CAPÍTULO 84
EL INVIERNO SIN brUNA
LEO
El error aparece en el sistema antes de que lleguen huéspedes. Paula lo corrige. Saúl llama a la segunda familia, ofrece alternativa y documenta.
—Bruna no se habría equivocado —dice.
—Bruna se equivocó con los Ortega —recuerdo.
—Una vez en treinta años.
—Y nos trajo a Vera.
Bruna aparece el doce de diciembre con una maleta y exige habitación como huésped. Saúl le pide documento y tarjeta.
—¿No sabes quién soy?
—Sí. El procedimiento sigue aplicando.
Ella lo mira durante una eternidad. Luego sonríe.
—Bien.
Ocupa la 212 y corrige tres fichas desde el sofá. Paula le recuerda su contrato de cinco horas. Bruna responde que como huésped puede opinar gratis.
El hotel ha cambiado de voces. Saúl saluda de otra manera, Paula dirige con calma, Candela ya no necesita pedir aprobación para cada actividad. Echo de menos a mi madre y la recepción antigua, pero no deseo recuperarlas a costa del presente.
Una tarde, Bruna y yo miramos el vestíbulo.
—Ya no te necesita —dice.
—El hotel.
—Sí.
—Me necesita de otra forma.
—¿Y tú?
—Yo necesito menos que me necesite.
Bruna asiente como si aprobara una habitación.
Vera baja con la camiseta «BUEN NO» bajo una chaqueta. Ha prometido usarla una vez en público y parece dispuesta a asesinarme.
—Te queda bien —digo.
—Disfruta tus últimos minutos.
Bruna nos fotografía. La imagen termina en el grupo del personal y después en una campaña sobre reservas responsables. Se venden cuarenta camisetas. Vera exige participación en beneficios.
El invierno sin Bruna no está sin Bruna. Está sin la obligación de que ocupe el mismo puesto para pertenecer.
Cuando se marcha después de Reyes, deja su ficha: «Salida: temporal. Volver a invitar».
Saúl la archiva y añade un recordatorio digital.
Ambos sistemas conviven.