más adelante. Hora de irnos. (Debe notar mi cara de decepción porque toma mi barbilla para levantar mi rostro).

Terry: Prometo complacerte a nuestro regreso, ahora se nos hace tarde, nena. (Mi Sr. y sus horarios perfectos, en ocasiones como esta, no me gusta tanto su formalidad).

Al llegar al Reino de la Salsa pasamos directamente al privado, donde Carlo ya está esperándonos junto con Dereck y Ximena, ella es muy agradable y la verdad es que hacen una linda pareja. Después de pedir nuestras bebidas llegan los demás.

Mi Sr. no pierde el tiempo y me saca a bailar, me encanta la luz de sus ojos que parece resplandecer entre la oscuridad, lo delicioso que se mueve y la delicadeza con que me trata. Una vez que la sed es insoportable regresamos a la mesa.

Alicia: ¿Y qué haremos mañana?

A decir verdad, no lo sé a ciencia cierta, supongo que descansar después de este día, lleno de tan agradables sorpresas que mi Sr. me ha dado.

Es viernes y ya me advirtió que ni de broma iré a trabajar, de hecho, mientras mis amigos estén aquí, no me quiere ver en la oficina, la que me preocupa es la pobre de Lía.

La conversación es amena, incluso la vibra entre Ángel y mi Sr. se relaja, todos platicamos, brindamos y bailamos por turnos, hasta que en un momento en que mi Sr. se levantó a darle una indicación a Frankco, Ángel aprovecha para acercarse.

Ángel: Me encanta verte así de feliz, anda, vamos a bailar.

Me invita tomándome del brazo. Me congelo por un momento sin saber qué responder. Dereck se da cuenta y nos observa esperando mi respuesta.

Al principio cuando nos conocimos; Ángel, Alicia y yo íbamos a antros y bares, bailábamos, cantábamos y nos divertíamos todo el tiempo, después de que me atacaron…

todo cambió. Me recluí en mi habitación por un mes entero, solo Ángel me acompañó, mientras recordaba y casi podía sentir cada golpe, cada insulto, el aliento putrefacto, su asquerosa saliva, las sucias palabras «Me la vas a mamar, puta», Ángel curó mis heridas y poco a poco, gracias a sus cuidados y paciencia, salí de esas cuatro paredes, sin embargo, me dediqué a estudiar y trabajar únicamente, cuidándome las espaldas todo el tiempo.

No entablé ninguna otra amistad, tenía miedo de que cualquiera pudiera ser él, no soportaba el contacto.

¡Ángel siempre estuvo ahí!, mi ángel… Seguramente a mi Sr. no le gustará si salgo a bailar con él, pero si él se ha acostado con otras chicas estando conmigo, supongo que bailar con él no tiene por qué ser una tragedia, además, no puedo hacerle esta grosería, no se lo merece.

Asiento y alcanzo a ver a Deereck mover la cabeza negativamente, él también sabe que a mi Sr. no le hará gracia, pero, bueno, es mi cumpleaños y no es todos los días.

Estamos a mitad de la canción cuando en un giro lo veo de pie con Dereck tomándolo del brazo, prácticamente puedo verlo echando humo por los oídos.

Ángel: ¿Te trata bien?

Paty: ¿Terry? Por supuesto, tiene sus arranques medio locos, pero claro que me trata bien, ¿no lo has notado?

Ángel: Es demasiado egocéntrico, ¿no crees?

Paty: Es un millonario inglés, claro que es egocéntrico, pero me quiere y yo a él.

Ángel: Sí, es millonario, no hay nada que compita con eso.

Paty: No estoy con él por su dinero, creí que me conocías mejor.

Ángel: Lo sé y te conozco, pero no puedes negar que deslumbra a cualquiera ser dueño de un paraíso.

Paty: Cierto, pero si no lo tuviera, seguiría estando con él.

Ángel: No me cae bien, tal vez sea muy pronto para dar una opinión justa, pero le agradezco que te haya librado de tantos miedos… Miedos que yo no pude borrar.

Paty: Sí, me ha ayudado mucho y me ha tenido mucha paciencia. Dale una oportunidad, estoy segura de que terminarán llevándose muy bien.

Bailamos una canción más, nos abrazamos con fuerza y me toma del brazo para volver al privado. El Sr. me espera con las facciones endurecidas, acuchillando con la mirada a Ángel. Él le da mi mano y mi Sr. la toma.

Ángel: Gracias por hacerla feliz. (La confusión se dibuja en el rostro de mi Sr., por lo que solo asiente y mi mejor amigo pasa de largo.

Terry baja la mirada por un instante y al levantarla se apodera de mi boca, recorriendo con la lengua cada centímetro, al tiempo que me aprieta contra su cuerpo, haciéndome notar su hombría y robándome el aliento).

Paty: ¿A qué se debió eso?

Terry: A que eres mía, solo mía.

Me toma de la mano y como un gran actor sonríe frente a los demás, sé que está muy lejos de estar contento, le enfureció verme bailar con Ángel, sin embargo, se guarda sus comentarios y se lo agradezco en silencio.

Seguimos bebiendo y disfrutando de la noche, hasta las dos de la mañana…

Terry: Bueno, chicos, ha sido un placer compartir con ustedes y que nos hayan acompañado a festejar el cumpleaños de mi hermosa chica, pero es hora de festejarla en privado.

Carlo comienza a silbar, Ximena a aplaudir y los demás a hacer ruidos extraños, mis mejillas se incendian y nos despedimos.

Paty: ¿A qué se refiere con eso de festejar a solas?

Terry: Si te digo ya no sería sorpresa.

Responde coqueto guiñándome un ojo. Llegamos al teatro perfectamente iluminado, como si fuese a haber una función.

Le pregunto un par de ocasiones más de qué se trata, pero es inútil, no dirá nada.

Se ve relajado, aunque no puede evitar darse pequeños toques en el pecho, no se encuentra bien, sin embargo, me he dado cuenta del gran actor que puede llegar a ser.

Tomamos asiento en el centro de la primera fila, el telón está cerrado y muero por saber qué hay detrás de él.

Las luces desaparecen y comienzan a escucharse las notas de un violín, ¡no es verdad!, o ¿sí?, busco la mirada de mi Sr. que me toma de la mano y me obsequia una amplia sonrisa.

Terry: ¡Feliz cumpleaños, nena!

El rojo y pesado telón se abre, la imponente orquesta comienza a tocar, busco al violinista, pero no está en el escenario.

Un reflector apunta a un lugar detrás de nosotros y al darnos vuelta, David Garrett hace su aparición mientras toca Viva la vida magistralmente.

Camina lentamente al compás de las notas, se detiene a escasos pasos de nosotros y puedo leer en sus labios la palabra “congratulations” y sube por un lado del escenario.

Escucharlo tocar a tan poca distancia, acompañado de esa maravillosa orquesta, hace que mi piel se ponga chinita y mis ojos se llenen de lágrimas por la emoción. Al terminar la canción me vuelve a felicitar y continúa con el concierto.

Mis cinco sentidos están sobre el escenario, observando, sintiendo, oliendo, degustando y escuchando las maravillosas notas que salen de los instrumentos, transportándome entre nubes de mil sensaciones.

Después de cuarenta minutos de un increíble concierto, la orquesta entera se pone en pie, se inclinan y mi Sr. y yo aplaudimos con fuerza, el telón se cierra frente a mis ojos y yo me quedo inmóvil aún sin poder creer lo que acabo de presenciar.

Terry: ¿Te gustó? (Reacciono al escucharlo, parpadeo un par de veces y me lanzo a sus brazos llenando sus mejillas de besos).

Paty: ¡Fue. Fue. Fue increíble! (Intercalo cada palabra con un beso).

Terry: Me alegro de que te haya gustado, escuché sin querer cuando se lo recomendabas a Lía y yo tampoco había tenido la oportunidad de escucharlo en vivo, así que creí que sería una agradable sorpresa.

Paty: Me ha estado llenando de hermosos detalles, pero si sigue así, terminará malacostumbrándome.

Terry: Yo me voy a encargar de malacostumbrarte todo el tiempo.

Tras un largo beso, nos dirigimos a casa.