El hijo de la oscuridad (El despertar de Osharan 5)
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Bienvenida
Querido lector:
Bienvenido de nuevo a Muriath. Ha pasado ya un tiempo desde nuestro último encuentro en la cuarta parte de El despertar de Osharan.
En Las cenizas del mundo …
Kishur y Alhanna emprenden un nuevo viaje en compañía de Osharan, lo que propicia un cambio en la relación entre el dárico y la joven, pues ella detesta al Dragón y no desea que el dárico luche en su nombre.
Se dirigen hacia el Vacío para luchar contra los Olvidados, pero en el camino encuentran varios obstáculos que ponen en peligro la misión del actual Guerrero.
Conocen a Rory cuando se alojan en su aldea y la mujer se une a ellos para ir a Sílfhades, donde el dárico pretende tomar un barco.
Mientras pasan la noche en el pueblo, Alhanna pierde por completo el control de su poder de devoradora.
Kishur logra detenerla al usar la Canción de los soñadores, pero sabe que eso no bastará la próxima vez.
Osharan le arrebata a Alhanna casi todo su lanfe para impedir que se destruya a sí misma y ordena a Trivaz que le enseñe el uso de la endomia.
En su intento de protegerla, Kishur acaba por enfrentarse al Dragón y este le muestra quien es en realidad la joven: la reencarnación de la diosa Khaleria.
No será el único que descubra el secreto, pues los dioses, cansados de los misterios que los rodean, acorralan a Trivaz y lo obligan a hablar.
Eltsay se reencuentra con sus compañeros mientras estos luchan contra un grupo de demonios que van a la caza del dárico gris.
También lo persigue el Testigo, que le habla a través de Rory para intentar apartarlo de Osharan.
Cuando el Dragón se entera de todo, le ordena a Kishur ir al lado inmortal para dar muerte a dicho ser.
Es aquí donde el grupo se separa de Rory, quien cae en las garras de Lumiatz cuando esta se da cuenta de que la mujer se ha acostado con Kishur.
El dárico y Alhanna descubren que el Testigo está ayudando a los Olvidados.
El Dragón le da muerte para impedir que siga manipulándolos; sin embargo, el lanfe del Testigo ocupa el cuerpo de su acólito para mantenerse con vida.
Al regresar al lado mortal, lo hacen alejados de Sílfhades, por lo que deben retomar el viaje sin contar con un barco.
En el Páramo de Bal, los Olvidados atacan al dárico gris y el Dragón acude en su ayuda, otorgándole además la protección de tres demonios.
Poco después, Lumiatz, movida por los celos y la cólera, intenta dar muerte a Kishur.
Osharan consigue salvarlo una vez más y el dárico acaba en el mundo de Hagnak solo para descubrir que este murió en el pasado y que su lanfe sigue a la deriva en busca del descanso eterno.
Cuando el dárico se recupera, se da cuenta de que el Dragón ha cambiado partes de su cuerpo, y que ahora puede ver la energía del mundo con su ojo izquierdo.
En ese momento, Lumiatz asesina a Rory frente a Alhanna y esta toma la energía de la Jistar para hacerle frente, lo que hace que acabe de nuevo en el lado inmortal. Su camino y el de Kishur se separan en ese instante.
Mientras tanto, Quiazz se esfuerza por recuperar su vida en la ciudad.
Encuentra una lista elaborada por su padre con los nombres de hijos bastardos de los Nel.
Todos han muerto o desaparecido, menos una chica llamada Oxa.
Quiazz da con ella al mismo tiempo que su relación con Gastor se rompe.
El general pretende convertirse en rey y el joven lo impide postulándose también a la corona.
Con el apoyo del Norte, emprende una lucha por el poder, a pesar de no desearlo.
Debe enfrentar además sus sentimientos hacia Gastor, cada vez más confusos.
Quiazz sufre dos intentos de asesinato, pero es en el primero en el que su vida peligra de verdad cuando una flecha atraviesa su pecho y Gaelos debe acudir a salvarlo.
En ese momento, Quiazz tiene una visión en la que se encuentra en Zahel junto a Alhanna, y ambos comprenden que nada evitará que acaben allí.
Las heridas de Quiazz propician que caigan varios de los monolitos que componen el sello de Zahel. Los zarefíes que aún viven en Falar-Shan deciden iniciar su invasión en tierras de humanos. Su rey, Shaen, desea vengar todas sus desdichas y acabar con el dárico gris.
De vuelta a Marial-Pat, Quiazz acaba por descubrir que ama a Gastor, pero no le resulta fácil acercarse de nuevo a él. Lo hace cuando la guerra con los kalastys es inminente y se entera de que es Lumiatz quien los comanda.
Kishur y los dáricos llegan a Marial-Pat, pero no consiguen coger un barco porque Gastor ha cerrado los accesos.
Los kalastys cercan la ciudad y quedan atrapados allí.
Por si fuera poco, cuando la lucha comienza, los kalastys reciben el apoyo de los dragones grises.
El grupo de Kishur trata de alcanzar uno de los túneles de evacuación, pero se separan de Ghiro y Eltsay.
El joven hajaek muere al salvar a unos humanos de las fauces de un dragón y el anciano queda gravemente herido.
Kishur, por su parte, se enfrenta a Rhiot, el general kalasty, y Drafgaen, líder de los dragones.
Pero Hagnak interrumpe la lucha entre ellos y los arrastra a su mundo, donde le recrimina a Kishur que se haya convertido en el nuevo Guerrero.
Todas las grandes ciudades sufren el ataque de los kalastys y los dragones.
Runna es arrasada por completo, aunque su gente logra salvarse gracias a la evacuación por parte de la comandante Halan.
Sílfhades desaparece junto a toda su población, y tanto Alviat como Fraem-Lab resisten la embestida de sus enemigos con el coste de muchas vidas.
Al mismo tiempo, Alhanna despierta junto al Lashvaeg y conoce a Záfira, uno de los seres Olvidados.
Tiene que pasar por una dura prueba impuesta como castigo por el Dragón, y lo hace para recuperar su lanfe y descubrir que su existencia peligra si no acude a Zahel.
Osharan la conduce junto al portador de muerte, por lo que la joven llega a la ciudad en medio de la batalla.
Los dragones asolan Marial-Pat con su fuego blanco.
Junto a Quiazz, tiene un extraño encuentro con varios dragones grises que desean sacarla de allí para ponerla a salvo.
De inmediato, la joven siente una fuerte conexión con ellos.
Observa con estupor la irrupción de Osharan bajo su verdadera forma y cómo arrasa con las criaturas grises.
Alhanna vuela a lomos de uno de ellos para impedirlo, y consigue tomar el lanfe de todos los dragones y encerrarlos en su interior para evitar que Osharan destruya su existencia.
Sin más presas a las que aniquilar, Osharan se dirige a los acantilados en busca de Lumiatz y sus hermanos.
El Dragón Negro se enfrenta a los dioses en una cruenta batalla, mientras Alhanna recibe la visita de Jaeglar, el antiguo maestro de Kishur.
El Olvidado le cuenta la verdad sobre Raehlan y de como Osharan lo creó a partir del lanfe y los huesos de Hagnak con la intención de devolverle la vida a su hijo.
El descubrimiento enfurece a Alhanna, quien usa todo su poder para interponerse entre Osharan y los dioses, logrando parar la lucha.
Alhanna despierta junto a Quiazz, rodeada de heridos y una ciudad en ruinas.
La presentan como la salvadora, lo que disgusta a la joven.
Cuando se encuentra con Kishur, es arrastrada al mundo de Hagnak.
El antiguo Juez le pide de forma indirecta que mate al dárico para recuperar su lanfe, por lo que ella se horroriza.
Una vez de vuelta, se enfrenta a Kishur y le asegura que luchará en el Vacío como aliada de los Olvidados, dando pie a que el dárico se convierta en su enemigo.