EPÍLOGO
DARIO
—Sabía que te encontraría aquí.
Miré a un lado y encontré a Matteo, pero sus ojos no estaban en mí.
—No puedo irme.
Sonreí como un idiota.
—Es lo más hermoso que he visto en mi vida, y… yo ayudé a traerla al mundo. Es parte de mí, como su madre.
Sentí su brazo sobre mi hombro.
—De verdad es hermosa. Tendremos que entrenar muy bien a Pietro y Sergei para ahuyentar a los maledetti que miren a nuestra bambina.
—Ellos la cuidarán por nosotros. Estoy seguro.
—Nos estamos volviendo viejos y gruñones.
—Y celosos.
—Y posesivos.
—Creo que siempre lo fuimos, pero ahora estamos peor.
—Sí… ¿qué nos hicieron estas mujeres, Dario?
—Nos jodieron la vida, Matteo. Eso fue lo que hicieron.
Los dos reímos como tontos apoyados contra el cristal.
La enfermera entró en la sala de maternidad y tomó a mi hija para cambiarle el pañal. Kira Deskova Rossi había llegado al mundo apenas unas horas atrás y ya se había convertido en mi mundo, en parte de todo lo que era su madre.
Seguimos a mi hija hasta la habitación donde Alina descansaba después de un parto tranquilo. Mi esposa se había preparado para la llegada de nuestra niña, y eso había hecho las cosas mucho más fáciles.
En el pasillo de fuera encontramos a Ilya intentando controlar a Pietro y Sergei, que corrían de un lado a otro. Los niños no se detenían ni un minuto, pero cuando vieron a Matteo se escondieron detrás del Consultor.
—¿Qué dije sobre comportarse correctamente en el hospital? —preguntó el capo, con las manos en los bolsillos y una expresión severa dirigida a los niños.
—Que debemos estar callados —respondió Pietro, con la cabeza baja.
—Y portarnos bien —completó Sergei, haciendo sonreír a Ilya.
—Me pareció verlos corriendo —dijo Matteo con sequedad.
La enfermera llevó la cuna de Kira a la habitación bajo las miradas atentas de las pequeñas pestes. La seguí y vi a Sasha y Camila sentadas junto a la cama donde descansaba Alina.
—Ahora que la familia está completa, los dejaremos descansar y volveremos mañana para ver cómo están tus chicas.
Sasha habló y me abrazó.
Camila hizo lo mismo, y las dos se marcharon. Solo quedaron Matteo e Ilya.
—¿Qué te parece si organizamos una cena? —preguntó mi primo—. Podemos tomarnos un día libre y salir a beber algo.
—Excelente idea, si quieres quedarte sin huevos —respondió Ilya con sequedad.
—Eso si Sasha no te hace dormir en la habitación de Pietro durante un mes —dije, sin ocultar mi diversión.
—Cazzo, es solo una cena —gruñó Matteo.
—Podemos hacerla en mi casa. Así no habrá problema con huevos, abstinencia sexual ni arreglos para dormir.
Los dos aceptaron antes de irse, resignados.
—Dario…
—Estoy aquí, amore mio.
Sonrió hermosamente.
—Quiero ver a nuestra hija.
—Está durmiendo, bambina.
Alina sonrió.
—Deja de tener miedo y tráeme a mi pequeña.
—No sé si puedo.
—Estoy segura de que no me decepcionarás, consigliere. Confío en ti.
Miré la pequeña cuna. Kira era tan pálida como su madre, de mejillas regordetas, calva y diminuta.
Frágil.
Dependiente.
Y…
Hermosa.
Con todo el cuidado del mundo, deslicé las manos bajo el cuerpecito que encajaba perfectamente en mis palmas abiertas, olí su cabecita, besé su frente y saboreé la sal de las lágrimas que me corrían hasta los labios antes de acomodar a mi pequeña mafiosa en los brazos de su madre.
—Es tan hermosa.
—Lo más hermoso de este mundo —dije, besando la frente de mi esposa.
—Nuestra Kira.
—Sì. Nuestra Kira.
Miré a las dos mujeres de mi vida sin contener la emoción.
—Te amo, Alina. Gracias por elegirme y por darme el regalo más precioso que un hombre puede recibir.
—Yo también te amo, Dario. Gracias por amarme.
La habitación quedó en silencio, y la felicidad que sentía no cabía dentro de mí.
Mi esposa y mi hija dormían ajenas al mundo que las rodeaba, y me prometí que jamás, bajo ninguna circunstancia, permitiría que nada ni nadie les hiciera daño de ninguna forma.
Mataría a cualquiera que lo intentara.
Mi amor por Alina me había convertido en un hombre nuevo.
Su fuerza me fortaleció.
Su coraje me volvió valiente.
Su noble corazón hizo el mío más intrépido.
Su deseo me corrompió.
Pero fue mi alma solitaria la que reconoció en la suya —apagada y devastada— complicidad, completitud y amor.
Somos dos.
Somos únicos.
Somos mitades de un todo que se encontraron y se volvieron completas.
Sin Alina en mi vida, no soy nada, porque ella es mi todo.
EXTRA — MATTEO ROSSI
Ah, la mafia…
Los desinformados la admiran.
Los inteligentes la temen.
Los mafiosi no se hacen.
Nacen.
Somos inteligentes, carismáticos, fríos, crueles y muy ricos. Abusamos del poder, compramos personas, derribamos gobiernos, decidimos quién vive y quién muere. Las únicas leyes que respetamos son las nuestras.
Las de ella.
Nuestra querida y tan amada mafia.
Ser mafioso exige esfuerzo y sacrificio. Quitamos miles de vidas, pero entregamos nuestras almas en el momento en que nacemos. Venimos de la sangre, de la crueldad, del deseo de matar.
Somos despiadados y eficientes.
Vengativos y arrogantes.
Ambiciosos e implacables.
Apreciamos el sexo, pero somos devotos del matrimonio. La famiglia siempre está primero, y nuestras mujeres por encima de cualquiera.
Somos fieles, leales y amantes apasionados.
Al final de casi una década, pasaron muchas cosas.
Volví a Brasil, rompiendo la única promesa que había hecho, y conocí a Sasha. Fue entonces cuando mi vida sufrió su primer impacto. Me volvió loco con su belleza impactante, su personalidad singular y su vocación para la violencia.
Única.
Magnífica.
Un demonio para muchos.
Para mí, solo un ángel.
Mi ángel.
Perdimos a Viktor, torturamos a Niccolò y usamos a Anya para servir de ejemplo al mundo.
Ganamos a Ilya y Camila.
Me abrieron la cabeza. Nació Pietro.
Mi heredero y la certeza de la continuidad.
Me casé, permitiendo que la Imperatrix reinara también sobre mi vida, sobre nuestra familia, sobre nuestro amor, mientras seguía divirtiéndose haciendo lo que más le gustaba.
Le encantaba torturar y matar traditori.
Viviana se fue.
Mikail llegó.
El mismísimo diablo.
Una prueba más para poner a prueba nuestro amor, nuestra amistad y nuestra lealtad a los amigos, la familia y… la mafia.
Traicionamos. Fuimos traicionados. Sentimos en carne propia el dolor de la incertidumbre, de la inseguridad.
Ilya demostró que ser hombre va mucho más allá de lo imposible y que el orgullo hiere tanto como puede ser herido, mientras Camila nos enseñó a todos el significado del altruismo y la fuerza interior.
Dolió.
Hirió.
Sangró.
Pero seguimos de pie. Más fuertes y más unidos que nunca.
Perdimos a Renato.
Ganamos a Alina.
Mostramos a nuestros enemigos nuestro poder una vez más. Sochi entró en la historia como escenario de una de las batallas más sangrientas entre la Bratva y el Imperio.
Pasado y futuro.
Dos leones disputándose la misma jungla.
Renovamos antiguas alianzas, hicimos algunas nuevas e inesperadas, fuimos testigos de nuevas transformaciones y…
Ganamos.
La chica rusa aprendió lo que siempre había querido recibir, y el consigliere italiano obtuvo lo que jamás había querido conocer.
La mafia italiana estaba en la mira del grupo de exterminio estadounidense. Entendimos que poca protección es negligencia, pero demasiada protección se convierte en desconfianza y puede romper lazos destinados a ser eternos.
Lazos de sangre, amor, amistad y gracia.
Nada más allá de eso.
Solo lazos…
Caímos de rodillas ante la humildad, reconocimos nuestros errores y pedimos perdón, conscientes de que seguiríamos cometiendo errores y…
Juntos.
Somos mafiosi.
Humanos.
Erramos, y también aprendemos.
No se engañen. Somos criminales bien vestidos, elegantes y manipuladores. Matamos, ordenamos matar, corrompemos y dominamos.
Nos gusta el poder, la fuerza y la violencia.
Somos padres, madres, hermanos y amigos, pero no duden ni por un minuto que la bondad o la humanidad hará alguna diferencia en la balanza que equilibra nuestro mundo.
Nunca.
Su mundo es este.
El nuestro es ella.
La mafia.
Solo queremos un bien: el nuestro.
No el suyo.
No el de su familia.
Si algún día tienen el placer de conocernos, no se metan en nuestros negocios. No intenten engañarnos. No esperen compasión si su nombre está en nuestra lista de enemigos. No se dejen engañar por nuestro encanto ni por una sonrisa amistosa, y jamás —jamás— se enamoren.
El amor de un mafioso está destinado a una sola mujer, y les garantizo que todos nosotros ya hemos encontrado nuestros mundos, nuestros sueños, nuestro todo.
Han sido casi diez años de historia, emoción, acción y aprendizaje. Hubo mucho romance, mucha violencia, incontables muertes y nacimientos inolvidables.
La familia creció.
El Imperio se expandió.
Pietro Morozov Rossi aseguraría la continuidad tan soñada en la unificación de las mafias italiana y rusa.
Era seguro.
Garantizado.
Su futuro ya estaba planeado, aunque nadie lo supiera. Habría un acuerdo, un matrimonio arreglado y una unión para asegurar que el dominio continuara unas décadas más.
Pero entonces llegó ella, y…
Todo cambió.
Todo.
Como su madre, Kira Deskova Rossi jamás aceptaría ser solo un personaje secundario en la historia de la nueva generación de mafiosi.
Obviamente no.
Exigiría el papel protagonista.
Sergei ganó su amistad.
Pietro, su amor.
Menudo trío.
Unidos por lazos tan fuertes que deberían haberlos unido para siempre, pero por designio del destino, para que el plan sucediera tal como había sido dispuesto, tendrían que derribar barreras, escalar muros altos, sofocar la emoción, renunciar al deseo, entregar el amor y enfrentar nuevos y crueles enemigos que lucharían hasta que la última gota de sangre hubiera sido derramada.
Unidos por los mismos lazos invisibles que ataron a sus padres, como siempre fue y siempre sería.
Una famiglia.
Todo en nombre de la lucha por el poder para ocupar la posición más alta en la organización criminal más grande del mundo.
Habrá más violencia, más muertes, más romance, más caos y el regreso de cada emoción que solo el Imperio de la Mafia puede darles.
Tengan paciencia. Les garantizo que la espera valdrá la pena.
Palabra de mafioso.
FIN