Capítulo 7 #4
—No creo que el tío Tavish vaya a seducir a Ailsa ahora.
Lachlan dejó la taza sobre la mesa con más fuerza de la que pretendía y cruzó la mirada con su hija menor.
—¿A qué te refieres... seducir?
Ailsa se cubrió la cara con las manos. Aquella palabra humillante otra vez.
—Lo que ha dicho mamá.
Bonny miró a Brenna y entonces ambas dijeron al mismo tiempo:
—Se besan.
De repente, su hermano Braeden soltó un fuerte gemido. Tenía el brazo sobre la mesa, sosteniéndose la cabeza como si pesara cincuenta kilos.
—¿Estáis hablando de besos otra vez? Eso es de lo único de lo que hablan las chicas.
—¡No es verdad! —protestó Brenna.
Braeden puso los ojos en blanco.
—Bueno, si mamá de verdad no quería que ganara el tío Tavish, debería haber dejado que se besaran. Una vez que eso pasa, ya nadie le quiere.
Todos lo miraron fijamente por un momento. Él se encogió de hombros.
—Es verdad.
—¡Vosotros tres! —gritó Lachlan, llamando la atención de sus hijos—. Id a prepararos para ir a la cama mientras voy a buscar a vuestra madre.
Al oír el tono severo, el trío se levantó de un salto de sus asientos y salió corriendo de la habitación. Lachlan se puso entonces de pie, echó la silla hacia atrás con las rodillas y murmuró:
—Debí de estar loco para querer ampliar esta prole.
Al pasar junto al asiento de Ruairí, se detuvo.
—Más te vale que encuentres a Tavish y tú —dijo, señalando a Ailsa—, ten cuidado.
Luego, al darse cuenta de que ya había pasado por esto cuatro veces con sus otros hermanos, añadió:
—Aunque probablemente debería estar advirtiendo a Tavish y no a ti.
Lachlan cerró la puerta del solárium con un golpe seco a sus espaldas, reconfortado al ver que Annora ya estaba en sus aposentos y casi lista para acostarse.
Cada uno tenía una habitación para vestirse y otra para reuniones privadas, pero el solárium —la habitación más alta de la Torre Estelar— era donde el terrateniente Kincaid había dormido en el castillo desde que se construyó.
Y allí era donde abrazaba a Annora por la noche, independientemente de los acontecimientos y las peleas del día, siempre que estuvieran en casa.
Annora le sonrió, pero siguió cepillándose el pelo.
A Lachlan le encantaba cuando lo llevaba suelto, libre de trenzas, horquillas y cintas.
El fuego reflejaba los destellos color fresa, haciendo que los mechones de oro pálido brillaran con cada cepillada.
Era suficiente para que quisiera olvidarse de la cena y de la conversación que les esperaba, e ir a reclamarla con un beso que condujera a actividades que no necesitaban palabras.
Y quizá lo hubiera hecho si Annora no llevara puesta su bata.
Aquella bata se había convertido, desde el principio de su matrimonio, en una señal de que ella quería que hablaran antes de acostarse.
Y aquella noche era una de las raras ocasiones en las que él no iba a intentar persuadirla para que pensara en otras cosas más carnales.
—¿Cómo te encuentras? —preguntó Lachlan antes de inclinarse para darle a Annora un beso suave, pero cariñoso, en la mejilla.
—Sorprendentemente bien.
Annora dejó el cepillo sobre la mesa y se giró para darle un beso más apasionado.
Lachlan accedió y reclamó la boca de Annora, entrelazando su lengua con la de ella mientras le sujetaba la nuca, manteniéndola inmóvil.
Besarla nunca le cansaba y nunca dejaba de hacerle desear al instante su cuerpo.
Y sabía que Annora sentía lo mismo al sucumbir a su abrazo.
Ella rodeó con sus brazos su cuello y dejó que su lengua explorara el calor de su boca, gimiendo mientras él profundizaba el beso.
Se aferraron el uno al otro durante varios minutos antes de que Lachlan se apartara lentamente.
—Diría que sí que te encuentras bien.
—Llevo días sin estar enferma y por fin estoy recuperando la energía. Hagatha cree que lo peor ya ha pasado.
Lachlan le dio un beso rápido en la nariz antes de separarse para desvestirse.
Era temprano y no tenía ni pizca de sueño.
Tampoco su esposa, al parecer. Cerró la puerta con llave para asegurarse de que no les interrumpieran y luego comenzó a desabrocharse el cinturón, con la esperanza de que aquella conversación fuera aún más rápida de lo que había planeado.
—Bueno, la cena —la incitó él—. ¿Qué fue todo ese sinsentido? ¿Tenían razón Brenna y Bonny sobre Tavish, Ailsa y todo eso de engañar al otro?
Annora se levantó y se dirigió a su lado de la cama.
—Como no estaba allí, no puedo decirlo con certeza, pero tenemos unas hijas muy inteligentes, así que probablemente puedas dar por hecho que lo que te contaron era cierto.
Una vez desabrochado el cinturón, Lachlan agarró su kilt suelto y lo lanzó de modo que quedara colgado sobre una silla junto a la chimenea.
—Entonces, el objetivo de esta noche era entrometerse en lo que pudiera estar surgiendo entre Tavish y Ailsa.
Annora se dispuso a tirar de la manta para bajarla y se detuvo.
—¿Te has dado cuenta?
—¿De que te entrometes?
Él levantó la vista y le dedicó una sonrisa pícara.
—Sí. Me he dado cuenta.
Annora sintió la tentación de lanzarle una almohada, pero se ajustó el cinturón de la bata.
—Me refería a lo de Tavish y Ailsa.
Lachlan se acercó a la cama.
—Los hombres no hablamos solo de armas y de la guerra. A veces nos tomamos un tiempo para hablar de los misterios de las mujeres —comentó con un guiño pícaro mientras se metía bajo las sábanas.
Se recostó contra el cabecero y dio un golpecito a la manta a su lado.
—Ronan me ha dicho que Tavish ha pasado muchas tardes con Ailsa y, según sus espías, no se han peleado ni una sola vez, al menos hasta esta mañana.
Annora frunció el ceño mientras se quitaba la bata para meterse en la cama junto a Lachlan.
—¿Los espías de Ronan? —preguntó, apoyando la mejilla en el pecho de su marido—. Parece que mucha gente se ha interesado por esos dos.
—Ronan y yo no estábamos tan interesados, sino más bien recelosos.
Se dice que el padre de Ailsa no es solo un comerciante, sino que, según Niall, es un hombre muy rico y respetado en las Tierras Bajas.
Puede que no tenga un ejército, pero no le convendría verse envuelto en una situación complicada.
Aunque quiero a Tavish, sus relaciones pasadas con las mujeres nunca han acabado bien.
—No, es verdad —asintió Annora, jugando con el vello de su pecho.
—Y, sin embargo, la primera mujer con la que Tavish no solo se lleva bien, sino a la que respeta, no te gusta.
Annora se incorporó ante la acusación y miró a los ojos gris ahumado de Lachlan.
—Eso no es cierto. Ailsa me cae muy bien.
—Entonces, ¿por qué no haces lo que siempre haces? —preguntó él, acariciándole suavemente la mejilla—. Entrometerte en sus asuntos y hacer de casamentera, en lugar de lo contrario.
Annora soltó un suave hm y volvió a tumbarse.
—Ahora mismo, lo último que necesitan esos dos es una casamentera.
—¿Entonces es que no crees que mi hermano sea lo suficientemente bueno para Ailsa?
Annora soltó un suspiro.
—No diría eso exactamente.
—Entonces, ¿qué dirías exactamente?
Annora le dio un golpecito juguetón.
—Lo haces sonar siniestro cuando es justo lo contrario. Esos dos iban por un camino que les llevaría al desamor. Necesitaban a alguien que les impidiera cometer un error duradero.
—¿Por qué sería un error? Ailsa debe de ser muy inteligente, pues no puedo imaginar que pasara voluntariamente horas con alguien que fuera simplemente guapo.
Y, por algún milagro, se llevan bien. Con la excepción de Bonny, a Tavish no le gusta demasiado tu género, amor mío. Incluso tú le sacas de quicio a veces.
Annora soltó un suave resoplido.
—A mí también me saca de quicio.
—A eso me refiero. Ambos buscaban la compañía del otro una y otra vez.
Y creo que Ailsa es buena para Tavish. No recuerdo la última vez que le oí quejarse de las penurias de tener que lidiar con sirvientes tediosos, mujeres del clan sin ingenio o soldados ignorantes.
Y esta mañana —continuó Lachlan, dándole un golpecito en el brazo para enfatizar su argumento— de hecho le respondió en lugar de marcharse.
Y por lo que he oído, Ailsa no se asustó en absoluto cuando él empezó a gritar.
Al parecer, ella le gritó también. Ya sabes lo que pasa cuando las parejas se pelean así, amor.
Annora empezó a dibujar círculos lentamente, olvidando a lo que eso siempre conducía.
—Se reconcilian, pero Tavish y Ailsa no son pareja. Y lo que es más, no se ven como pareja, ni ahora ni en el futuro. Y puede que tú y yo hayamos negado expresar nuestros sentimientos en voz alta, pero en el fondo los dos queríamos estar juntos casi desde el momento en que nos conocimos.
—Habría pensado que pasar más tiempo juntos arreglaría eso. No que provocara una pelea.
—Ailsa es joven e inexperta, y Tavish lleva tanto tiempo centrado en una sola cosa: marcharse.
Respiró hondo y suspiró una vez más.
—Ambos creen ver su futuro con claridad, y ninguno ha considerado incluir al otro en él. Y no me cabe duda de que Ailsa saldrá herida si se enamora de él primero.
Lachlan se apartó y esperó a que Annora ladease la cabeza para mirarlo.
—¿Primero?
Annora asintió.
—No sé si están destinados el uno para el otro, al menos no como tus hermanos.
Pero sí sé que si no hubiera frenado sus estúpidos planes de engañar al otro antes de que realmente empezaran, no tendrían ninguno.
Ninguno de los dos sabe lo que quiere en lo que respecta al amor.
Nunca se han planteado la idea de enamorarse y, ahora que han conocido a alguien que podría ser, de hecho, su alma gemela, ninguno parece darse cuenta de que quizá tengan que cambiar su visión del futuro, y mucho menos estar dispuestos a hacerlo.
—¿Cómo lo sabes? Quizá, si tuvieran más tiempo juntos, lo harían. A mí me costó tiempo adaptarme, igual que a Niall, y mira a Kennan. Recuerda que se resistió a Meriel durante bastante tiempo.
—Y ahora mira quién está intentando hacer de casamentera.
Lachlan no lo negó.