Capítulo 7
A nnora estaba fuera del gran salón junto a Hagatha y Aileen, mirando a la pareja que discutía y causaba todo el alboroto en el patio.
Desde que se había puesto tan enferma por el embarazo, se había convertido en un ritual matutino que Hagatha y Aileen la visitaran.
Ahora que ya podía comer de nuevo, casi todas las mañanas se reunían en el gran salón.
Annora había intentado animar a Hagatha a que regresara a su casa, sabiendo que a su cascarrabias amiga no le gustaba el ajetreo de la vida en el castillo y prefería su soledad, pero la vieja comadrona se había plantado.
Se quedaría hasta que naciera el bebé, y nada iba a convencerla de lo contrario.
Annora tuvo aún menos suerte a la hora de conseguir que su mejor amiga, Aileen, se mantuviera alejada.
Ni siquiera su marido, Ronan, que era el comandante de la guardia de élite de Lachlan, le ayudaba, alegando que su esposa sabía lo que quería y que él prefería tener todas sus extremidades en su sitio y en perfecto estado de funcionamiento.
Y aunque Aileen había sido una bendición durante lo peor de sus náuseas matutinas, Annora sabía que debía de ser duro para ella.
Durante años, las dos habían tenido tantas cosas en común, pero su incapacidad para tener otro hijo las había unido aún más.
Mientras Annora y Lachlan habían intentado repetidamente que ella quedara embarazada, Aileen no había tenido esa dificultad.
Su experiencia había sido mucho más dolorosa, ya que nunca llegaba a término.
Poco después de darse cuenta de que estaba embarazada, Aileen perdía al bebé.
Y cada vez, su amiga sufría otra desilusión por la devastadora pérdida de un hijo.
Era algo de lo que rara vez hablaban, pero cada una entendía el deseo de la otra de tener otro bebé y la dolorosa tristeza de su ausencia.
Y entonces Annora había descubierto que estaba embarazada.
Sabía que era duro para su amiga, pero Aileen se negaba a hablar del tema. Simplemente esbozaba una sonrisa que Annora sabía que era sincera, pero que también enmascaraba el dolor de los celos. Lo sabía porque así es como se habría sentido ella.
Hagatha se acercó un paso a Annora y le susurró:
—¿De qué están hablando esos dos?
Annora frunció los labios y negó con la cabeza.
Normalmente estaba mucho más al tanto de las actividades y las relaciones personales en el castillo, y eso incluía sin duda a Tavish.
Porque cuando él se interesaba por una mujer, nunca acababa bien.
Aquel día le recordaba a aquellos tiempos, pero mientras que antes todas las emociones y los arrebatos procedían únicamente de quienquiera que Tavish hubiera herido, hoy no había sido así.
El murmullo de la gente que comenzaba con su día a día había vuelto rápidamente, pero hacía solo unos minutos el patio se había llenado de un torbellino de emociones intensas.
La ira, la pasión y la química entre Tavish y Ailsa eran inconfundibles.
Annora no se sorprendió.
Los había observado durante la cena en las últimas semanas.
Ambos habían sido excesivamente amables, lo que Annora sabía que era señal de que entre ellos había más de lo que parecía.
Luego estaban las salidas de la tarde. Sospechosa, Annora había enviado espías para vigilarlos durante la primera semana, para ver si debía intervenir y proteger a la joven.
Pero habían regresado cada vez asegurándole que Ailsa y Tavish parecían ser solo amigos.
Ella le estaba enseñando a dibujar, y no estaba pasando nada inapropiado entre ellos.
Cuando Annora se enteró de que Sloan había invitado a Ailsa a un picnic, se preguntó si se habría equivocado al suponer que Ailsa y Tavish se sentían atraídos el uno por el otro.
Pero al observar ahora a Tavish y Ailsa, Annora supo que su valoración inicial había sido acertada.
Sus sentimientos iban mucho más allá de la amistad.
—Ya tengo una Annora en mi vida. No necesito dos.
La airada declaración de Tavish fue escuchada por todos.
—Estoy segura de que lo dijo como un cumplido —comentó Aileen, conteniendo una sonrisa.
Annora hizo caso omiso del insulto, pues ni siquiera Lachlan quería tener dos mujeres como ella, y su marido la amaba más que nadie.
—Lo que más me interesa es lo que pasó antes.
Hagatha asintió.
—Sí. Todas esas tonterías sobre besarse. Amigos, y una mierda.
Annora observó cómo Tavish hacía un último comentario, daba media vuelta y se dirigía a sus aposentos en la Torre Norte. Inmediatamente, el hijo de Aileen, Gideon, y el de Annora, Braeden, empezaron a saltar arriba y abajo, gritando y vitoreando de alegría.
—Te lo dije —gritó Gideon con una sonrisa triunfante mientras se apartaba el pelo oscuro de la frente—. Seguro que hoy se pelearían después de que Ailsa saliera con Sloan.
Al ver el brillo en los ojos color avellana de su hijo, Aileen preguntó:
—¿Por qué estás tan contento?
—Acabamos de ganar la apuesta —respondió Braeden en nombre de su amigo—. Y más le vale a Gilroy no pensar que no nos debe nada. La ganamos limpiamente y él perdió.
Gideon hizo un gesto con la mano.
—Venga. Será mejor que vayamos a buscarlo antes de que de repente se olvide de nuestro trato.
Brenna agarró a Bonny.
—¡Nosotras también deberíamos ir!
Annora extendió la mano y agarró con firmeza a ambas hijas por los hombros.
—Primero, ¿por qué no me contáis de qué iba todo eso?
Bonny se encogió de hombros.
—No sé en qué consistía su apuesta con Gilroy —contestó inocentemente, fingiendo no saber a qué se refería su madre.
—¿Brenna?
La niña de diez años suspiró, pues sabía que intentar ocultarle un secreto a su madre era inútil.
—Ruairí le dijo a Tavish que intentara seducir a Ailsa para que le gustara y así poder quedarse con su papel de cáñamo.
Él finge no saber nada del papel, pero no sabe que Ailsa le pilló mirándolo.
Así que ella está fingiendo dejar que intente seducirla para engañarlo y hacerle creer que lo que está haciendo funciona.
Luego, ella y Maegan van a darles a él y a Ruairí una lección vergonzosa, pero aún no saben cuál será.
Aileen desvió la mirada de Brenna hacia Annora.
—¿Has entendido algo de eso?
Annora negó ligeramente con la cabeza.
—Ni de lejos.
Luego, dirigiéndose a Bonny y Brenna, añadió:
—Las dos. Volved al salón. Creo que tenéis que contarme todo lo que ha estado pasando.
Aileen observaba asombrada mientras Brenna explicaba todo lo que sabía sobre Tavish y Ailsa. Una vez más, era asombroso lo mucho que sabía la niña. Aileen se inclinó y le susurró a Hagatha:
—Me pregunto si Brenna conoce detalles sobre todo el mundo, incluido Ronan.
Brenna interrumpió su explicación sobre Tavish y Ailsa a mitad de frase.
—El comandante Ronan es aburrido. Hace lo mismo todos los días.
Aileen sonrió, aliviada, pero solo por un segundo, porque Brenna siguió hablando.
—Le molesta mucho que la gente llegue tarde y al menos una persona ha llegado tarde al entrenamiento matutino todos los días de esta semana.
Así que, cuando Donnan volvió a llegar tarde ayer, el comandante Ronan les gritó durante mucho tiempo.
Sé cuándo está gritando porque su voz se vuelve más suave, no más fuerte.
Y nunca sonríe. Da un poco de miedo. Sloan debió de pensar lo mismo, porque le dijo a Ruairí que el comandante había olvidado cómo sonreír hacía mucho tiempo y que, si no tenía cuidado, Ruairí acabaría siendo igual que él.
Brenna hizo una pausa y le sonrió a Aileen.
—Hace un tiempo, oí al comandante Ronan contárselo a papá. Decía que lo único que le hacía querer sonreír eras tú y que, como nunca estabas en los campos de entrenamiento, los hombres tendrían que conformarse con su expresión tal y como era.
Aileen se quedó allí sentada, sintiendo cómo se le caía la mandíbula poco a poco.
Su marido no era de los que expresaban sus sentimientos hacia ella.
Sabía que Ronan la amaba, pero lo demostraba más con sus acciones que con sus palabras.
Lo que Brenna acababa de contarle le había llegado al alma.
Estaba deseando que Ronan llegara a casa esa noche, porque el hombre iba a tener mucha suerte.
—Pero, aparte de eso, el comandante Ronan no habla mucho. Incluso las cosas que le cuenta a papá son aburridas.
Annora chasqueó la lengua.
—Creía que le habías prometido a tu padre que dejarías de escuchar sus conversaciones.
—¡Lo he hecho! —protestó Brenna con vehemencia, enderezándose en la silla para enfatizar su afirmación—. ¡No puedo evitar estar ya allí escuchando a otras personas cuando él entra!
Annora se mordió la lengua. No podía sermonear a su hija sobre los males de escuchar a escondidas justo cuando le estaba pidiendo a Brenna que revelara todo lo que sabía gracias a ese mismo acto.
—¿Y eso es todo lo que sabes sobre Tavish y Ailsa?
Brenna negó con la cabeza y luego retomó el relato donde lo había dejado, con Ailsa, ella y Maegan escuchando mientras Tavish y Ruairí colocaban las estanterías.
—Y bueno —continuó con un largo suspiro, indicando que casi había terminado—, aunque pueda parecer algo malo que intenten engañarse el uno al otro, no lo es. Porque cuanto más tiempo pasen juntos Ailsa y Tavish, más posibilidades tienen de enamorarse.
A Annora no le sorprendió que el corazón y la mente románticos de su hija esperaran algo así. Golpeando con el dedo la mesita junto a su sillón de la chimenea, le preguntó a Bonny:
—¿Y tú qué opinas?
Su hija menor solo tenía siete años y aún era muy ingenua en cuanto a las costumbres de hombres y mujeres y, sin embargo, a veces eso permitía que su aguda mente viera las cosas con más claridad que la mayoría de los adultos.
Pensar que Bonny no entendía a las personas y las situaciones debido a su juventud era un error que muchos cometían. Pero Annora no era una de ellos.
Bonny se retorció en el gran sillón.
Habían decidido no sentarse a la mesa, sino en el semicírculo de sillas dispuestas alrededor de la gran chimenea principal.