Capítulo 28 #3
La niebla se deshacía lentamente entre los árboles. Un pájaro cruzó sobre la zona abierta y desapareció detrás del cobertizo.
El lugar no parecía reaccionar a ellos.
Eso era lo que más pesaba.
Como si pudiera seguir funcionando sin importar quién lo estuviera mirando.
Reynolds encontró la primera placa junto a una estructura.
Metal pequeño.
Letras grabadas.
Se inclinó desde fuera del límite, sin tocarla.
SUJETO 11
Debajo:
CONTROL
Brooks leyó por encima de su hombro.
—¿Sujeto?
Reynolds siguió mirando las palabras.
—Sí.
—¿Control de qué?
—No tengo ni idea.
Volvió a observar la estructura.
Sol directo. Terreno relativamente despejado. Nada especial alrededor.
Después miró las demás.
Sombra.
Agua.
Vegetación.
Diferencias.
Brooks señaló hacia una segunda fila.
—Hay más.
—Ya lo sé.
—No. Quiero decir más cuerpos.
Reynolds siguió su mirada.
Desde aquella posición apenas podía distinguirse parte de la siguiente zona, pero era suficiente.
—Nos vamos.
Brooks lo miró.
—¿Ahora?
—Ahora.
—¿No quieres contar?
—No.
Reynolds retrocedió exactamente por donde habían venido.
—Quiero que alguien pueda contar después sin tener que explicar nuestras huellas.
Se detuvieron en una ferretería de carretera.
Brooks permaneció dentro del coche mientras Reynolds entraba.
Cuando volvió llevaba una bolsa pequeña.
Brooks la miró.
—No.
Reynolds abrió la puerta.
—Sí.
—Dime que no has comprado un candado.
—He comprado un candado.
—¿Para sustituir el candado que acabamos de romper?
—Ese es el concepto general.
Brooks sacó el nuevo de la bolsa.
Brillaba.
Mucho.
Lo sostuvo entre dos dedos.
—Mark.
—¿Qué?
—Parece que acabamos de comprarlo.
—Porque acabamos de comprarlo.
—Magnífico.
Reynolds arrancó.
Brooks seguía mirando el candado.
—El viejo llevaba ahí veinte años.
—No llevaba veinte años.
—Diez.
—Tampoco.
—Este lleva diez minutos.
Reynolds miró de reojo.
—Haz que parezca menos nuevo.
Brooks giró lentamente la cabeza.
—No quiero saber qué significa esa frase.
Cuando regresaron, colocaron el nuevo.
Brooks retrocedió unos pasos.
—Sigue pareciendo nuevo.
—Está mejor.
—No.
—Kevin.
—Mark, brilla.
Reynolds contempló la cadena envejecida y el candado que intentaba sin éxito parecer parte de ella.
—Vale.
—Gracias.
—No digas nada.
—Jamás.
Reynolds recogió el candado viejo y lo guardó.
Después volvieron al coche.
Desde allí, junto a la carretera, Reynolds llamó a Wallace.
Wallace contestó al segundo tono.
—Dime que el helicóptero ha servido para algo.
Reynolds apoyó la cabeza contra el asiento.
—Ha servido.
—Bien. Porque te has comido aproximadamente tres meses de presupuesto por adelantado.
—¿Tres?
—Reynolds, todavía tengo que justificar ese vuelo.
—Hemos encontrado algo.
—Tú siempre encuentras algo. Esa es la parte cara de tenerte trabajando aquí.
Brooks miró por la ventanilla.
Reynolds continuó:
—Hay una propiedad donde indicaba la vista aérea.
Wallace guardó silencio.
—¿Y?
—Varias estructuras.
—¿De qué tipo?
Reynolds miró a Brooks.
—No lo sé.
—Eso suena prometedor.
—Hay lo que parecen ser restos humanos.
Al otro lado desapareció el tono de broma.
—¿Cuántos?
—Más de uno.
—¿Estás seguro?
—Necesitamos a Keller para confirmarlo.
—¿Habéis entrado?
Reynolds dudó una fracción de segundo.
Brooks cerró los ojos.
—Mark.
—Había una cadena.
—Mark.
—Y un candado.
Wallace no dijo nada.
—Lo hemos sustituido.
Brooks se tapó la cara con una mano.
Wallace habló muy despacio.
—¿Sustituido?
—Le he comprado otro al propietario.
—¿Con dinero del departamento?
—Cuatro dólares.
—No.
—¿No qué?
—El departamento no te paga el candado.
Reynolds miró a Brooks.
Brooks estaba sonriendo.
—Jefe, si esto es lo que creo que es, las últimas dos semanas antes de jubilarse las va a pasar dando ruedas de prensa sobre el mayor caso que ha resuelto su departamento.
Wallace soltó aire.
—No. Las últimas dos semanas voy a pasarlas viendo en televisión cómo dicen que mi departamento gasta dinero en helicópteros mientras mi mujer me pregunta por qué demonios no me jubilé en mayo.
—Entonces confíe en mí.
Otra pausa.
—Ese es otro de mis problemas.
Reynolds esperó.
Wallace habló por fin.
—¿Qué necesitas?
—Orden. Forenses. Personal suficiente para cerrar una propiedad grande. Keller. Fotografía aérea otra vez cuando podamos.
—¿Otra vez helicóptero?
—Más adelante.
—Ni se te ocurra.
Brooks murmuró:
—Eso no ha sonado como un no definitivo.
Reynolds lo hizo callar con la mano.
Wallace continuó:
—Voy para allá.
—Jefe…
—Si hay posibles restos humanos en una propiedad a la que acabas de entrar rompiendo un candado, créeme que voy para allá.
Reynolds sonrió por primera vez desde que había visto la primera estructura.
—Pensé que confiaba en mí.
—Confío en ti.
Pausa.
—Por eso voy.
Reynolds terminó la llamada. Ninguno de los dos arrancó el coche.
Se quedaron junto al acceso, esperando a Wallace y al equipo forense.
Y hasta aquí llega la muestra.